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Living Colour – “Shade”

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Si el alma pudiera traducirse musicalmente, no cabe duda que sonaría como el blues; una voz auténtica, actual y poderosa, capaz de testificar la realidad personal y del mundo con total sinceridad. Por eso, tras ocho años de espera y un show tributo a Robert Johnson en el Apollo Theater de Harlem acontecido en 2012 que sirvió de inspiración para este trabajo, no es extraño que Living Colour haya decidido complementar los sonidos del Delta del Mississippi con el hip hop y su ya conocida mezcla de hard rock, funk y metal  para adornar su sexta placa de estudio “Shade”, un disco que se venía trabajando desde 2011, pero que se demoró debido a distintos problemas con managers y compañías disqueras. Sin embargo, el dilatado proceso también generó que cada uno de los integrantes pusiera especial atención a su instrumento, lo que, sumado a la mano conocida del productor Andre Betts, ofrece un trabajo lleno de virtuosismo, a estas alturas una marca más que registrada de los neoyorkinos.

La veta más pesada del grupo se ve excelentemente representada por los abrazadores riffs de Vernon Reid en cortes como “Freedom Of Expression (F.O.X)”, una cálida bienvenida que pone las cosas en claro desde el principio con una figura entretenida llena de groove, además agrega atmósferas inquietantes de funk en “Come On” que, gracias al gran trabajo de Will Calhoun en la batería y a ese intermedio de bases electrónicas, facturan un track sumamente interesante. La voz de Corey Glover logra instantes de gran altitud en la acelerada “Pattern In Time” y suena acogedora en momentos más calmos, como “Always Wrong”, una pista llena de emoción que permite disfrutar al máximo de la buena forma en que se encuentra el frontman de la banda. Doug Wimbish toma el protagonismo en “Blak Out” con un riff de bajo amenazante, que despega para transformarse en un juego entre explosiones alocadas y momentos intrigantes. Si hay algo de lo que Living Colour puede hacer gala a diestra y siniestra, es de su facultad para generar ganchos, como se puede apreciar en “Glass Teeth” , que tiene mucha soltura y ritmo, pero también puede sonar contundente cuando la ocasión lo amerita.

“Program” empieza con una divertidísima entrevista al rapero Scarface, en la que habla sobre la banda y este tararea el conocido riff de “Cult Of Personality”, pero no puede recordar quién la canta. Un buen gancho para dos canciones que tienen en común el tema de los medios de comunicación y abordan la forma en que las noticias se han convertido en el brazo armado de las ideologías. Parte de esa mirada crítica a la sociedad también se deja ver en “Two Sides”, que habla sobre la era de la posverdad en los Estados Unidos de Donald Trump, teniendo como invitado a George Clinton de Parliament y Funkadelic; un medio tiempo denso y lleno de emoción que sobrecoge no sólo por su lírica, sino que también por la intensidad de su interpretación. Precisamente, el contexto social permite que tomen “Who Shot Ya” del rapero Notorious B.I.G para contar sobre la violencia generada por las armas, una canción escrita por alguien que curiosamente murió a causa de un disparo, pero que en el panorama actual resulta totalmente acertada.

El cariz blues en las versiones de “Preachin’ Blues” e “Inner City Blues”, de Robert Johnson y Marvin Gaye, respectivamente, y en las originales “Invinsible” y “Who’s That” –esta última acompañada del trombón del ex Dirty Dozen Brass Band, Big Sam– aportan frescura a la nueva placa de Living Colour y le agregan un ingrediente especial al disco. Son canciones que se mimetizan a la perfección con su carácter, y lo mejor es que logran expresar el sentir de una agrupación que tuvo que alinearse para encontrar la fórmula precisa a fin de que su mensaje se pudiera transmitir de adecuadamente.

Si bien, “Shade” no es un disco de blues propiamente tal, sí bebe de sus elementos distintivos y logra que los otros estilos explorados por la banda también se adecuen a ese molde, lo que prueba que siempre va a ser imprescindible revitalizar los sonidos que le dan voz a las problemáticas del mundo en que vivimos. Para los tiempos fracturados que corren, es bueno tener a Living Colour haciendo vibrar el alma con música que importa.


Artista: Living Colour

Disco: Shade

Duración: 48:32

Año: 2017

Sello: Megaforce Records


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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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