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Kendrick Lamar – To Pimp A Butterfly

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Casi veinte años han pasado desde que, en septiembre de 1996, fuera asesinado Tupac Shakur, el denominado por muchos como el más grande rapero en la historia de la cultura hip hop. La muerte del músico se producía en medio de la rivalidad que ubicaba al género entre los paralelos norteamericanos: la Costa Este y la Costa Oeste. Bajo este clima, los métodos de explotación se volteaban hacia el gangsta rap, un subgénero que irrumpía ferozmente en términos sociales y comerciales, saturándose a sí mismo a mediados de los ‘00. Un lustro desierto en su actividad plena para que, a partir de la década en curso, el rap se revitalizara como un estilo único a través de la diversificación de su sonido; propuestas de artistas tan distintos como Kanye West, Death Grips, Tyler, The Creator, o Kendrick Lamar, convergen para demostrar lo anterior.

KENDRICK LAMAR 03El nacido en Compton, California, quien ha citado a Tupac Shakur como una influencia que trasciende lo puramente musical, ha construido una carrera que a día de hoy lo mantiene como el rapero más sobresaliente de su generación. Y cómo no, si “To Pimp A Butterfly”, su tercer álbum de estudio, es de una brillantez que confirma todo lo bueno que se ha dicho sobre su trabajo. El disco en cuestión está interpretado conceptualmente, donde la historia de un músico que es “prostituido” por la industria va tomando forma en cada uno de los tracks; aquí, el título de la placa refiere a un proxeneta (pimp) que busca degenerar el talento representado en una mariposa (butterfly). Simultáneamente, Lamar va recitando a lo largo del conjunto de canciones un poema que está preparado en dos objetivos: primero, ser la síntesis del relato expuesto cuando se revelan todas las líneas del texto, y segundo, reflejar sus propias experiencias en este ambiente con las de Tupac, a quien finalmente está dirigido el escrito.

“Recuerdo que eras conflictivo / Haciendo mal uso de tu influencia / A veces hago lo mismo / Abusar de mi poder, lleno de resentimiento”. Estas son las frases de apertura en una reflexión que comienza a declamarse en el último tramo de “King Kunta”, para luego desarrollarse en el contexto específico de los cinco temas donde reaparece. Pasando por el primer single del disco, que alude al protagonista de la novela “Roots” (1976), Kunta Kinte, un icono para la comunidad negra, el trazado del poema se va estableciendo en cortes como “These Walls”, punto donde el artista describe una compleja relación con una mujer –la contraparte femenina está a cargo de la angustiada y después decidida Anna Wise-, enganchando ítems como la sexualidad, el comportamiento humano, o los enemigos que hiciera en el círculo por habérsele concedido el trono de “King Kunta” del entretenimiento. Cuando “These Walls” llega a su conclusión, el manipulado músico se encuentra al borde del suicidio: “…Abusar de mi KENDRICK LAMAR 01poder, lleno de resentimiento / Resentimiento que se transformó en una profunda depresión / Encontrándome en la habitación de un hotel gritando”. Mientras la estrepitosa introducción de “u” se empareja con el verso anterior, el mismo track va profundizando en el concepto de su antecesor, quedando registrado por la vocalización de Lamar el odio en su primera parte, y la desilusión en el segundo bloque (“u” está partida por la voz de una empleada de hotel hispanoparlante).

El descenso total del personaje creado en el disco no se alcanza a consumar en la medida que este, eventualmente, regresa al barrio donde creció –Compton, Brooklyn, o el que fuere- para buscar refugio; “No quería ser autodestructivo / Los demonios de Lucy (Lucifer) me rondaban / Así que partí en busca de respuestas / Hasta que llegué a casa”. Esta parte de la elegía abre para “Momma”, la total inflexión de la placa. Desde aquí, el artista antes corrompido por los flashes y las cámaras, se ve madurado y autocrítico para declararse comprometido con lo que ahora expresa. Profundos cuestionamientos que implican a Dios (“How Much A Dollar Cost”), asuntos raciales que se contraponen entre una perspectiva primeramente violenta y, después, más festiva (“The Blacker The Berry” y “i”), o el derrumbe de la ilusión que puede proyectar un falso ídolo (“Mortal Man”), hacen la parte para configurar la visión definitiva de un músico que se ha reinventado.

