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Mastodon – “Emperor Of Sand”

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Vivimos en un mundo donde las atrocidades son habituales, donde la devastación de la guerra, el miedo al terrorismo y los desastres climáticos se han instalado como tema obligado. Sin embargo, hay un fenómeno que es quizás más desgarrador, dado que se encuentra mucho más cercano a nuestras realidades: el cáncer. Es precisamente esto lo que intenta reflejar el nuevo disco de Mastodon, que aborda de forma conceptual la agonía y la ira producida por la impotencia de ver a los seres queridos asolados por esta cruel enfermedad, representado por el Emperador de las Arenas. Inspirados por la propia experiencia de los integrantes, riffs caóticos y letras profundas encarnan el concepto tras “Emperor Of Sand”, séptimo álbum de la banda que combina la potencia del trash metal con el tecnicismo del rock progresivo.

Es un campaneo el que llama nuestra atención en primera instancia para abrir paso a “Sultan’s Curse”, tema que, junto a una letra desoladora, emana la brutalidad a la que el grupo nos tienen más que acostumbrados. Por su parte, “Show Yourself” muestra la faceta menos dura de la banda o, como ellos mismos señalan, “la apuesta pop” que han desarrollado en los últimos años, la que protagoniza el baterista Brann Dailor en voz. Tras este paréntesis sonoro, volvemos a reencontrarnos con un metal más potente en “Precious Stones”, donde podemos dar con elementos clásicos del sonido de Mastodon, como la batería furibunda y las elaboradas armonías de guitarra. Luego, “Steambreather” posee un sonido duro y profundo, pero con tempo pasivo que acelera en los coros de forma sagaz. Acá volvemos a apreciar un elemento que destaca particularmente en este disco: el mayor protagonismo vocal de Dailor.

Avanzando en el álbum, “Roots Remain” revive elementos progresivos de la década pasada, en donde Troy Sanders retoma la batuta en voz. El solo final de Bill Kelliher es el remate perfecto, al que se acoplan arreglos de piano que tributan a David Bowie, otra víctima del cáncer. Por su parte, “Word To The Wise”, con un sonido más bruto, es quizás el mejor ejemplo del esfuerzo por potenciar las tres voces de la banda, como es tónica en todo el disco, y paralelamente la destreza de Kelliher y Brent Hinds en guitarras queda expuesta en dos potentes solos y figuras melódicas. A esto le sigue “Ancient Kingdom”, que de riff potente y veloz, es quizás el corte con mejor trabajo en redobles de batería y que, pese a que por momentos parece una pista sacada del disco “Once More ‘Round The Sun” (2014), conserva elementos clásicos como el bestial solo de guitarra.

“Clandestiny” contiene una agresividad que nos remonta a discos de la etapa más barbárica del grupo, sin embargo, lo que lo hace un tema mucho más interesante es el uso de sintetizadores, elemento extraño en su discografía. Siguiendo esta misma línea más clásica, “Andromeda” habla directamente de la desesperante lucha en contra del tiempo y la muerte. Si bien, esta última incluye elementos del Mastodon más moderno, cierra demoníacamente con un sonido que recuerda al disco “Remission” (2002). Tras esto, una guitarra acústica con tintes alucinógenos intenta desconcertarnos; esfuerzo inútil, pues la llegada de “Scorpion Breath” es bestialidad pura. Acá, el liderato vocal recae en Brent Hinds, lo que lo hace uno de los cortes más demoledores del larga duración. Todo concluye en el canto retrospectivo de “Jaguar God”, que comienza como una balada acústica para luego subir paulatinamente en intensidad, hasta finalizar en una demostración clara de sanguinario y oscuro metal. En sumatoria, una diversidad de escenarios en este último track son la mejor muestra del porqué se les ha tildado constantemente como una banda de metal progresivo.

Transmitir sensibilidades tan profundas de forma agresiva no es tarea fácil, pero el cuarteto norteamericano lo logra con creces en esta última entrega. En cuanto a estética, el disco es una clara demostración de que la banda intentó retomar la sonoridad de los tres primeros discos sin dejar de lado la influencia de los últimos trabajos. Pasajes infernales, con rastrojos de tétrica psicodelia, abundante destreza técnica con esa típica influencia del trash metal y coros pegajosos son la evidencia de esto, siendo amalgama concisa y suficiente para comprender por qué Mastodon es una de las más grandes bandas modernas dentro de las infinitas arenas de ese imperio llamado heavy metal.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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