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Katie Von Schleicher – “Consummation”

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Las limitaciones jamás han sido un impedimento para Katie Von Schleicher, por el contrario, se convirtieron en su sello. Para su debut, “Shitty Hits” (2017), la cantante utilizó una grabadora de casete de cuatro pistas, logrando crear un íntimo trabajo con las características que implica la música lo-fi. Tres años después, su nuevo trabajo, “Consummation”, logra pulir su sonido sin perder el atmosférico espacio que la distinguió desde un comienzo, y también realizar un difícil ejercicio: entregar composiciones tanto delicadas como desconcertantes.

Siguiendo con la ambientación sombría de sus primeros materiales, la cantante da el inicio con “You Remind Me”, una fantasmagórica balada folk narrada a través de un atrapante falsete, navegando entre el indie neoyorkino y las películas clásicas de suspenso. Si bien, la íntima atmósfera se mantiene, su voz y las guitarras son claras haciendo de este un trabajo más directo que sus antecesores. Temáticamente, el corte advierte la ruptura por venir a través de inquietantes imágenes: “Una mano y mis dientes en la jaula, nos equivocamos juntos en esto”.

Inspirada por una lectura alternativa al clásico filme “Vertigo”, de mano de la autora Rebecca Solnit, quien en su libro “A Field Guide To Getting Lost” reinterpreta la obra de Alfred Hitchcock desde el punto de vista de la mujer asechada y no desde la obsesión del hombre, la compositora explora aquellas conductas tóxicas que pasan como gestos románticos en su propia relación. Esta inspiración se refleja musicalmente en la cinemática “Brutality”, uno de los cortes más alarmantes, donde, a pesar de la suavidad de su canto, su rabia acumulada se percibe con la triunfadora combinación de guitarras eléctricas, percusión y rugientes sintetizadores que ayudan a visualizar el oscuro escenario.

“Consummation” suena más grande que cualquier cosa que Von Schleicher haya hecho. “Wheel” rompe con la zona de confort de baladas en piano a las que acostumbra, con una limpia producción vocal, que es acompañada por rítmicas cuerdas eléctricas y un sintetizador que vitalizará la totalidad del disco.  En “Loud” lleva su rango vocal hasta sus límites, donde su falsete logra brillar con el paso de la canción, mezclando riffs clásicos del indie con un desempeño vocal sacado de una ópera, en un corte new wave que es decorado por un atrapante juego entre los teclados y la percusión. “Caged Sleep”, quizás el tema más expansivo del disco, presenta un ansioso ritmo que explota con su voz en el refrán: “¡Quiero ganar!”.

Si bien, la mencionada lectura de “Vertigo” sólo fue el punto de partida de su inspiración para el disco, el carácter chamber pop le agrega un tono cinemático a gran parte de las canciones. Sumado a la destacada “Brutality”, “Nowhere” encaja con contemporáneas como Angel Olsen, en una dulce, oscura y dramática pieza; un embrujado cuento infantil, donde elementos del ambient ayudan a generar la inmersión completa en este sombrío paisaje que tiene sus momentos de luz gracias al luminoso coro. “Strangest Thing” cambia el falsete por el lamento en sus tonos más graves, en la canción más corta del disco, como el interludio de una macabra película animada. Este ambiente tétrico llega a nuevos niveles en “Power”, donde risas de murciélagos acompañan su suave voz, logrando combinar los elementos del indie al añadir rugientes cuerdas electrónicas que le agregan dramatismo al corte.

El cierre a cargo de “Nothing Lasts” es una dulce balada que acepta el fin de la relación y de lo aguantado, con un explosivo coro que explora la producción pulida a la que apunta desde ahora. Para cuando el disco termina, no se puede evitar sentir que Katie Von Schleicher es más autoconsciente de lo que se le acredita, con un guiño musicalizado que da a entender que no se toma tan en serio como el dramatismo de su música sugiere. La exploración más allá de las limitaciones que presentaban sus primeros proyectos, le han abierto las puertas a dejar las sutilezas de lado y presentar en “Consummation” un trabajo que mantiene lo atmosférico y lo vulnerable al mismo tiempo que explota sonoramente.


Artista: Katie Von Schleicher

Disco: Consummation

Duración: 37:45

Año: 2020

Sello: Ba Da Bing Records / Full Time Hobby


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El Álbum Esencial: “Gentlemen” de The Afghan Whigs

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Gentlemen

R&B metido en el rock con aspiraciones mainstream, hombres reconociendo errores, creatividad mezclada con generosidad, una vocación digna del salmón para nadar contra la corriente, y una conciencia adulta y comprometida. Todos estos factores se conjugaron para convertir a “Gentlemen” en uno de los discos más relevantes de una época que no le reconoció ese estatus en su momento, pero que, con la perspectiva que entrega la distancia temporal, va quedando poco a poco como uno de los bastiones escondidos de una época que fácilmente fue minimizada y estigmatizada, y que tuvo mucho más que grunge y britpop.

