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Killswitch Engage – “Incarnate”

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El mundo del metalcore se enfrenta a muchos prejuicios a la hora de calificarlo como un estilo trascendente. Quizás algunos pueden ser más justificados y ciertos que otros, pero es indiscutible que son muy pocas las voces las que lo definen como un género que alberga a grandes baluartes. ¿Será la época en la que nació, o que el rock ha ido envejeciendo rápidamente? ¿Será el conservadurismo integrista del público metalero? Lo concreto es que es discutible si estas bandas se escucharán en treinta años más como hoy se escucha a Black Sabbath, Venom o Slayer, por nombrar a algunas.

KILLSWITCH ENGAGE 02A pesar de lo anterior, es menester hacer justicia en algo. A juicio de este redactor, el año 2011 se produjo el hito más importante de este especie: Adam Dutkiewicz y Jesse Leach (ambos hoy en Killswitch Engage) dieron vida a Times Of Grace, y editaron “The Hymn Of A Broken Man”, un LP que demostró que el metalcore es capaz de producir verdaderas obras artísticas, que traspasan los cánones del tiempo y se instalan en el acervo colectivo del rock, aún cuando los custodios de la “pureza” del metal digan lo contrario. “The Hymn Of A Broken Man” es descollante en todos los sentidos; por su emotividad, su crudeza y sus ambientes musicales logrados gracias al desplante y la conexión cuasi espiritual de sus miembros. Por eso, para la gran mayoría, “Disarm The Descent” (2013), el álbum que marcó la vuelta de Leach a las voces en Killswitch Engage, fue un trabajo correcto, pero cuya su austeridad con la creatividad no satisfizo las expectativas que generó Times Of Grace dos años antes.

En el disco que convoca este texto, “Incarnate”, las perspectivas señaladas en lo precedente se integran casi en su totalidad, puesto que, sin temor a equívocos, en el plano musical es el mejor trabajo de Killswitch Engage en años, superando a su predecesor, pues retoma la senda dejada por Times Of Grace hace un lustro. En específico, el presente disco viene en pagar la deuda que tenía el quinteto de Massachusetts en lo que dice relación con recrear algo que es vital en la música: la conexión con el oyente. En tal orden, y en términos generales, el álbum es tributo de las bondades de Times Of Grace, destacándose una vez más a Leach y Dutkiewicz como el corazón que bombea el líquido vital en la banda. “It Falls On Me”, para ejemplificar, es un corte que perfectamente pudo ser incluido en “The Hymn Of A Broken Man”, ya que sus texturas ambientales, las guitarras y voces limpias se conjugan con tal naturalidad, que demuestra una sinergia compositiva de esencia innovadora inclusiva de quién escucha. Eso, en estos tiempos, se aplaude. En menor medida, pero de igual sublimidad, se encuentran temas como “Strengh Of The Mind” o “Just Let Go”.

KILLSWITCH ENGAGE 01Pero, además, la banda tomó riesgos: “Cut Me Loose” (lanzada con anterioridad al álbum) dio pábulo para especulaciones en torno a cómo venía la mano en “Incarnate”, dejando un manto de dudas sobre si el metalcore más tradicional sería dejado de lado por una apuesta más tranquila. Y es que este track, acumulando con sinceridad trazos de Alice In Chains, resultó ser una apuesta ganadora totalmente, marcando un hito dentro de los casi 44 minutos que dura el opus. Otras coplas más agresivas pero que toman similar veta en sus coros –dicho sea de paso, todos excelsos en calidad– son “Hate By Design”, “We Carry On”, “Embrace The Journey… Uprising” y “Until The Day”. Reconociendo que lo siguiente puede caer dentro de la crítica negativa insignificante, la producción no contribuye  a esta etapa más madura de Killswitch Engage. En cortes como “Alone I Stand”, “Reignite” o “Loyalty” faltó crudeza en las perillas, lo cual hubiese concedido un perfecto acople entre la gutural performance de Leach, el freno de las cuerdas y la batería machacante de Justin Foley. Pero en esto la banda no pierde, sino que simplemente dejó de ganar.

En suma, estamos ante un muy buen disco, que reúne en su seno la madurez compositiva de sus integrantes, pero complaciendo sus mejores cualidades, que alcanzaron una órbita superlativa en Times Of Grace. Es cierto, “Incarnate” no respira aquellos aires, pero sí asienta algo que es muy importante: el metalcore, por más manoseado que esté, es un estilo al cual todavía le queda fulgor significativo que pueda instalar a alguna de sus bandas dentro de los imprescindibles de los millennials. Y, en dicha carrera, Killswitch Engage está corriendo con ventaja.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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