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Marilyn Manson – The Pale Emperor

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Marilyn Manson ha construido su enorme carrera no sólo en razón de una base musical, sino además sobre la construcción del personaje. En efecto, cuando hablamos de Manson, no nos referimos simplemente a una mera propuesta visual que apoya lo musical, sino que derechamente a la edificación consciente por parte de su cantante, Brian Hugh Warner, de un ente semi-ficticio que intenta provocar a la audiencia con sus videos, sus entrevistas y sus variopintos proyectos que han llegado a escandalizar a gran parte de grupos conservadores de la sociedad, los que de paso han llamado la atención de fans que se han dejado seducir por su oferta pensadamente anticristiana, gore y sexualmente explícita. Cómo no recordar las controversias generadas por los aclamados “Antichrist Superstar” (1996) y “Mechanical Animals” (1998), el primero por su tinte antirreligioso y el segundo por su conceptualización andrógina.

MARILYN MANSON 02No obstante lo anterior, no siempre ambos aspectos de Manson han tenido el mismo éxito. Ya desde el año 2003, con la edición de “The Golden Age Of Grotesque”, se produce una disociación entre lo estético (cada vez más bizarro y a la vez lúcido) y lo musical, que levemente cae en comparación a lo mostrado en la década anterior. Esto llega a su punto más bajo el año 2009 con el álbum “The High End Of Low”, considerado como un fracaso por parte de su ex sello Interscope, lo que les valió su salida del mismo.

Es por eso que en la actualidad cada disco de Manson presenta un interés particular, pues siempre surgirá la pregunta de si su obra plástica, deliberadamente bizarra, seguirá imperando sobre la sonora. Frente a esta interrogante, “The Pale Emperor” exhibe a una agrupación y a su líder –que es cerebro y corazón de la misma- con ganas de ser reconocidos más por su música que por los accesorios, lo cual es positivo. En la versión Marilyn Manson 2015 predomina claramente la asertividad y madurez en el sonido por sobre la ornamentación; en todo caso, es preciso señalar que la seducción extravagante y estudiadamente provocativa que los hizo mundialmente famosos existe (sobre todo en temas como “Cupid Carries A Gun”, “Slave Only Dreams To Be King” o en el single “Deep Six”, los cuales se encuentran en el terreno del vanguardismo tan recurrente en la banda), sólo que no es el elemento diferenciador. Lo que le otorga fisonomía a este disco es la intención de conjugar el rock más clásico con aquellas guitarras filosas que, a pesar de los años, aún tributan a Trent Reznor.

MARILYN MANSON 01Aquella finalidad encuentra sus puntos más altos en temas como “Warship My Wreck” u “Odds Of Even” en donde Manson decide entrar en la visceralidad del rock, sin pomposidades ni extravagancia, logrando un resultado sorprendente, ya que demuestra que es capaz de sacudirse del estereotipo glam que le es tan cómodo. En otros temas la mezcla es más visible, como en “Third Day Of A Seven Day Binge”, uno de los mejores del álbum, en donde se les escucha liberados y sencillos, dejando que sean las cuerdas las que sugieran oscuridad, y no explicitándola como es de costumbre. Al igual que en la anterior, en “The Mephistopheles Of Los Angeles” estamos en presencia de una composición sincera y espontánea, en donde la parafernalia queda rezagada en la letra, cuestión que no alcanza a incomodar.

En los círculos más duros, siempre se ha criticado a Marilyn Manson –no sin razón- de que su propuesta es meticulosamente estudiada para causar controversias que les otorgan exposición y que, por ende, carece de genuinidad. Algo de ello hay en “The Pale Emperor”, ya que dista mucho de ser un disco perfecto. No obstante, este álbum trata de remover parcialmente esa apreciación a través de temas inteligentemente estructurados, para sacar lo mejor de aquel rock clásico sin perder la insinuación sensual y oscura presente en el ADN de la agrupación. No por nada Marilyn Manson ha declarado que, al componer un tema, primero lo concibe como una imagen en su mente que luego plasma en la música. Por esa razón, la duplicidad musical y plástica siempre estará presente en sus trabajos, sólo que en este apostaron más fichas a la primera, lo cual resultó acertado.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. simóm Alejandro Saldivia Jara

