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Kim Gordon – “No Home Record”

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En su primera experiencia solista, Kim Gordon da con un disco abstracto y cambiante, mostrando una faceta aún más experimental que la realizada por la estadounidense en Sonic Youth, y eso no es poco. Con influencias en la electrónica, el noise e incluso el trip-hop, “No Home Record” es un verdadero rompecabezas sonoro, que vuelve a poner en el radar a una artista que no tiene miedos al momento de entrar al estudio. Gordon es pura experimentación, arte y contracultura.

Con “Sketch Artist” comenzamos a entender la búsqueda musical de este nuevo trabajo: una pieza acida, que juega con beats y sintetizadores, abriendo un disco que incomoda, pero absorbe, sacando a relucir el concepto de artista por sobre el de rockera. Aunque este último no queda en el olvido, ya que en el álbum hay canciones como “Air BnB”, que tiene todo para haber sido fácilmente parte de la época “Goo” (1990) de Sonic Youth. Uno de los eventos más trascendentales para entender este trabajo es el retorno de Kim a Los Ángeles; su nueva vida en California caló hondo al momento de componer y escribir, dándole una paleta de colores muy distinta a la que tenía en la gran manzana. En “Paprika Pony” mezcla beats de hip-hop mientras explora su identidad y lo femenino, siempre bajo un punto de vista crítico.

“Murdered Out”, cuarta canción de la placa, fue lanzada en 2016, por lo que sorprende que forme parte del disco tres años después de su publicación, aunque el estilo y la impronta obligan a que esté en el registro, dándonos a una Kim que canta sobre contracultura, automóviles y carreteras, todo mientras es acompañada en la batería por Stella Mozgawa de Warpaint. La segunda parte del LP hace de este viaje uno mucho más críptico e indescifrable. Prácticamente sin seguir ninguna regla, la ex bajista de Sonic Youth (transformada en guitarrista para este álbum) da con un lado B experimental que comienza con “Don’t Play It”, para luego pasar a “Cookie Butter”, la canción más hipnótica del disco. En ella la artista florece en su totalidad, dando con seis minutos de psicodelia y distorsión que acompañan un monólogo crudo y personal. Es Gordon sin miedos ni limites, permitiéndose ser más libre que nunca, sin tener que encasillar u obligarse a sonar de una forma, cosas que, según sus propias palabras, sí tuvo que hacer con Sonic Youth.

Con “Hungry Baby” volvemos al noise y al rock más estructurado, aunque con secciones de improvisación y distorsión promovidas principalmente por las guitarras de Kim. “Earthquake” sirve como un bálsamo entre tanta crudeza y política, así la neoyorquina deja de lado los fundamentos del disco para sumergirse en una pieza oscilante y sombría, pero que en sus letras derrocha puro amor y ternura. El final del disco llega con “Get Yr Life Back”, una oda al fin del capitalismo y lo oscuro del sistema en el que vivimos, mostrándola asertiva y lúcida. A fin de cuentas, la mayor parte del trabajo habla sobre eso, transformándolo en un álbum de época, dando con situaciones y temáticas que muestran el inconformismo de una parte de la población que ya comienza a sentirse asqueada de tanto consumismo y “progreso”.

“No Home Record” termina siendo un disco extremadamente personal, mostrando a una Kim Gordon sin ningún filtro. Es ella en todas sus facetas, siendo artista, activista, rockera y mamá. Una primera publicación solista que cumple con las expectativas y que la desliga de todo lo anteriormente mostrado, permitiéndole nuevamente renovarse sin caer en la nostalgia o en la falta de creatividad.


No Home RecordArtista: Kim Gordon

Disco: No Home Record

Duración: 39:20

Año: 2019

Sello: Matador Records


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Phoebe Bridgers – “Punisher”

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Punisher

En tiempos de pandemia se idealiza la experiencia de la música en vivo, y se extraña, por supuesto, como la cultura, las artes y el encuentro social, pero no se pueden olvidar las trabas para disfrutar cualquier concierto. La más fácil de ocurrir es cuando alguien habla interviniendo la atención en el show, algo para lo que los gringos tienen un término, un “punisher” (castigador), y ese es el concepto que titula la segunda entrega como solista de Phoebe Bridgers, en una especie de declaración de intenciones frente a cualquier síndrome del impostor o posible relajo. Es que la artista, pese a lo activa y reconocida en el mundo del indie, no se sacude nunca la curiosidad de escribir canciones, y es esa ruta la que cómodamente sigue en “Punisher”, el disco.

