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Linkin Park – Living Things

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Los años de gloria del sub género musical conocido como nü-metal, han quedado en el pasado. Sus más grandes exponentes, tales como Limp Bizkit o Korn, han sobrevivido durante esta década a base de los éxitos que cosecharon a principio del milenio, o  aventurándose en experimentos musicales, cuyo éxito mediático ha sido bastante irregular. Sin embargo, Linkin Park, sigue ocupando las cabeceras de cartel de los festivales más prestigiosos del mundo, y a pesar de que ya no cuentan con la misma recepción de hace unos años, han sabido manejar su carrera de manera muy inteligente, ya sea interpretando el tema central del blockbuster de turno, o dando un vuelco a su sonido e imagen como grupo, marginándose del estigma de “banda adolescente símbolo de MTV”, para aspirar a palabras mayores. Pretensión, puede ser la palabra que mejor define al Linkin Park de esta época, tratando de demostrar que son más que un montón de riffs pesados, scratches sintetizados y letras emocionales con sabor teenager, que a fin de cuentas, son el principal atractivo de los californianos.

Hoy, Linkin Park busca seguir la senda que cosecharon con “A Thousand Suns” (2010), jugando a ser una especie de Pink Floyd del siglo XXI, a base de composiciones que buscan la creación de espacios y atmósferas, y la idea de un álbum como concepto, más que un conjunto de canciones. A su vez, las guitarras quedaban en un segundo plano, para dejar a los sintetizadores como instrumentos principales, mientras que la repetida –pero efectiva- fórmula de temas como “In The End” o “Crawling”, era remplazada por la pomposidad épica de tracks como “The Catalyst” o el pop de “Waiting For The End”, demostrando la necesidad de no encasillarse en un estilo en particular, pero también, dejando patente su desorientación en cuanto al camino que debían recorrer para llegar a su ambiciosa meta. “A Thousand Suns” significó el cambio de dirección oficial y contundente por parte de la banda, el cual provocó opiniones disímiles en su fanaticada, entre los que apoyaban este nuevo viaje, y los que decidían pasar de este “experimento”, añorando que en un próximo lanzamiento regresaran a sus raíces. “Living Things” llega para reavivar la disyuntiva, como una confirmación de que Linkin Park avanza hacia nuevo norte, o enfrenta su inevitable camino hacia el olvido. Depende, obviamente, del lugar desde donde se mire.

“Living Things” comienza con “Lost In The Echo”, donde los sintetizadores de Joe Hahn conforman el 90% de la canción, eso sumado a los fraseos de Mike Shinoda y los coros de Chester Bennington, terminan por condensar el sonido de la placa. Brad Delson (guitarra), Dave Farrell (bajo) y Rob Bourdon (batería), funcionan como mero acompañamiento para las saturadas capas de efectos, reemplazando incluso a la batería por bases sintetizadas, tal como ocurre en “In My Remains” y en “Burn It Down”, primer single del disco, muy en la onda de temas como “What I’ve Done”, esta vez dotando de mayor relevancia a la electrónica, consiguiendo un tema bastante pegajoso.

Una suerte de híbrido entre el Linkin Park de antaño y su encarnación actual, se da lugar en  “Lies Greed Misery”, donde potentes bajos acompañan el fraseo de Shinoda, para terminar con los desgarradores gritos de Chester. “I’ll Be Gone” vuelve a las reminiscencias de los primeros discos, en la línea de temas como “Somewhere I Belong” o “Numb”, y que seguramente estará presente en los próximos setlists de la banda.

La nueva faceta de los americanos se deja caer con “Castle Of Glass”, encontrando un balance en cuanto a la línea del disco, y dar forma a un tema que logra ser solvente por sí mismo. No ocurre lo mismo con “Victimized”, la canción más pesada del LP, cuya corta duración la transforma en un fragmento de la segunda parte de “Living Things”, segmento en donde se vuelve a caer en los vicios de “A Thousand Suns”.

“Roads Untraveled” y “Skin To Bone” son monótonas y repetitivas, sostenidas sobre una base electrónica, donde las voces del dueto de cantantes se limitan a rellenar con estrofas y coros majaderos con aires existencialistas, que en este tono, no logran cuajar. El letargo continúa con “Until It Breaks”, que contiene un par de matices, pero no es capaz de levantar el vuelo. “Tinfoil” es la introducción para “Powerless”, última canción de la placa, cerrando un disco que se desinfla a lo largo de la escucha.

