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Manowar – The Lord Of Steel

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Es verdad, el legado de Manowar en la historia del heavy metal es inmenso, y no se puede negar que, en su momento, los norteamericanos eran dueños de un estandarte que, en la actualidad, se ha desinflado por culpa de la misma banda. El metal despierta pasiones y su eterno espíritu adolescente ha hecho grandes a monstruos del género, tales como Iron Maiden o Judas Priest, quienes han sobrevivido hasta nuestros días con mejores o peores resultados, pero vigentes al fin y al cabo. Manowar por su parte, se ha tomado las cosas con calma y a más de cinco años de su último álbum con temas inéditos –“Battle Hymns MMXI” (2010) es un remake del clásico “Battle Hymns” (1982)-, lanza el rimbombante “The Lord Of Steel”, que lamentablemente es la decepcionante sombra de sus años de gloria.

Pero el disco no comienza como una decepción, todo lo contrario. “The Lord Of Steel” es el primer track del disco, y teniendo en cuenta que en su anterior placa, “Gods Of War” (2007), a Manowar le sobraba épica y grandilocuencia, pero le faltaba metal, esta canción enmienda los errores y nos devuelve a los fieros guerreros del martillo, cuya vigorosidad se desinfla a lo largo del LP. Aunque “The Lord Of Steel” funciona como una entretenida canción metalera, no se puede pasar por alto su falta de inspiración, y por sobre todo, la mezcla de sonido, que opaca a todas las composiciones del disco. ¿Cuál habrá sido la idea del grupo y de Joey DeMaio (bajo y productor) a la hora de realizar la mezcla y elegir el sonido de los instrumentos? Lo primero que salta a la vista, por su incómodo sonido, es el bajo de DeMaio que, sin exagerar, parece ser la reproducción de un sintetizador midi, en ves del instrumento de cuatro cuerdas.  El resto de la mezcla suena dilatada, como si no existiera una unión entre los instrumentos. Eric Adams, por su parte, realiza una de sus performances más mediocres, limitándose sólo a cantar, olvidándose de la garra y el sentimiento.

Esta sensación de “trámite” se propaga al resto del disco, y en el tema que sigue, “Manowarriors”, muestra al Manowar que, poco a poco, se transforma en una parodia de sí mismo, en una de las composiciones más irrisorias de su discografía. Aun así, el coro salva y en medio de un concierto puede que “Manowarriors” encuentre un mejor asidero que en su versión de estudio. Las cosas mejoran con “Born In A Grave”, pero el bajo de DeMaio y una sobre duración del corte, terminan por agotar la canción. La power ballad de rigor llega con “Righteous Glory”, donde las letras de orgullo guerrero son acompañadas por los coros y orquestaciones, en un tema que sobresale entre el desgano del resto del álbum.

“Touch The Sky” es entretenida y se deja escuchar, para caer en el letargo de “Black List”, que tiene intenciones de repetir lo que hicieron clásicos como “Warriors Of The World United” o “Gloves Of Metal”, pero por una extraña razón, la banda se dedica a extenderlo porque sí, y queda como resultado el tema más aburrido del disco, por lejos. Sin pena ni gloria, pasa “Expendable”, para llegar al que muchos han querido señalar como el mejor tema del disco –no es que hubiera mucha competencia tampoco-, “El Gringo” tiene épica autentica y con toda la parafernalia que ha caracterizado a Manowar, funcionando –por fin- en plenitud.

El entusiasmo no dura mucho, ya que con la llegada de “Annihilation”, volvemos a la tónica mediocre de “The Lord Of Steel”. El último tema es “Hail, Kill And Die”, que alude en su letra a una serie de otras canciones de la agrupación, además del claro guiño al clásico “Hail And Kill”, sin hacer justicia a ninguna de las citas.

En sus casi cincuenta minutos de duración, “The Lord Of Steel” nos da a entender que las pretensiones de Manowar con este disco no son más que dejar en claro que siguen ahí, haciendo música, sin pasión y sin sentimiento, pero están ahí. Quizás piensan que ya lo han dicho todo y que su carrera no puede llegar más lejos, durmiéndose en los laureles para seguir siendo la banda de culto que siempre han sido. Sus seguidores seguirán realizando la señal del martillo, pero en sus ídolos ya no existe ni la vigorosidad ni gallardía que ese símbolo representa. Ahora sólo queda el cansancio y la gloria de los días pasados.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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