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Lacuna Coil – Broken Crown Halo

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“Broken Crown Halo” (2014) es el séptimo disco de estudio de Lacuna Coil, y llega en un momento muy particular para los italianos, porque justo cuando comienzan a cosechar los frutos de su trabajo, sufren un duro golpe que cambia el esquema original de la banda. El abandono del guitarrista Cris Migliore y del baterista Cristiano Mozzati anunciado en febrero, modifica la formación con la que los conocemos casi desde fines de los 90’s, pero nos dejan como herencia el sonido característico con el que compusieron un álbum heavy con aires pop, rasgos nü metal y toques góticos.

Sabemos que las cosas más simples son las más fáciles de explicar, y un ejemplo de esto son las 11 canciones que componen este disco. Empezando con las tres primeras, que son el manifiesto perfecto  de un trabajo que refleja la madurez absoluta que ha adquirido el grupo a lo largo de los años y tres ejemplos del clásico estilo de la banda, el que parecía haber desaparecido con los más recientes “Shallow Life” (2009) y “Dark Adrenaline” (2012).

LACUNA COIL 01Así, “Nothing Stands In Our Way” abre como una típica canción de Lacuna Coil, potente y con una interesante combinación entre la voz melódica de Cristina Scabbia y la agresividad de Andrea Ferro para terminar con una batería rápida y pesada. “Zombies” empieza con casi toda su artillería, hasta que la acción instrumental es interrumpida con fuerza y velocidad por la voz de Ferro, a la que más tarde se une Scabbia, creando una canción muy americana con una estructura nü metal bastante evidente. La última de este trío inicial es “Hostage To The Light”, donde la calidad de la vocalista le entrega el rol protagonista en una canción que, comparada a las dos anteriores, resulta más lenta, suave y un poco monótona.

“Victims” es una canción en la que nos damos cuenta rápidamente que la era de oro del metal gótico de los años 90 fue una gran influencia para Lacuna Coil, así como “Die & Rise”, con un buen inicio, donde una fuerte y pesada voz de Ferro aporta rapidez y dinamismo. En medio de una atmósfera oscura, que por momentos los hace sonar como Korn, nos encontramos con una breve parte cantada en italiano, la única de todo el disco.

“I Forgive (But I Won’t Forget Your Name)”, nos hace recordar trabajos como “In A Reverie” (1999) y “Unleashed Memories” (2001), porque aquí la banda logra combinar de manera eficaz la modernidad LACUNA COIL 02con los sonidos más clásicos del género. En “Cybersleep” nos encontramos con una Cristina Scabbia impresionantemente expresiva, que logra crear una atmósfera casi apocalíptica en torno a la letra, y seguimos con “I Burn In You”, abriendo con aires orientales que aparecen unidos a la voz femenina en algunas estrofas. En “In The End I Feel Alive” los lombardos logran crear un coro bastante pegajoso, que por momentos nos encontraremos repitiendo una y otra vez.

La encargada de cerrar el disco es la melancólica “One Cold Day”, impregnada de emoción, que se transmite a través de una profunda línea vocal y se transforma en el medio perfecto para recordar y rendir tributo al difunto Claudio Leo. De esta manera, con un metal gótico a la vieja usanza, pero perfectamente empleado, se despide un álbum compuesto e interpretado por músicos con una visión muy clara y precisa, pero faltos de inspiración a ratos. Algunos verán “Broken Crown Halo” como una apuesta segura, mientras que para otros puede ser la confirmación del trabajo que viene haciendo la banda desde hace ya un tiempo y la mejor manera de volver al ataque en un momento tan delicado y significativo de su carrera. Lo que sí está claro, es que esta es una prueba más de que el grupo italiano es capaz de producir un material de calidad con regularidad, apuntando con claridad y presentando un sonido característico valorado y reconocido en todas las latitudes.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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