Linkin Park parece tener las cosas claras en cuanto a sus ambiciones, no así en cómo lograrlas. “Living Things” suena a repetición, y no sólo en lo musical, sino que también en los defectos de su propuesta. Un quiero y no puedo, que hasta el momento no ha presentado problemas, ya que la fascinación de los músicos con su material es absoluta, y sigue entregando dividendos favorables. Quizás acertaron en el camino, y ahora están haciendo la música que siempre han querido hacer. Quizás somos nosotros los que no hemos sabido comprender su nueva faceta. Lo cierto es que la tenacidad y frescura que expelían sus primeros trabajos, que aunque adolescentes e impulsivos, siguen pesando mucho más que este intento de sofisticación y madurez.

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10 Comentarios

10 Comments

  1. Pablo

    28-Jun-2012 en 12:40 pm

    ufffffff mal!

  2. José

    29-Jun-2012 en 12:22 am

    Por mi parte lo encontre un gran disco, un renacimiento, una mezcla entre lo nuevo y lo viejo de Linkin Park como dijo Mike utilizaron todas las herramientas que han ido juntado en su carrera.

  3. Marco Moya

    29-Jun-2012 en 4:48 pm

    No lo he escuchado aun, ni tengo ganas… sinceramente creo que deberian hasta cambiar de nombre, ya que ni reminiscencias de Linkin Park original quedan desde a thousand suns…. mal mal mal

  4. Alex

    30-Jun-2012 en 5:06 pm

    En lo personal me atrevo a decir que me gusta más este material que el de ATS o MTM.
    Los anteriores eran un estilo lento, casi depresivo y aburrido, pero Living Things es más “dramático”, más dinámico, Ruidoso…
    No volverán a ser lo que eran antes, aceptemoslo, pero son de esas pocas bandas que no son repititivas como en su tiempo fueron Korn, Limp Bizkit, Deftones etc. que ya no logran componer nada decente.

    • R!

      06-Jul-2012 en 10:28 am

      Deftones no logra componer nada decente? Vaya a lavarse la boca mejor y escuche “Diamond Eyes” que no es 1 ni 2 ni 3.. 1000 veces mejor disco que éste.

    • Felipe

      10-Jul-2012 en 4:13 pm

      Jajajajajaj Deftones nada decente? Viejo porfavor, dese el tiempo de escuchar su ultimo disco. Asuma que linkin park no es lo que era.

    • Mutan Rashen

      12-Jul-2012 en 1:37 pm

      En serio? Es broma? DEFTONES logra hacer lo que ninguna otra banda puede hacer, que es sorprender y superar sus trabajos anteriores, hay una “madurez” en la composición, en las letras y en todo, Diamond Eyes y el homónimos son obras de arte.
      Cotonitos para ud. Alex.

      • Cristian

        30-Abr-2014 en 2:53 pm

        compadre el Diamond eyes es un Pedazo de Disco… creo que el Koi no Yokan no lo supero.. Deftones esta en una liga aparte.. lo unico que hecho de menos son los temas antiguos que hacia coro Chi Cheng 🙁 , Vega parece ke tiene miedo de gritar en Engine n°9 o My oh Summer.

  5. PXN

    30-Jun-2012 en 5:21 pm

    Ya lo escuche completo 10 veces y coincido que Me gusta este material más que los dos anteriores

    Lo mejor: Lost In The Echo representa el Linkin Park que se vendrá en los próximos años.
    Lo Peor:I´ll Be Gone, no se por qué me recuerda una canción de Britney Spears (la odio pero siempre esta en la radio)

  6. Pablo

    12-Jul-2012 en 11:14 am

    TIENE EL GUSTO EL EL POTO SEÑOR

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Discos

Monster Magnet – “Mindfucker”

Publicado

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Mindfucker

Dave Wyndorf dejó claro desde el principio que no iba a pasar desapercibido por este mundo como un rockero del montón. Sus viajes de ida y vuelta al infierno lo convierten en un personaje de esos que ya no se ven, uno que vive en su propia cuarta dimensión y que es capaz de transportar la mente del auditor hacia las fiestas espaciales más dementes del universo guitarrero. Si “Last Patrol” (2013) era una odisea densa y agresiva en tono space rock –un ingrediente elemental de la fórmula de Monster Magnet que se hace más o menos evidente dependiendo el disco–, “Mindfucker” es una escapada en auto por las carreteras desérticas e interminables de Estados Unidos con sabor a proto-punk, haciéndose cargo de la locura social que vive el país del norte en estos días. A su modo, claro.

