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Kasabian – 48:13

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Después del arrollador éxito obtenido por Kasabian gracias a su primer álbum homónimo de estudio de 2004, emprendieron hace años un largo camino de definición sonora que se ha desplazado por enrevesados y, en ocasiones, poco claros senderos. Esto último explica que, de ahí en adelante, todo lo que de los ingleses se espera cuando han anunciado la elaboración de un nuevo material de estudio, movilice las expectativas del público hacia el pantanoso terreno de las incertidumbres y las improbabilidades. Sabemos que aquello que caracteriza a Kasabian está a medio camino entre unos pegadizos y rotundos riff de guitarras, acompañados de un colorido juego de sintetizadores, que hace las veces de un rockdeslavado pero profundamente oscuro. Y esa es probablemente la marca registrada de la banda liderada por Sergio Pizzorno.

KASABIAN 01“48:13” se titula el quinto trabajo de la banda, con un disco en el que crea un colorido cuadro musical que suena esencialmente electrónico, a ratos inusualmente experimental y, sin duda, profundamente psicodélico para una banda acostumbrada a ecuaciones sonoras más bien sencillas. El disco transita en sus precisos 48:13 minutos de duración (lo que le otorga su título) entre sonidos eléctricos y bailables, en medio de temáticas que nos hablan de la fragilidad de las relaciones humanas en el mundo contemporáneo en “Bumblebeee” y “Explodes”; la alienación del hombre por los medios de comunicación de masas en la historia de “Stevie”, canción que se inicia con unas cuerdas que rememoran a “Eleanor Rigby” de The Beatles y que lentamente se va inflamando hasta explotar en un coro que nos recuerda que cada día es una nueva batalla; y la condición inhumana de una sociedad sedienta de poder en “Eez-eh”. Es esta una incitante propuesta que se inclina por la exploración, pero que al carecer de austeridad, sufre de delirios de megalomanía sonora en reiterados pasajes. No obstante a ello, Kasabian nos muestra que no tiene problemas en esclarecer e integrar sus influencias en un disco que devela hasta dónde están dispuestos a llegar.

“(Mortis)” es un interludio instrumental de corta duración, que se emparenta y que da paso a una profusamente bailable “Doomsday”, tema definitivo de este álbum. Esta canción, y en cierta medida la que sigue, “Treat”, develan y sintetizan lo que el disco es: una incitante simbiosis entre electrónica, psicodelia y guitarras a máximo volumen a punto de estallar. Trazos de influencias del rock experimental de los sesenta se oyen en “Glass” para rápidamente recuperar el patrón común del disco en torno a los sonidos electrónicos fuertemente cargados a los efectos psicodélicos en “Explodes”.

KASABIAN 02El disco hace una pausa en un brevísimo interludio titulado “(Levitation)”, para reaparecer ahora con guitarras, baterías y distorsionadores en una no poco reconocible “Clouds”. Sin embargo, esta segunda fase del disco poco y nada tiene que ver con lo que escuchamos antes al romper el patrón energizado de la primera parte. Nos desplazamos hacia las influencias hiphoperas de la banda con “Eez-eh”, pasamos luego nuevamente al sonido eléctrico en “Bow”, para desaparecer en una apagada balada que contiene un tenue romance entre una lenta guitarra, una calmada batería y unos esperanzadores coros que despiden al disco con “S.P.S”.

Terminó la incertidumbre. Para bien o para mal, los no pocos 48 minutos y 13 segundos del disco son suficientes para exponer la faceta más electrónica de Kasabian mostrada hasta la fecha. Enmarcados en la estética de un sonido indie fuertemente electrizado, la banda sigue buscando su centro. Es este un disco atendible, sin embargo, está muy lejos de ser imprescindible pensando en trabajos previos de la banda. Pero si algo está claro, es que al menos la identidad de Kasabian no le teme al cambio, ni menos a la aventura.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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