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Atonement Atonement

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Killswitch Engage – “Atonement”

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Hoy en día, en la época del streaming, donde un single es más importante que un álbum, cuesta generar altas expectativas respecto a estos últimos como ocurría antaño. Generalmente, sólo se logra cuando existe un silencio compositivo por años (como Tool o Rammstein, por nombrar dos casos icónicos recientes), o cuando los teasers demuestran algún cambio en la dirección musical del artista. Este estado de situación significa que para estos es mucho más difícil destacar a través de un LP como en épocas pasadas, pues no sólo debe ser un trabajo de calidad, sino que, además, novedoso. Y es en esto último donde cae el nuevo disco de Killswitch Engage. “Atonement” es un trabajo correcto, pero lánguido; posee buenas canciones, pero nada superlativo o que llame mayormente la atención.

El sonido del quinteto de Massachusetts sigue intacto, sin embargo, no hay ningún tema que salga del patrón a estas alturas clásico y eso produce que su escucha termine siendo algo aburrida si es que no se es un fan a ultranza de la banda. Lo anterior que no lleve a equívocos: el álbum es de excelente factura. La agresividad y emotividad de Jesse Leach, junto con el talento compositivo de Adam Dutkiewicz produjeron buenos temas, pero falta el elemento que los distinga del resto del catálogo de la banda. Este sería el caso de “Unleashed” o “As Sure As The Sun Will Rise”, por nombrar algunas canciones, en donde la composición es impecable, pero no es nada que no se haya escuchado antes.

En un ejercicio de extrema sinceridad, cuesta encontrar puntos altos en este disco por lo mismo reseñado: no hay nada equivocado o fuera de lugar, pero tampoco nada que sobresalga. Ni siquiera en la colaboración con el ex cantante Howard Jones en “The Signal Fire”, aunque correcto, funciona más que nada como un guiño para los viejos fans de la época dorada de Killswitch Engage, poseyendo inclusive una estructura muy similar a algunos temas de “The End Of Heartache” (2004).

En ese mismo plano, la furia cuasi thrash de “The Crownless King”, con la leyenda viviente Chuck Billy como invitado en las voces, logra quizá lo más distintivo. El riff principal evoca algunos parajes del catálogo de los mismos Testament, (principalmente “The Gathering” de 1999), aunque lejos de ser un mero homenaje, siendo un tema entretenido, que sobresale por su fuerza, ubicándolo dentro de lo prominente. En esta lógica de temas agresivos, “Bite The Hand That Feeds” es un buen término del disco, con texturas complejas y un breakdown poderoso, ad hoc para allanar el espacio a la voz de Leach. Ciertamente que funcionará si la banda decide incluirlo dentro de su setlist regular.

En cuanto a las texturas melódicas, como a lo largo de su carrera, estas se encuentran presentes de buena forma. El mejor ejemplo es la emotividad de “I Am Broken Too”, donde la pulcritud de Leach apoya con fuerza el mensaje positivo que contiene su letra, y que es central en el constante proceso de superación de la depresión y ansiedad que sufre el vocalista. No obstante, no se puede decir lo mismo de “Ravenous”, con un coro que aparece algo forzado. En cualquier caso, sigue siendo un sólido prototipo del disco. “Take Control” muestra un interesante trabajo en guitarras, las cuales fluyen sin tantos retoques, mérito de una mezcla correcta. Acá también, y al contrario de “Ravenous”, la dualidad melódica/agresiva de la banda juega a la perfección. Sigue esa misma senda “I Can’t Be The Only One”, con tintes para ser un exponente de este álbum en las presentaciones en vivo.

En suma, el derrotero por el cual camina “Atonement” es definitivamente el lugar y espacio seguro. Sin grandes pretensiones, la banda continúa el guión de su extenso catálogo, añadiendo más repertorio al mismo. Ciertamente, tiene méritos, puesto que el talento es innegable y la calidad compositiva se mantiene incólume, y esto puede ser bueno para los fans acérrimos, pero demás está decir que, para la escena guiada por el gancho de los singles, el disco pasará inadvertido.


Artista: Killswitch Engage

Disco: Atonement

Duración: 39:01

Año: 2019

Sello: Metal Blade / Sony


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Discos

Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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