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John Zorn – “The Garden Of Earthly Delights”

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Quienes tienen la osadía de acometer con oído crítico la activa biografía musical de John Zorn, entran en un territorio de reglas extrañas, donde innumerables y desconocidas posibilidades se entremezclan para crear un universo sonoro tan inmenso como confuso. Inclasificable, por decir lo menos, Zorn es sin lugar a dudas un artista conocedor de la potencia de la fusión musical basada siempre en conceptos amplios y dialogantes. Es por ello que no resulta extraño verificar la abundancia de puentes que con su saxofón ha establecido hacia el mundo musical. Jazzista de formación, el norteamericano ha conectado los sonidos y las emociones en complejos y simbólicos trabajos de estudio desde hace más de 35 años.

“The Garden Of Earthly Delights” (El Jardín de las Delicias) es un disco inspirado en la obra de uno de los máximos representantes de la pintura flamenca del siglo XVI, conocido como El Bosco. Dicho trabajo es un óleo de un gran contenido simbólico, que detalla a través de figuras extrañas, cómicas y satíricas para la época, la transitoriedad de la vida humana representada en el Edén, el Jardín de las Delicias y El Infierno. De este modo, Zorn nos presenta un disco complejo y dramático, repleto de imaginería histórica, donde la trama sonora y las composiciones construyen elaborados esquemas musicales con ejecuciones atrevidas e impecables.

La placa se inaugura con “Angels And Devils”, una composición repleta de formas musicales provenientes del jazz fusión, donde lo caótico toma vuelo en medio de guitarras distorsionadas, asonadas de batería que bien juegan con la tensión instrumental que aporta un teclado perfectamente ejecutado. Elementos polares y antagónicos toman fuerza y dan paso a “The Infernal Machine”, tema que comienza apaciguado y calmo, despuntando a medio camino hasta provocar un crescendo sonoro donde el bajo toma protagonismo al llenar el espacio musical, mezclándose con una guitarra muy próxima al metal. “The Dragon Tree” se muestra misteriosa y enigmática; el tenso diálogo producido entre los instrumentos activa el corazón, pues es una pieza llena de aceleraciones. “Paean To The Prince Of Hell” señala un respiro y un descanso, es el tema que marca la transición desde el ensueño del Edén hacia el Jardín de las Delicias, es decir, hacia aquel espacio donde el humano ha sucumbido en el pecado y se dirige hacia la perdición de su existencia. “Music Of The Flesh” presenta una floydiana introducción de más de tres minutos, avanzando y y elevándose a un clímax que bien recuerda los mejores solos de batería de John Bonham en Led Zeppelin o de Ginger Baker en Cream. Su epílogo y tercera parte está dado por la serenidad y la tranquilidad instrumental.

“Eve And Adam” se encuentra perfectamente musicalizada, en la medida que los sonidos expresan la contradictoria naturaleza humana, o sea, entre el milagro de la existencia y la radicalidad de sus culpas. Una pieza reflexiva, donde la guitarra y el teclado hablan por sí solos. “Mirror Image”, por su parte, es energía pura con slides de guitarras estremecedores y rotundos, con una batería enérgicamente azotada para dar vida a una composición llena de ritmos y de sentido musical. A ratos se aproxima a una identidad blusera en la medida que la guitarra pareciese hablar y expresarse, sin palabras, obviamente. “The Garden Of The Earthly Delights” representa el centro o punto de llegada del concepto que Zorn intenta ilustrar. Misterio, lentitud, introspección, calma y sigilo la caracterizan y la sitúan en uno de los puntos más altos del trabajo. “The Circuit” es agilidad y caos; distorsión y estremecimiento; fusión y vanguardia. “Out Of The Eternal Sphere” representa el epílogo del camino; es la única canción donde una voz recorre las notas y lo hace para instalar un coro desgarrador y adolorido. Sin duda, la imagen del Infierno aparece nítida y clara.

Representar conceptos venidos de las artes visuales y transformarlos en sonidos y melodías es un trabajo que no cualquiera realiza de manera rotunda y creíble. Experimentos de esta naturaleza existen por montones, desde las abundantes referencias de Pink Floyd en sus primeros años, hasta las actuales musicalizaciones que Muse ha aportado al campo del rock. La banda Sigur Rós y el aclamado Thom Yorke ciertamente van en la misma senda. Pues bien, sin ánimo de más grandilocuencia y megalomanía, John Zorn nos entrega una placa adecuadamente ejecutada desde lo instrumental, pero probablemente lo más relevante no sea eso, sino la capacidad y sensibilidad del multifacético artista para transformar en sonido aquello que vemos. Es este un disco que, sin lugar a dudas, aportará una experiencia estética a quien lo oiga.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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