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Korn – “The Serenity Of Suffering”

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Mucho se ha venido hablando durante el último tiempo sobre un supuesto “renacimiento” del nü-metal, un estilo que en su momento se apoderó del mundo tomando como base la fusión del metal con el hip-hop, y que dio a luz una serie de bandas que a día de hoy son consideradas como clásicas por toda una generación. Este renacimiento –como ocurrió hace un tiempo con las bandas que vivieron su apogeo durante las décadas de los 80 y 90– se sostiene sobre un gran pedestal: la nostalgia. Teniendo una fanaticada que ya pasó la segunda década de sus vidas, muchos de ellos encontrándose en plena edad profesional y enfrentándose a la frivolidad de la adultez, ven en el pasado el recuerdo de los días en que todo era más simple, donde Linkin Park, System Of A Down o Slipknot, sonaban fuerte en la radio y en MTV, y pasaron a transformarse en la banda sonora de sus adolescencias. Y es ahí donde entra Korn con su más reciente trabajo de estudio, “The Serenity Of Suffering”, el 12° disco de una carrera que, después del lanzamiento de “Take A Look In The Mirror” (2003), se mantuvo imparable pero dando muchos tumbos en cuanto a la dirección musical del grupo, que no supo cómo acoplarse a los tiempos, y entre experimentos y fallidas “jugadas ganadoras”, como sus olvidables colaboraciones con Skrillex, tomó la decisión de hacer lo más lógico: volver a lo que los hizo grandes en su mejor época y reconquistar a su audiencia.

korn-01Desde la carátula ilustrada por Ron English, donde se puede divisar claramente al muñeco que protagoniza la portada del álbum “Issues” (1999) sostenido por un niño que avanza hacia un terrorífico parque de diversiones, todo lo que podemos encontrar es Korn en un su estado más puro, con todas sus virtudes y defectos. Comenzando con “Insane”, canción que de inmediato nos lleva atrás en el tiempo, el grupo no se guarda nada a la hora de echar mano a todos sus códigos: guitarras y bajo funcionando como murallas demoledoras, liricas que hablan sobre la depresión y la oscuridad, un coro poderoso, scratches a destajo y hasta la infaltable sección donde Jonathan Davis realiza ingeniosos juegos vocales. Todo lo que definió a Korn como una banda única en su especie se encuentra contenido en este y en todos los temas que sellan el trabajo más redondo del grupo desde “Untouchables” (2002).

En la misma nota, y mucho más evidentes en sus intenciones que el anterior, llegan “Rotting In Vain” y “Black Is The Soul”, composiciones que fácilmente podrían ser acusadas de ser clones de cortes antiguos, pero la verdad de las cosas es que el grupo se siente tan poderoso y cómodo en este lugar, que pareciera que todo lo que escuchamos es legítimamente nuevo y fresco. Las canciones funcionan y poseen un poder particular, a pesar de sonar a todo lo que hemos podido oír en el pasado. Y este es el gran punto a favor de “The Serenity Of Suffering”, que a pesar de sostenerse mucho en lo que ya conocemos, suena inspirado y honesto, algo que no ocurrió con “Korn III: Remember Who You Are” (2010), otro intento del grupo por retomar su sonido clásico, pero que finalmente no prendió a los fanáticos y los llevó a intentar algo más “actual” en “The Path Of Totality” (2011), con la idea de atraer a una nueva audiencia. Y todos sabemos cómo terminó eso.

korn-02Ahora, este mismo factor nostálgico juega en contra del disco cuando se avanza por las canciones y la sensación de déjà vu se torna excesivo. Ahí tenemos cortes como “Everything Falls Apart”, “When You’re Not There” o “Take Me”, que son efectivas pero que juegan tan seguro, que no logran destacar en el conjunto. Por otro lado, podemos rescatar tracks más interesantes como “Die Yet Another Night”, “Next In Line” y “A Different World”, esta última contando con la colaboración del vocalista de Slipknot y Stone Sour, Corey Taylor, canciones que no se salen para nada del libreto, pero muestran un par de elementos que dotan de matices a la mezcla.

El viaje termina con la poderosa “Please Come For Me”, en la misma nota con la que comenzó, en un trabajo que triunfa completamente en su búsqueda por evocar al pasado y tocar la fibra del fanático que durante años deseó escuchar al Korn más clásico. Los norteamericanos dieron el palo al gato y se despacharon un disco potente, ideado para regresar en gloria y majestad al sitial que ocuparon hace ya más de una década, sin arriesgar ni mostrar nada nuevo, pero sacando lo mejor de una fórmula que en este registro muestra una de sus mejores caras. Definitivamente, una de sus obras mejor logradas.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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