    25-Feb-2015 en 1:11 pm

    Un agrado leer un articulo como este escrito desde la información y siendo lo suficientemente objetivo, hace rato que no entraba a la página y ya recuerdo porque lo hacia antes con regularidad, felicidades Pablo. Aunque a decir verdad, difiero de lo que expone el texto

    Es cierto que en el golden age hay una predominancia estética sobre la música , una determinante es el cambio drástico en el estilo del co-compositor de turno en este álbum (Sköld, si es que recuerdo bien, bajista por ese entonces, ya que en todos los anteriores había sido el histórico tecladista Pogo el que tomaba este rol, quien dejó la banda después de este disco a todo esto, por ende la inestable reposición del puesto, que llevó inclusive a otros miembros a cambiar de instrumento e inclusive a desertar, se terminó por erradicar la hasta entonces notoria importancia del teclado en el sonido de la agrupación, al punto de que en The Pale Emperor es reemplazado por una segunda guitarra). Y el gran pecado de este disco, el desaprovechamiento de John 5 como real aporte al sonido de la banda.

    Pero considero que los “the high end of low” y “born villian”, poseen la mismas características que atribuyes a the pale emperor, a mi parecer la predominancia musical es ya constante en los últimos tres discos (sólo que en este contamos por primera vez con Tyler Bates, como co-compositor), aunque claro, no es algo que la naturaleza del articulo te permita abordar el tema completamente. Bajo ese punto, quizá sin contar con el éxito de ventas como argumento para defender lo anterior, puedo decir que son “The Golden Age of Grotesque” y “Eat Me, Drink Me” los que pecan de ser predominantemente estéticos y repletos de parafernalia.

    (Pido perdón si me extiendo demasiado) Siendo el primer disco con tinte autobiográfico, en el que las letras de la banda se enfocan por primera vez notoriamente en Brian, repleto también de estos elementos que pretenden montar homenaje a Lewis Carroll, “Eat Me, Drink Me” a pesar de ser recordado con más lamentos que el mismo Golden Age, es un disco de transición, el ultimo que se apoya casi ciegamente en el espectáculo gráfico, y un trabajo que resulta transparente, el primer disco sincero de la banda.

    Ya desviado del tema, me gustaría señalar que veo otro acierto en The Pale Emperor, y este es el regreso de Tiggy al bajo, ya que no era precisamente un espectáculo tener que verlo en guitarra durante las presentaciones, lamentable que haya costado la salida de un elemento tan interesante como lo era Fred Sablan. Es un buen disco, el mejor desde la salida de Pogo. Y con tanto aroma a David Bowie como tuvo el Mechanical Animals (El que me parece más destacable de los anteriores)

    Saludos, y espero no haber escrito esto al aire. Espero leer más cosas así por página.

    • Pablo Cañon Thomas

      25-Feb-2015 en 11:53 pm

      Gracias Simón por tu feedback. Justamente la idea es generar un debate que aporte tanto a los fans como a quién debe comentar.
      Respecto a lo que dices, concuerdo en que en el anterior disco se vislumbran aspectos netamente musicales que sostienen la propuesta, sólo que en éste -a mi juicio- como es algo más lento y las guitarras suenan más pulcras se puede apreciar mejor aquel rock limpio sin tanto plástico. Respecto a Bates, fue un acierto, se nota claramente su mano en el álbum.

      Saludos

  2. Peter

    02-Feb-2016 en 5:26 pm

    hola encuentro bueno el articulo pero simón dice q anteriormente la co-produccion de los albunes la hacia pogo y la verdad q es twiggy quien componia antes de skold y luego cuando volvio a la banda asumio otra vez ese rol en the high end of low en fin mi idea no es criticar ni hacer notar el error sino mas bien rectificar los fans lo agradeceran un saludo muy buena pagina adios.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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