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Mac DeMarco – Salad Days

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Su reciente paso por Chile no nos dejó dudas de que Mac DeMarco atraviesa el mejor momento de su carrera. El jovencito de Montreal que nos sorprendió en 2012 con dos exitosos álbumes de estudio (“Rock And Roll Night Club” y “2”), no detuvo su máquina de irreverencias hasta dar forma a uno de los discos más esperados de este año, “Salad Days”, el que claramente ha sido pensado para satisfacer el oído insaciable de una creciente fanaticada que pedía a gritos una muestra más del talento que el músico ya había desplegado en sus trabajos anteriores. Es decir, DeMarco nos dio lo que queríamos escuchar, lo que si bien en algunos casos puede resultar arriesgado cuando se ha generado tanta expectativa, sí es eficaz y admisible cuando se quiere conservar el estado de efervescencia de un público que ya se ha rendido ante los pies del artista.

MAC DEMARCO 01Es por eso que, en este tercer trabajo, al canadiense le puede estar permitido no tomar demasiados riesgos, lo que queda en evidencia desde el comienzo con el tema que abre y da nombre a la nueva placa, el que nos remite de inmediato a la atmósfera característica de sus discos anteriores y a esa fórmula lo-fi que impecablemente ha sabido explotar. Los agudos riffs de guitarra continúan armoniosamente con “Blue Boy”, sin atreverse todavía a presentarnos nuevos atisbos de experimentación, sin embargo, con “Brother” nos invita a  un primer acercamiento al paisaje ensoñador evocado por la suave melodía que da vida a uno de los temas más exquisitos de su repertorio, sólo comparable a “Dreamin’” o “Boe Zaah”. Aun dándole un final desconcertante y, por tanto, prometedor, el tema parecer ser solamente un aperitivo de lo que DeMarco guarda celosamente para minutos más tarde, dejándonos en suspenso durante los próximos tres temas. “Let Her Go”, “Goodbye Weekend” y “Let My Baby Stay”, se enmarcan dentro de la faceta más melosa del artista, siendo, sobre todo este último tema, una muestra clara de que el talento no se agota ni en las propuestas más transparentes, como queda comprobado en el video grabado para la televisión portuguesa –por Hiro Murai- en donde se ve a un solitario DeMarco guitarreando en los lugares más insólitos de la ciudad de Guimarães.

Ya con la aparición del sonido estruendoso de los sintetizadores en el séptimo tema, descubrimos que se ha acabado la espera. “Pas­sing Out Pie­ces” deja atrás las armonías de carácter íntimo para dar paso a nuevos e invasivos matices que juegan y se retuercen con sonidos vetustos, para manifestar de golpe la conflictiva relación del músico con el éxito: “Seems that every time that I turn, I’m passing out MAC DEMARCO 02pieces of me”. Pero el arte nos ha brindado más de un ejemplo para demostrar lo bien que se llevan la fama y la decadencia, y es eso lo que probablemente más nos atrae de Mac DeMarco, en la medida en que lucha inútilmente por mantenerse al margen de lo célebre mediante la imagen de chiquillo rebelde y provocador, lo que claramente su público agradece, puesto que es justamente en ese espacio de obstinación en donde se produce su evolución musical.

Acabado el trance, volvemos a las melodías más romanticonas con “Treat Her Better”, una balada simple que, del mismo modo que las anteriores, nos remite a la ya clásica “Still Together” de su segundo disco. Pero una vez ambientados, “Chamber Of Reflection” nos devuelve a ese sonido alucinógeno, hipnótico y aletargado que nos transporta a lugares inhóspitos, a islas desiertas habitadas por espejismos. Con este noveno tema, el clímax del disco comienza a decaer paulatinamente hasta terminar con “Go Easy” y “Johnny’s Odyssey”, tracks que a través de un medio tempo consiguen dar un cierre redondo a este álbum que, a pesar de no ser lo suficientemente caprichoso, sí nos da luces de que Mac DeMarco está cocinando algo bueno y que su reciente trabajo puede configurarse como un puente para futuras experimentaciones que no pueden más que llevarlo a un progreso que, en su caso, parece inminente.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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