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King Tuff – King Tuff

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El segundo disco siempre se ha considerado como una de las etapas fundamentales en la trayectoria de cualquier banda o artista. Es en ese preciso instante donde las expectativas creadas por el trabajo debut, pueden alzar al artista a un sitial de reconocimiento, o bien, pueden condenarlo a la temida y rehuida intrascendencia. Obviamente, no siempre se da en términos tan absolutos, pero esta crucial etapa ayuda a entender de mejor manera cual será el rumbo que la banda o artista tomará en el desarrollo de su carrera. En el caso de King Tuff, la apuesta es clara y concisa: bajar las revoluciones, y entregar una obra madura y aterrizada. La pregunta que cabe hacerse es la siguiente: ¿Puede el alter ego de Kyle Thomas entregar un disco que cuente con dichas características? Y la verdad es que todos los indicios nos llevaban a pensar que lo anterior sería prácticamente imposible. En primer lugar no se podía obviar lo hecho en su primer disco, “Was Dead” (2008), el cual nos entregó increíbles dosis de rock garage, con sutiles (y a veces directas) infusiones de psicodelia y rock playero. Es más, el EP lanzado este mismo año, “Wild Desire” (cuya canción homónima es sin lugar a dudas una de las mejores lanzadas este año), no hacía más que confirmar lo que para muchos era una verdad absoluta: “King Tuff” sería locura pura. Pero, para sorpresa de muchos, el plan de Kyle Thomas nos deparaba unas cuantas –valga la redundancia- sorpresas.

“King Tuff” se mueve en un espacio donde las guitarras de The Mooney Suzuki se unen a la psicodelia de MGMT. ¿Contradictorio? Quizás, pero funciona. “Anthem” da inicio a la obra, con un riff digno de bandas como Rocket From The Crypt o The Night Marchers. El ritmo es pausado y ayuda a dejar bien en claro el tono de la obra. “Alone & Stoned” posee una dulce impronta, donde la voz de Thomas pasa a transformarse en una versión casi infantilizada de la de Rober Levon Been de BRMC. “Unusual World” destaca como uno de los mejores temas de este disco, entregando una vibra relajada, donde las guitarras acústicas se transforman en protagonistas, dejando de lado la locura y el desenfreno.

Y si lo mencionado hasta el momento asusta a quienes buscan una buena dosis de rock garage, “Bad Thing” y “Stranger” ayudan a calmar las ansias de buenos guitarreos y de ritmos frenéticos. Si bien, no modifican la impresión general que este disco busca dejar, ambos temas destacan gracias a un sonido rockabilly que despertará hasta al más incauto.

“Hit & Run” es el tema encargado de cerrar el disco, y lo hace con un sentimiento fiestero, que ayuda a olvidar aquellos momentos del disco que quizás puedan parecer un tanto monótonos. Y es que “King Tuff” contiene notables pinceladas de maduración, pero es a la vez una obra un tanto ligera, quizás demasiado.

De todas formas, aquí hay una propuesta rocanrolera que no debería dejar a nadie con gusto a poco. Y es que es sin lugar a dudas un disco netamente veraniego, que hará que hasta el más crudo de los inviernos se sienta un poco más caluroso.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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