Este estilo más desgarbado, directo y frenético, le sienta muy bien a los de New Jersey, cuya vena ligada a los sonidos más rasposos del Detroit de los 70 se desangra en la partida a toda velocidad con “Rocket Freak”, que exuda locura a mil por hora, y “Soul”, que no por tener un poco más de cuerpo pierde ese salvajismo desenfrenado que se extingue en un delay ensordecedor, sólo para desencadenar uno de los primeros puntos altos del larga duración. La canción titular, “Mindfucker”, vuela sesos desde el primer segundo con un riff que sale disparado rotundamente y explota en un coro gigantesco, himno inmediato para los hambrientos feligreses de Wyndorf y los suyos.

Las revoluciones comienzan a bajar con “I’m God”, que parece poner un poco de paños fríos a tan afiebrado despliegue de potencia, pero sólo se toma un poco de tiempo para que el vocalista despilfarre toda su arrogancia declarándose el dios absoluto en una canción que derrocha hedonismo, algo típico en el mundo del frontman. La primera mitad del disco llega a su apogeo con “Drowning”, un blues psicodélico y desgarrador que se extiende por más de siete minutos, donde los dotes vocales de Dave se exigen al máximo, pero emocionan por su entrega y demuestran que se mantiene en gran forma a sus 60 años, todo esto adornado con maestría por la sección instrumental, que maneja las cadencias y las intensidades con una ejecución insuperable.

Y es que el gran equipo que forma el eterno Phil Caivano y Garrett Sweeny, luciéndose de gran manera en el cover del ex Hawkwind, Robert Calvert, “Ejection”,  o en la más hardrockera “Want Some”, proyecta una soltura envidiable, con un trabajo muy musculoso en las guitarras, moviéndose siempre en los parámetros sonoros que la banda maneja a la perfección, tanto en los riffs gancheros como en los solos de melodías trabajadas, las que logran centrar la atención en ellos para volverlos el momento más esperado de la canción. El juguetón fraseo de bajo al final de “Brainwashed” y la misteriosa introducción de “All Day Midnight” hacen brillar a Chris Kosnik, quién logra encontrar su lugar en una producción mucho más orgánica y lo muestra en una faceta distinta al disco anterior, mientras que la monstruosa irrupción de Bob Pantella tras las baquetas elevan “When The Hammer Comes Down” a niveles estratosféricos, quizá el último eslabón del tan preciado stoner que predicaron en la década de los noventa.

A estas alturas nadie va a discutir el estatus de Monster Magnet como una de las bandas seminales de ese rock que nada en alcohol, tabaco y otras sustancias, uno tan reventado, que parece atemporal, pero muy efectivo a la hora de armar la juerga. En ese sentido, “Mindfucker” puede tener dos lecturas, una simplista –mas no errada– que lo hace ver sólo como un disco parrandero, ese con el que se recibe a los amigos en noches de fiesta y cerveza, y otra un poco más profunda, que lo convierte en un compañero ideal para escapar a toda velocidad de la paranoia del siglo XXI en busca de una experiencia individual liberadora. Para explicar el título, Wyndorf dijo que este concepto ha formado parte de su vida desde que tenía 14 años, por lo que hoy es el momento indicado para bautizar un disco con ese nombre, y que su sueño es juntar a la mayor cantidad de gente en una habitación para gritarlo a viva voz, como momento de catarsis. Si eso es lo que busca, ya cuenta con una excelente colección de canciones para iniciar ese viaje poderoso.


Artista: Monster Magnet

Disco: Mindfucker

Duración: 49:57

Año: 2018

Sello: Napalm


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