Con respecto a la última canción, puesta en el enorme epílogo del álbum, Lamar increpa a los fans que lo elevan a la categoría de líder para la población negra, arguyendo que él también puede equivocarse fácilmente. Esto es algo que tiene directa relación con lo planteado al principio del disco con “Wesley’s Theory” y el sarcástico sample que afirma que “todo negro es una estrella”. En dicho tema, se alude a la historia de Wesley Snipes, un actor negro que fue “prostituido” por los medios y la industria, para luego ser condenado a tres años de cárcel después de ser acusado por fraude al fisco. Amarrando aquel discurso, “Mortal Man” se descifra con una canción del legendario Fela Kuti puesta en el fondo (en rigor, el sample se extrae de la versión que el saxofonista Houston Person hace de “I No Get Eye For Back”, original del rupturista artista nigeriano creador del afrobeat), para llegar a KENDRICK LAMAR 02completar el total del poema recitado en el ancho de este trabajo, sirviendo también como la entrada de un montaje que pone a conversar a Kendrick con Tupac (la parte del fallecido compositor se saca de una entrevista que aquel diera para una radio sueca en 1994) sobre sus vidas, el racismo, el clasismo, sus motivaciones, el panorama de la resistencia negra, sus impresiones del negocio discográfico y, ciertamente, sobre “To Pimp A Butterfly”.

Kendrick Lamar, siendo “el más grande hipócrita de 2015” (“The Blacker The Berry”), nos entrega una pieza de arte descomunal, al nivel de esas composiciones que pueden cambiar para siempre el rumbo de un género. Ahí, donde las letras parecen ocupar un espacio estelar en el álbum, los sonidos se advierten como la estructura fundamental en el mismo; “To Pimp A Butterfly” es rap y jazz; es funk y soul; es psicodelia y palabra hablada que cuenta entre sus colaboradores a bestias de la música como George Clinton. Es, en definitiva, el nuevo y consciente King Kunta del hip hop.

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El Álbum Esencial: “Corazones” de Los Prisioneros

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Corazones

“Corazones”, el cuarto álbum de Los Prisioneros, puede ser considerado como el primer registro solista de Jorge González, luego de que Claudio Narea abandonara la banda un año antes del lanzamiento de su lanzamiento y sólo Miguel Tapia permaneciera a su lado, sumando a la alineación oficial a Cecilia Aguayo, miembro del grupo performático Las Cleopatras, quien ni siquiera era músico, pero González decidió hacerla parte del grupo por su carisma, alegando que, si no sabía tocar, podía aprender a hacerlo. Aguayo se sumó a Los Prisioneros como la encargada de los teclados durante la época en que la emblemática banda de la comuna de San Miguel dejó de lado el rock y el punk para caer de lleno en el pop y la electrónica, dando vida a un conjunto de canciones que sembró el camino para una serie de artistas que en la actualidad son referentes absolutos del pop chileno.

Alex Anwandter, Javiera Mena, Ases Falsos, Gepe, entre otros, deben su sonido a lo que hizo González en “Corazones”, una placa que se adelantó a su tiempo y, de forma maestra, dio un giro a la fórmula de Los Prisioneros para realizar un disco que es pura visceralidad y sentimientos. No es que antes no hayan jugado con estos sonidos; ya en “Muevan Las Industrias” o en la mismísima “El Baile De Los Que Sobran” los sintetizadores tenían gran presencia dentro de la mezcla, pero en esta ocasión los teclados, samples y percusiones digitales tomaron la batuta para secundar las desgarradoras líricas de Jorge González, que van desde la amargura del desamor hasta la crítica a una sociedad que cada día busca parecerse –hasta el día de hoy– a la imagen idealizada de la sociedad yankee. Como siempre, Jorge González dio en el clavo en cada uno de sus descargos, en composiciones cuyo mensaje se mantiene vigente hasta nuestros días, como ocurre con casi todas las canciones de Los Prisioneros.

