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Resistance Is Futile Resistance Is Futile

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Manic Street Preachers – “Resistance Is Futile”

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El consenso general en torno a cada trabajo de Manic Street Preachers siempre ronda en torno a cuánto se acercan o alejan de sus discos más representativos de la década de los 90. Si giran hacia la delicadeza melodiosa, y por momentos orquestal, de “Everything Must Go” (1996) creado después de la desaparición de Richey Edwards, o a las composiciones más directas de “Generation Terrorists” (1992) con el guitarrista aún en sus filas. La verdad es que el presente de los galeses en “Resistance Is Futile” bebe de ambas fuentes, y ese equilibrio configura un viaje fascinante por una nueva entrega con aires que tienen que ver más con el rejuvenecimiento de la banda que con su retiro, en tiempos en que la solidez discursiva se ve enfrentada al desconcierto generalizado hacia las ideologías. Tarea difícil para un grupo que siempre tiene algo que decir sobre su entorno político y social.

Acostumbrados a las letras de gran bagaje intelectual, el bajista Nicky Wire traspasa las historias de grandes personajes como “Vivian”, inspirada en la niñera Vivian Maier, fotógrafa aficionada que dejó alrededor de 150 mil postales de Chicago y Nueva York descubiertas sólo tras su muerte; “In Eternity”, homenaje a Bowie que sónicamente descansa en el camino que el duque blanco trazó en “Station To Station” (1976) y “Low” (1977); “Dylan & Caitlin”, cantada a dúo con la talentosa The Anchoress, quien aporta la perspectiva femenina para hablar sobre la tormentosa relación del poeta Dylan Thomas y su esposa Caitlin MacNamara; e “International Blue”, colorida aproximación a su catálogo más clásico y guitarrero, con un gancho eufórico que honra la memoria de Yves Klein, artista francés representante del movimiento neodadísta. La energía melancólica de “Liverpool Revisited” rememora a los 96 hinchas del Liverpool que murieron aplastados contra una de las vallas del estadio, en lo que se conoce como la Tragedia de Hillsborough, hecho ocurrido en 1989 y que los Manics retratan en un track lleno de esperanza que invita a seguir luchando para buscar respuestas.

Precisamente, la idea del malestar social presente en nuestros días se refleja en “People Give In”, cuyo riff luminoso y reconciliador –que parece haber salido de una caja musical– explota en la interpretación grandilocuente de James Dean Bradfield, adornada por una impecable sección de cuerdas, presentes también en el bello medio tiempo de “Distant Colours”, formulada a partir del panorama de confusión política que se vive actualmente en el mundo con una enternecedora sensibilidad pop, estilo que también se adueña de “Hold Me Like A Heaven”, rebosante de una vitalidad que la hace sentir muy actual. Como complemento de su lado melódico, lo más rockero de la placa se palpa en “Broken Algorithms”, con una excelente introducción de la batería de Sean Moore, que marca el paso para que irrumpa el simple pero efectivo riff de Bradfield, y “Sequels Of Forgotten Wars”, que trae a la mesa un sonido muy confrontacional para escupir una crítica ácida sobre la histeria digital.

La vibra de “A Song For The Sadness” –también de aproximación muy frontal– contrasta con la languidez de “The Left Behind”, encargada de cerrar el disco con un oscuro manto de melancolía que fluye en una exquisita progresión de acordes liderada por el piano, una prueba irrefutable de que la banda sabe que puede confiar en las medallas ganadas y aun así volver a sus raíces para facturar un disco orgánico, directo e interesante, tomando la guitarra como punto de partida, tal y como lo fue en sus primeros días, pero agregando los elementos que han ido descubriendo en el trayecto recorrido.

Tras un silencio discográfico de cuatro años, en el que se dedicaron a las giras de conmemoración de “The Holy Bible” (1994), “Everything Must Go” y el lanzamiento de “Futurology” (2014), “Resistance Is Futile” encuentra a Manic Street Preachers en un punto en que sus dos almas conviven de buena manera a diez años desde que la justicia británica cambiara el estado legal de Richey Edwards de “persona desaparecida” a “presuntamente fallecida”. La banda no escapa de su pasado y afronta bien el futuro, porque sabe que resistirse a él sería atentar contra un diseño que construyeron para toda una vida. Quién iba a pensar que la agrupación que alguna vez declaró que iban a desaparecer en el cénit de su estrellato tras lanzar un solo disco y llenar el Wembley tres veces seguidas iba a estar aquí tras veinte años de carrera y trece discos, negándose a saltar desde el puente de la nostalgia para no caer en la intrascendencia.


Artista: Manic Street Preachers

Disco: Resistance Is Futile

Duración: 46:18

Año: 2018

Sello: Columbia


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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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