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Metallica – “Hardwired… To Self-Destruct”

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Nunca antes había pasado tanto tiempo entre dos álbumes de Metallica, por lo que las expectativas para su décimo LP eran bastante altas, aunque no faltaba el amplio grupo de detractores que no esperaba nada relevante por parte del cuarteto. Ya son ocho años desde que Hetfield y los suyos lanzaron “Death Magnetic” (2008), cuya música no dejó contento a todo el mundo, con fans que argumentaban una y otra vez que “Metallica no era el mismo” o “ahora son una banda de pop”, entre tantas otras acusaciones por parte de la comunidad amante del metal. “Hardwired… To Self-Destruct” se decidió a regresar hacia el pasado, buscando ese sonido que Metallica parece haber perdido, e intentando dejar en claro que aún siguen vigentes, pese a lo que digan los críticos de su música.

metallica-01La patada inicial se produce con “Hardwired”, canción de corte thrash metal, poniendo en evidencia que la banda busca ese sonido perdido, pero dejando la sensación de que algo falta. Con “Atlas, Rise!”, por ejemplo, tratan de emular las guitarras “caóticas” que están presentes en álbumes como “…And Justice For All” (1988) o “Master Of Puppets” (1986), pero sin tener claro cómo ejecutar una idea que en el papel parece muy sencilla. Algo falta, y nadie puede figurar qué puede ser. Tal vez suene a sacrilegio, pero “Now That We’re Dead” deja un sabor a Megadeth, con guitarras punzantes, letras destructivas y un sonido “rejuvenecido” por parte de Kirk Hammet y James Hetlfield, principalmente.

“Moth Into Flame” le da dirección a un álbum que a ratos tambalea, pero que se logra afianzar por fin en un track que nos recuerda al Metallica más clásico, con Lars Ulrich manejándose mejor que en vivo y el bajo de Robert Trujillo galopando con furia tras los sólidos riffs de Hetfield. Cabe destacar que en este disco es la primera vez donde Kirk Hammet no participó en la composición, aún así, los solos del legendario guitarrista suenan fuertes y claros en cada canción, lo que queda ejemplificado en “Dream No More” o “Halo On Fire”, esta última con un sonido más cercano al hard rock que al metal, aunque sin perder los lineamientos de la banda en cuanto a estructura.

metallica-02A la hora de llegar a “Confusion”, la banda vuelve a intentar ese ejercicio de rescatar el sonido antiguo, consiguiéndolo en cierta manera con un recuerdo al conocido disco negro lanzado en 1991. “ManUNkind” con su riff apocalíptico nos advierte del destino de la humanidad, en el siempre especial estilo de Metallica. “Here Comes Revenge” se alza como una de las composiciones más completas del álbum, con un pegajoso riff por parte de Hammet, así como un bajo palpitante por Trujillo, lo que sumado a la batería de Lars y el gran trabajo vocal de James, entregan una de las canciones más sólidas y consistentes del LP.

Existe un contraste a lo presentando anteriormente en el álbum en comparación con el track “Am I Savage?”, que si bien está compuesto de notables solos y un hilo conductor netamente enfocado en la guitarra, cuesta un par de escuchas para que tome fuerza. El inmortal Lemmy Kilmister, fallecido líder de Motörhead, tiene su merecido homenaje en “Murder One”, la que guarda cierta similitud al estilo del extinto power trio, con la icónica frase “born to lose, live to win” como premisa general en su letra, la cual hace alusión a canciones como “Iron Horse” y “Born To Lose”, entre otras.

metallica-03En el cierre, toda la potencia de la banda se condensa en lo que es “Spit Out The Bone”, con una batería de ritmo acelerado tal como si fueran los estruendosos disparos de una metralleta, logrando, por fin, llegar a la cúspide de ese sonido que estuvieron buscando por casi todo el álbum. Los potentes riffs, que si bien nunca serán tan buenos como los de “Kill’Em All” (1983), cumplen un trabajo excepcional en una canción que funciona como el cierre perfecto a la obra.

Con tan solo unos días de existencia, el disco ya ha sido un tanto vapuleado por los detractores de la banda. Lo cierto es que, pese a aquellas críticas, Metallica logra un álbum que termina siendo mucho mejor de lo que se podía esperar. Sí, es cierto, costó que pudieran afirmar el sonido antiguo que se busca a lo largo de todas las canciones, pero en líneas generales se cumple con entregar algo mucho más potente y directo en comparación a lo que nos tenían acostumbrados desde hace ya tantos años. Mientras tanto, el disco mantendrá la atención que conlleva sus primeros días de existencia. Si llegara a formar parte de los clásicos de la banda sería un enorme logro, considerando que ya han pasado varios años desde que nos sorprendieron (positivamente) con un trabajo discográfico. Que “Hardwired… To Self-Destruct” llegue a trascender o no dentro de la discografía de Metallica, sólo el tiempo lo dirá.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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