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Julian Casablancas + The Voidz – Tyranny

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Para quienes siguieron atentamente la renovación del rock desde 2000 de la mano de The Strokes, agrupación que perfiló, de cierta manera, los límites sonoros y estéticos del género del siglo XXI, debe resultarles extraño y problemático el acto de pensar a Julian Casablancas embarcado en un nuevo, pero no menos arriesgado, proyecto en solitario. El frontman de los aún vigentes neoyorkinos de The Strokes, es acompañado desde finales de 2013 por The Voidz, una banda bastante ajustada a los propósitos exploratorios y experimentales de Casablancas, aunque sin poseer ni la armónica identidad ni el marcado vigor de los primeros. Por otro lado, no deja de ser menos cierto que, ante el evidente declive creativo de The Strokes en “Angles” (2011) y en “Comedown Machine” (2013), sumado al cuestionable primer proyecto en solitario de Julian con “Phrazes For The Young” (2009), este último disco sea recibido en medio de una extraña sensación, definida por la polaridad entre la desconfianza y la expectación.

JULIAN CASABLANCAS + THE VOIDZ 01Con todo, “Tyranny” es un trabajo ambicioso y ecléctico, cargado de sonidos y de influencias múltiples. Desfilan a lo largo del disco, sin demasiada coherencia ni unidad, canciones que nos recuerdan al post-punk ochentero, riffs que bien podrían provenir del mejor hard rock, aceleración en las rítmicas muy próximas a un sonido metal y una actitud de desgano calcada del movimiento punk. Todo ello configura un producto donde las nuevas propuestas abundan, pero la precisión desaparece.

La obertura del disco la realiza “Take Me In Your Army”, una composición oscura y sintética, que arroja sobre un terreno más experimental que concreto, pensando en el pasado musical de Casablancas. Por su parte, “Crunch Punch” es chispeante y pegadiza, de fuerte influencia strokeana, que se encarga de proyectar la fiesta y el caos sonoro que sigue. Así, el desorden y descontrol viene de la mano de “M.utually A.ssured D.estruction”, un tema con guitarras violentas y una batería pesada y profunda, que habla sobre la imposibilidad de un sentimiento de tranquilidad en medio de un mundo caótico y oscuro: “Ahora, los malos sentimientos me invaden como olas”. Un experimento de comienzo a fin se escucha con “Human Sadness”, canción que sobrepasa los 10 minutos y que viene cargada a la música electrónica, donde distintos sonidos, ruidos y guitarras se entremezclan con una desgarrada voz de Casablancas. “Where No Eagles Fly” es una composición marcadamente en la onda del post punk, donde un riff pegadizo se une a un bajo dinámico y a un teclado de fondo.

Con “Father Electicity” regresamos a la experimentación de Casablancas, al encontrarnos con un track cargado a un extraño juego entre beats modernos y ritmos intensos; eso sí, una apuesta no tan lograda como la de “Human Sadness”. Encontramos a “Johan Von Bonx” y a “Bussines Dog”, dos canciones fuertemente emparentadas, que rozan a The Strokes al emular unas guitarras enérgicas pero bien definidas, ello acompañado de un bajo que marca el fondo musical y una batería que se acopla pesada pero sencilla. Ciertamente lo más strokeano del disco. “Dare I Care” desentona en el cierre del disco, aunque no más que “Xerox” y “Nintendo Blood”, dos canciones que, sacadas de la JULIAN CASABLANCAS + THE VOIDZ 02imaginación de Casablancas, vienen cargadas a la percusión, envueltas en un sonido sintético lleno de experimentación. Con ejemplos como estos, uno comprueba por qué los fans ansían con ímpetu la vuelta de Casablancas a la banda que lo vio nacer. El disco lo cierra una melancólica, apagada y tétrica “Off To War…”, una composición que pone fin al amplio abanico sonoro recorrido a lo largo del disco, y que, se quiera o no, dejará pensando en el propio mundo que nos rodea.

Nadie podría poner en duda los pergaminos de Julian Casablancas, por lo demás, el acto de arriesgarse en proyectos nuevos y desplazarse lejos de su zona de confort con The Strokes, es una iniciativa que merece ser reconocida. Con todo, “Tyranny” contiene una paleta sonora diversa, que explora algunos terrenos ya recorridos por Julian y otros que no. Lo cierto es que es una placa que llama la atención por la curiosidad de ver nuevamente a una parte de The Strokes rodando en solitario, más que por la consistencia y solidez del trabajo realizado.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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