Hoy, es natural encontrar en la música negra a un componente esencial de los quiebres rítmicos y sonoros que hacen más rico el panorama de las canciones, pero esto tiene directa relación con la preponderancia alcanzada por el hip hop, y también por el surgimiento de intérpretes que revalorizaron el R&B para el pop. A finales de los 80 esa mezcla no era algo que impactara en el rock, pero Greg Dulli fue formado con esa impronta, viendo en figuras como Al Green, Stevie Wonder o Prince a verdaderos ídolos y, pese a vivir en un lugar conservador, sabía que en el movimiento de las caderas y el groove de un bajo bien instalado había una energía que superaba las diferencias.

Incluso al propio Dulli le costó instalar esta mezcla en su sonido característico. Le tomó un par de discos, muchos conciertos y algunas peleas notar cómo el rock de The Afghan Whigs necesitaba esa cadencia para expresar lo que se hacía urgente. En medio de franela y pelo largo, Dulli y los suyos se ponían trajes, se peinaban y combinaban. Nada de eso les quitaba potencia y se ganaron una reputación tal con ello, que saltaron desde la en ese momento quebrada, pero emblemática etiqueta Sub Pop, hacia el sello Elektra. En medio de un crecimiento basado en la diferencia, esos desencuentros hicieron que Dulli quebrara una relación y esas serían las vísceras desde las cuales “Gentlemen” se haría carne.

Aunque el disco tiene una mirada prominentemente masculina, Dulli escribe y piensa en el álbum como una forma de examinar de forma brutal las relaciones humanas, alejándose de los eufemismos y de la mentira del amor romántico. Aunque ahora existe un conocimiento de cómo la dinámica hollywoodense de pareja es algo construido, pocas veces se había puesto bajo la lupa, en especial desde una visión que ve en el hombre a un ente multidimensional que no sólo sufre, sino que hace sufrir, y que no busca una retribución o un regreso al pasado, sino que sencillamente acepta que se equivoca. Aunque no es explícito en ello, Dulli en “Gentlemen” aborda las aristas de la naturaleza de lo masculino, lo que culturalmente se le asocia, los roles que debe tomar, y mucho más. Más aún: en el disco la voz de un hombre dominante es la que poco a poco se va apagando para dar paso al acto de escuchar. No sólo existe una alquimia que transforma el vital rock de The Afghan Whigs en algo sabroso, sino que la mezcla involucra las voces y los hablantes que se disponen. En vez de dejarse llevar por el ego, está el mérito amplio de entender lo que el disco y las canciones requieren.

Desde el rol que se debe jugar (“Gentlemen”) se pasa al contraste entre lo que se espera románticamente y lo que el sentido más bruto quiere (“Be Sweet”). Las fachadas se caen en “Debonair” justo antes de la separación (“When We Two Parted”), el intento de recaída (“Fountain And Fairfax”) y el bloqueo interior inaguantable (“What Jail Is Like”). Una acrobacia de sentimientos que quiebran al hablante, que queda a merced de, por fin, escuchar. Y eso ocurre cuando Dulli le deja el micrófono a Marcy Mays, quien canta en “My Curse”, y lo hace dejando en claro que, aunque el hombre tenga un dominio dado por múltiples instancias, siguen existiendo posibilidades de igualar el campo y que el opresor sea oprimido –donde más le duele–. Con esa revelación viene “Now You Know”, acusando recibo y quitando del camino el pasado.

Este es un arco casi conceptual, pero se da con fluidez y sin elementos forzados. Quizás tiene que ver que en una sola noche Dulli hizo las voces de seis canciones, pero es más que eso. Hay un entendimiento de cómo las relaciones decaen y de la estética que la banda necesitaba disponer en un disco. “Gentlemen” enfrentó las tendencias de géneros más estáticos y dispuso el soul al servicio de la rabia de una guitarra distorsionada, o al R&B como pauta para la sección rítmica.

Viendo cómo el disco se desenvuelve, no es extraño que se rinda un homenaje a los sonidos que lo sostienen con un cover de “I Keep Coming Back”, popularizada por Tyrone Davis. En vez de usar sus palabras, Dulli entiende que existe alguien que expresa mejor eso, y a él le queda interpretar para dejar casi como si fueran los créditos el final con “Brother Woodrow”, un instrumental que parece soundtrack de película, abriendo el abanico de sensaciones.

En un álbum que busca representar prácticas masculinas, es el hombre el que queda poco a poco sin voz para dar paso a otras, otros, y al acto de oír al resto. Despojado de la carga omnipresente del ego, existe un crecimiento palpable, y donde otros hurgaban en sensaciones adolescentes de rabia y angustia, The Afghan Whigs se hace de un disco que tuvo mucho más en juego y que recién en este presente de perspectivas más conscientes se puede ver cómo intentó cambiar reglas y, más importante, mostrar el camino que se podía seguir. Lástima que no se enteraran por allá en 1993.


Artista: The Afghan Whigs

Disco: Gentlemen

Duración: 48:56

Año: 1993

Sello: Elektra Records


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