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METZ – II

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El segundo álbum siempre marca un precedente para la historia de una banda, ya que es aquí donde pueden reafirmar su sonido, o bien encaminarse hacia nuevos estilos. Esto último, claramente no es lo que le sucedió a METZ con la publicación de su segundo LP, “II”, que sucede al homónimo “METZ” (2012), donde los canadienses apelaron a un manifiesto de etiqueta notoriamente post-punk, el cual dejó a la crítica y a los fans expectantes por un nuevo trabajo. Siguiendo esta premisa, el nuevo álbum del trío entrega una sucesión de canciones con un sonido controlado por la distorsión, muy en la línea de aquel “ruido orquestado” que hizo populares a muchas bandas en la década de los 90.

METZ 01El bajo de Chris Slorach da un comienzo lleno de potencia en “Acetate”, canción que abre el álbum con una tónica bastante post-punk y unos acordes en plan noise que son una verdadera patada sonora en el cráneo. Alex Edkins, encargado de la guitarra y voz del conjunto, pone sobre la mesa de inmediato la influencia vocal de Joe Strummer y John Lydon, elemento que ya había estado presente en el anterior álbum de los oriundos de Toronto. Sin pausa alguna, la distorsión de la guitarra sirve como puente para “The Swimmer”, donde la batería se encarga de marcar el ritmo durante su breve duración. Por un momento pareciera sonar como una canción de los Sex Pistols en pleno siglo XXI, puesto que la potencia sonora y actitud punk de Edkins se entremezcla perfectamente con los agresivos redobles de Hayden Menzies, encargado de las baquetas. Es él precisamente el que no da tregua para iniciar “Spit You Out”, más pausada que las anteriores, pero igual de potente que el resto del álbum. La cuota de desesperación agregada por Edkins en este track deja entrever muchas de las influencias de la banda; está más que claro que, bajo el alero de Sub Pop Records, se han mantenido en un sonido que recoge elementos de las más famosas bandas que han pasado por el sello.

“Zzyzx” no es más que un interludio de ruido que sirve como antesala a “I.O.U.”, otra descarga de agresividad y ruido. Apelando a la objetividad, se hace un poco cansino el ritmo del álbum en esta canción: pareciera ser casi idéntica a las anteriores, aunque si puede defenderse en algo, es en el bestial ritmo de la batería, con un Menzies mostrándose notablemente más acelerado que en otros tracks. Tal como toda la obra, “Landfill” llega sin previo aviso, con 2:42 minutos  de pura actitud punk, al igual que “Nervous System”, con liricas llenas de odio y con una instrumentalización en el plan desesperado del grunge. La batería nuevamente destaca, con una pequeña sección casi al final de la canción.

METZ 02Edkins y su guitarra dan comienzo a “Wait In Line”, para ir adentrándose en la parte conclusiva del álbum, con esas reminiscencias del “ruido orquestado” con que alguna vez Sonic Youth introdujo la distorsión en la escena independiente. Otra descarga de furia se presenta en “Eyes Peeled”, track con guitarras saturadas y la desgarradora entonación vocal de Edkins, con el combo final, “Kicking A Can Of Worms”, que entrega el cierre en este viaje sonoro de ruido, desesperación, furia y distorsión.

Está claro que METZ no descubrió la pólvora con el sonido de este álbum, ni mucho menos le dio un giro a lo que hicieron en su primer larga duración. Lo logrado en este disco es la demostración del revival que está teniendo el noise y el post-punk últimamente, ejemplos de bandas como Savages o Viet Cong pueden dar muestra de ello y METZ logra, en cierta forma, ratificarlo. Aunque se van un poco más por la vereda del grunge, los canadienses supieron tomar las influencias de Nirvana, Dinosaur Jr. o Melvins, y transformarlas en un estilo adaptado a los nuevos tiempos, donde pareciera que el sonido de los 90 vuelve a tomar protagonismo.

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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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