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Killer Be Killed – Killer Be Killed

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Killer Be Killed es la más reciente unión entre reconocidos músicos de diferentes grupos que han construido la historia del heavy metal. Greg Puciato, Max Calavera, Troy Sanders y David Elitch son quienes dan vida a esta nueva superband que busca sonar completamente diferente a los proyectos anteriores de cada uno, entregando una mezcla de canciones pesadas, veloces y melódicas. A lo largo del disco se nota claramente el paso entre un metal  más hardcore, a uno un poco más thrash y punk. Así, Killer Be Killed se transforma en la unión entre el pasado y el presente del metal.

KILLER BE KILLED 01Ninguna canción del disco se compara con la encargada de inaugurarlo, “Wings Of Feather And Wax” nos regala un equilibrio perfecto entre momentos brutales y otros más rítmicos. La batería de Elitch nos prepara el instante más potente de la canción: un solo de guitarra que dispara automáticamente el coro que la cierra. Esta es una canción con el sello de Max Cavalera, su influencia está presente en cada nota, pero si hablamos de participaciones individuales, Troy Sanders se luce en “Twelve Labors” acompañando la acción de una batería simplemente brillante.

Esa misma batería marca el inicio de “Face Down”, una canción con tantos cambios de ritmo como interpretes, haciendo incluso más atractiva la propuesta, porque los distintos tonos y estilos vocales logran convivir en armonía. En “Melting Of My Marrow” se repite la fórmula que funcionó tan bien en el track anterior, y Killer Be Killed juega una vez más con la habilidad y capacidad de sus tres voces.

“Snakes Of Jehova” es una de las canciones más pesadas y potentes de todo el disco. Apenas empiezan a sonar las primeras notas, la superband muestra toda su artillería y nos damos cuenta de que el estilo de Cavalera impregna la canción, desequilibrando la cohesión que se percibía en los temas anteriores. “Curb Crusher” empieza con una percusión inspirada al estilo de Soulfly, así este groove y thrash no nos abandona hasta el fin del disco, mientras que “Save The Robots” nos lleva a un territorio un poco más progresivo, e incluso psicodélico con aires futuristas, siempre acompañada de riffs  de un bajo bastante cercano a lo épico. Esta es otra canción en la que se nota la fusión de los géneros, de los que cada integrante proviene.

KILLER BE KILLED 02“Fire To Your Flag” representa en gran forma el core, mientas que “I.E.D” intenta unir el trash con el hardcore de una manera pesada, transformándola en una de las canciones más potentes del disco. Y es con esa misma potencia que los riffs  de “Dust Into Darkness” le quitan intensidad a la garganta de Max Cavalera, para acentuar el resto de los instrumentos e interpretar un thrash old school. “Twelve Labors” es una canción más oscura en comparación con las anteriores, pero el medio perfecto para mostrarnos otra variante de Killer Be Killed. Y llegamos al final del disco con “Forbidden Fire”, que nos regala una lección de manejo del bajo con una interpretación simplemente impecable.

Pinceladas de Soulfly, Mastodon y The Dillinger Escape Plan aparecen a ratos en todas las canciones de este debut, permitiendo a cada integrante dejar su huella aportando una cuota de diversidad para el sonido final. Tal como dijo Puciato, no habría ninguna ventaja en seguir haciendo lo mismo que cada uno hace ya en su grupo, y es que la gracia es aprovechar el talento de cada uno y sacar el máximo potencial, objetivo que logran alcanzar. Para quienes esperan escuchar un disco que suene como los trabajos anteriores, tendrán que seguir esperando, porque estos headbangers lograron crear un sonido nuevo que todos los seguidores del metal agradecerán.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Roberto Fuentes

    18-May-2014 en 8:26 am

    Disco completamente prescindible.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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