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Leonard Cohen – “You Want It Darker”

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Antes de tener noticia sobre su fallecimiento, el último disco de Leonard Cohen se escuchaba de antemano como un conjunto de sonidos rituales referidos a la muerte. Algo que, si bien no ha sido una novedad en las casi cinco décadas de su trayectoria como músico, esta vez pesa de una forma única que acaba siendo profética. Y es que los guiños a este asunto se venían advirtiendo con anterioridad: días antes a la publicación del álbum, Cohen confesaba a The New Yorker “estar preparado para morir”. Quizá no sea extraordinario que un hombre de 82 años se encuentre tan cerca de la muerte, pero sí lo es la visión con que se es consciente de este hecho y la tranquilidad con que se asume. Nos hace pensar inevitablemente en lo ocurrido con David Bowie y la publicación de “Blackstar”; no todos tienen ni tendremos la entereza de escribir nuestro propio epitafio.

leonard-cohen-01Luego está la divulgación de la carta enviada por Cohen a Marianne Ihlen durante los últimos días de vida de quien fuera uno de sus más grandes amores, a quien conociera en la isla de Hidra en el mar Egeo durante la década del sesenta, y además musa inspiradora de canciones como “So Long, Marianne” y “Bird On A Wire”. En la misiva el poeta escribe: “Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía”.

Y en medio de todo esto tenemos la lucidez de “You Want It Darker”, el decimocuarto álbum de estudio, testamento y último legado de un trabajo que se publica a menos de un mes de su deceso. Y tal como en su antecesor, “Popular Problems” de 2014, el blues es un ritmo predominante sobre el cual bailan las últimas reflexiones de su autor. Un aura litúrgica y ceremonial se despliega a lo largo de todas las composiciones, empezando por la homónima del disco, en parte gracias a la colaboración del coro de la Sinagoga Shaar Hashomayim. En ella repite sosegadamente “Estoy listo, Señor”, mientras que en los versos y outro se alude al término hebreo “Hineni”, cuya traducción se entiende como “estoy aquí” en el contexto de un diálogo con Dios. Ese toque fúnebre pero sutil de los coros de voces masculinas se vuelve a repetir en “It Seemed The Better Way”, uno de los temas más notables del conjunto de nueve canciones.

leonard-cohen-02Las referencias bíblicas continúan en “Treaty”, acompañada por un piano delicado que ampara los vaivenes de un estado melancólico, en donde –con la maestría de siempre– Leonard Cohen logra hacer convivir lo terrenal con lo divino. Su calidad como compositor y poeta se evidencia en temas como “Leaving The Table”, donde sobre una guitarra blusera reflexiona acerca de la terminación de un conflicto, sobre la madurez y liberación que se encuentra al dejar ir ciertos rencores para tener paz. Otro de los temas recurrentes en las líricas de Cohen es el amor y las relaciones de pareja, y en “If I Didn’t Have Your Love” se evoca una serie de imágenes desoladoras con el fin de ejemplificar lo que hubiese sido su vida sin la presencia de la persona amada. En comunión con esto, “Traveling Light” trae al recuerdo su relación afectiva con Marianne Ilhen, logrando emotivas alegorías sobre la soledad: “Supongo que solo soy alguien que ha renunciado a ti y a mí”. La introducción vocal del coro femenino también revive una de sus melodías emblemáticas, “Dance Me To The End Of Love”.

Cerrando el disco encontramos acentos proféticos, como en “Steer Your Way”, publicado el 20 de junio de 2016 como poema en The New Yorker: “Dirige tu camino más allá de un altar y del centro comercial / Dirige tu camino a través de las fábulas de la creación y la caída / Dirige tu camino más allá de los palacios que se elevan por encima de la putrefacción / Año tras año, mes tras mes, día tras día, pensamiento tras pensamiento”, para finalizar con un arreglo orquestal en “String Reprise / Treaty”, en donde como desenlace Cohen recita versos del tema “Treaty”,  dejando en el aire un sentimiento nostálgico que bien puede ser interpretado como una de las más hermosas despedidas. Pareciera que nada sobra ni falta, tanto a nivel individual como general. Todos los aspectos característicos de su trabajo a lo largo de los años están y se hacen notar en cada una de las canciones que poseen un peso propio. Las reflexiones sobre la existencia, el amor y el desamor, las alusiones religiosas, la melancolía, la ausencia. Se trata abiertamente del epílogo, la escena última, íntegra y lúcida, de un artista que forja su espacio en el recuerdo y acepta con sabiduría el tránsito final.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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