Hay trampas en el camino de este trabajo que hacen creer que es algo que no es. Sí, la producción es prístina, con un rango emocional desde lo acogedor hacia lo aterrador y hay sonidos diferentes en varios pasajes, pero el fruto no está tan lejos del árbol, y detrás de cualquier artilugio está la solidez de la construcción de canciones que Bridgers vuelve únicas y precisas para sí misma. Ejercicios como Boygenius (con Julien Baker y Lucy Dacus) o Better Oblivion Community Center (con Conor Oberst) no sólo sirvieron para manejar más herramientas en la creación, sino para ensayar un sentido de la colaboración que opera como arma secreta en “Punisher”, con nombres como Dacus, Oberst y muchos más como parte de los créditos de un álbum donde, además, ella tomó la producción junto a Tony Berg y Ethan Gruska, tal como “Stranger In The Alps” (2017).

Desde el comienzo se nota que ese es el desafío más grande para Phoebe, quien escribe y narra desde la perspectiva del temor al apocalipsis, a perder la capacidad de tener una vida personal, o también a convertirse en esa punisher que tanto detesta con el mismísimo Elliott Smith, pero que encuentra en la producción la posibilidad de ahondar más en los sentimientos e historias. Sin eso, el efecto de “Savior Complex” no sería el mismo, por ejemplo, desde una canción que irrumpe con mucha belleza, pero cuyo hálito nostálgico viene desde las decisiones de producción, o en preceder a la loopeada “Garden Song” con “DVD Menu”, track ambiental que samplea “You Missed My Heart”, tema que cerraba su disco anterior, que resulta algo aterrador, posicionando una atmósfera completamente distinta respecto a las canciones.

La canción más tradicional del lote resulta “Kyoto”, que funciona como single y también como parte de las explosiones controladas en el disco. “Te voy a matar / Si no me ganas”, versa una canción que habla de cómo se puede llegar a odiar incluso lo que se ama, hasta la capacidad de sorprenderse. La siguiente es la suerte de homenaje a Elliott Smith, que es el track que nombra al disco, donde ella sabe bien que, si lo hubiera conocido, era demasiado fan para caerle bien o cultivar una buena conversación.

Los mejores pasajes en escritura vienen cerca del final, con la tierna y desgarradora “Graceland Too”, donde se pone en el lugar de quien apoya a alguien con sensaciones de autodestrucción con sustancias o tendencias suicidas, y lo difícil que es el acto de estar ahí. Y el cierre épico con “I Know The End” expresa cómo todo puede acabarse, y está bien que sea así. La canción empieza con trazos melódicos similares a los esbozados en “DVD Menu” para luego decantar en un espíritu más que una melodía, mezclándose de forma efectiva con líricas descriptivas para un viaje extenso, de esos que miran hacia el interior, entre parajes gigantes y vías angostas. Al final, una catarsis que se aguantó durante el álbum completo, tan de contención y de honestidad seca, que es inevitable asociarla con los tiempos que se viven.

Sí, se extrañan los conciertos en vivo, se aborrece a la misma gente de siempre que los arruina, pero también se extraña esa posibilidad de explotar, en oído, voz y sentidos, en emociones y en las entrañas. “Punisher” presenta excelentes canciones, pero, más allá de lo obvio, termina presentando un espejo para darse palmadas en la espalda y creer por cuarenta minutos que lo que está mal con el mundo no es uno, no es la gente que uno conoce, ni tampoco un virus, sino que un universo que no se puede controlar, aunque al menos se puede evadir en cierta medida. Un disco fundamental para sobrevivir a un año de plagas y apocalipsis personales.


Artista: Phoebe Bridgers

Disco: Punisher

Duración: 40:37

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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