El LP abre con “Tren Al Sur”, uno de los cortes más memorables en la historia de la agrupación, el que además funciona como transición perfecta entre el pasado y el presente del grupo, dejando que el charango acompañe a la melodía principal y a un coro honesto y conmovedor, del que es imposible no hacerse parte. Durante los próximos dos cortes el viaje se vuelca completamente hacia lo romántico, entre postales de amor ideal en la bella “Amiga Mía” o imágenes llenas de pasión e intimidad, como en la bailable “Con Suavidad” y el suspirado “preciosa” con el que González da la partida a una de las canciones más representativas de la revolución sonora que significa para el pop chileno el disco “Corazones”.

Si se echaba de menos la crítica dura y sin pelos en la lengua, “Corazones Rojos” puede ser considerada uno de los manifiestos más duros que el grupo ha parido. Como una especie de crudo discurso machista, la canción sirve como un llamado a las mujeres para que despierten y hagan valer su rol dentro de la sociedad. En su época sacó chispas entre quienes no entendieron el mensaje detrás de líneas como “En la casa te queremos ver, lavando ropa, pensando en él / Con las manos sarmentosas y la entrepierna bien jugosa”, pero finalmente “Corazones Rojos” se erigió como una de las canciones más sólidas y poderosas en la historia de Los Prisioneros.

Sigue en la lista “Cuéntame Una Historia Original”, cuyo coro juega con el cinismo de aquellos que dicen sufrir como nadie y saber cómo es la vida, pero son los más ilusos. Otro gran hito del larga duración lo marca “Estrechez De Corazón”, quizás la canción romántica más recordada de la banda junto a “Para Amar”. Dueña de otro coro brutal, esta composición muestra la faceta más melodramática y visceral de Jorge González, acompañada de sintetizadores grandilocuentes que dan un aire de romance fatal, tal como lo hacían personajes como Raphael en sus sufridas composiciones, del que Jorge González era un ferviente admirador. Sin lugar a dudas, uno de los himnos inmortales del trío. “Por Amarte” va por los mismos senderos: doliente y quejumbroso.

“Noche En La Ciudad (Fiesta!)” es el Jorge González de “Lo Estamos Pasando Muy Bien” o el de “Brigada De Negro”: ácido y lleno de ironía y sarcasmo, mofándose duramente de la sociedad conservadora que quiere pintarlo todo color de rosa, apartando “al descarriado” con tal de mantener una imagen ordenada y pulcra. “¡Orden, moral!”, gritaba el vocalista, en una época donde los militares habían abandonado el país, pero su doctrina seguía más presente que nunca. Lamentablemente, a la fecha las cosas no han cambiado mucho.

De la fiesta artificial pasamos a la canción más extraña de la placa y de toda la discografía de Los Prisioneros. “Es Demasiado Triste” es el corte más desgarrador, más sufrido, incluso patético, que ha salido de la mente y alma de Jorge González. El último tema que presenta “Corazones” es tan real y gemebundo, que hasta musicalmente suena a un espiral en descenso, como un castillo que se derrumba y cuya destrucción no conoce final, mientras el fade out y el descarnado verso “Este maldito amor le gusta reírse, reírse en tu cara”, que González repite una y otra vez hacia el final de la canción, dan por finalizado un disco donde el baile y el llanto se encuentran constantemente a lo largo de nueve memorables canciones.

“Corazones” y su legado se mantienen vigentes en la música de numerosos artistas chilenos contemporáneos, músicos que se alimentaron de su sonido y liricas para dar vida a una escena que hoy vive su mejor momento. A pesar de que el grupo terminó su época de gloria con este LP, “Corazones” se mantiene en la historia como uno de los mejores lanzamientos de la música popular chilena, cuyas canciones contienen un mensaje que aún se encuentra vigente y un sonido que, pese a los años, se sigue oyendo fresco y lleno de energía. Para nosotros, “Corazones”, la obra magna de Jorge González, es un álbum esencial.


Artista: Los PrisionerosCorazones

Disco: Corazones

Duración: 45:26

Año: 1990

Sello: EMI Records / Odeon


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