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John Frusciante – Letur-Lefr

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Tuvieron que pasar tres años, desde “The Empyrean” (2009), para conocer la nueva apuesta musical del multifacético John Frusciante, quien regresa con un EP de cinco canciones, que lleva por nombre “Letur-Lefr”. El trabajo será editado bajo el propio sello del artista: Record Collection Music y estará disponible en múltiples formatos, incluyendo el añorado cassette. Dentro de la variedad de roles que el artista asume en este disco, se cuentan sus labores como productor, diseñador del arte gráfico de la portada, además de ser el responsable de todos los instrumentos.

Este trabajo no será el único material que el artista tiene preparado para 2012, ya que para septiembre está agendado el lanzamiento del LP “PBX Funicular Intaglio Zone” y antes de esa entrega se liberará de forma gratuita el tema “Walls and Doors” (que no será incluída en el LP). Las grabaciones de Letur-Lefr corresponden a 2010, mientras que PBX fue concebido en 2011. Según palabras del propio Frusciante, el EP corresponde a una selección de la música que realizó ese año, mientras que el LP desde un principio fue pensado como un álbum. Ambos discos son muy diferentes el uno del otro.

El disco comienza con “In Your Eyes”, que desde sus primeros acordes deja en evidencia la incorporación de elementos más electrónicos, pero en donde se mantiene una línea melódica en base a sonidos suaves. En este corte colabora Nicole Turley (baterista de Swahili Blonde) aportando con la voz de apoyo. “909 Day” se presenta de inmediato como una canción más cercana al hip-hop, pero en donde, a medida que transcurre, vuelve a asumir el protagonismo el sintetizador. Esta pieza cuenta con la colaboración de las voces de RZA (Bobby Digital), Leggezin Fin, Masia One y Kinetic 9 (también conocido como “Beretta 9”). Llega el turno de la canción más corta del EP, “Glowe”, tema instrumental que funciona como una suerte de improvisación de múltiples estilos, pero que no aporta mucho al desarrollo de la placa. Vuelven a aparecer los sonidos rap/hip-hop de la mano de “FM”, en donde todos los créditos se los llevan los MC que aparecían superficialmente en “909 Day”, además de Rugged Monk, y en donde la voz de Frusciante sólo aparece en los coros. El cierre queda a cargo de “In My Light”, que repite la fórmula desplegada en el primer track, con una marcada predominancia de la música electrónica, además del aporte del característico registro de Frusciante, y algunas pinceladas de rap que entrega RZA.

“Letur-Lefr” propone un cambio de estilo respecto a lo que nos tiene acostumbrado John Frusciante, incorporando sonidos más cercanos a la música electrónica, con algunos matices de hip-hop y rap que aportan los MC que colaboran con la placa. Nadie puede poner en tela de juicio el talento del ex Red Hot Chili Peppers, sin embargo, lo más probable es que este trabajo no deje tan satisfecho en una primera impresión, y la principal razón de este fenómeno es que en varios pasajes del álbum el protagonismo es delegado en otros elementos. A medida que se vuelve a escuchar, empiezan a encajar de mejor manera los sonidos clásicos de Frusciante con la mixtura de estilos que aportan sus colaboradores.

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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Alejandro Torres

    10-Jul-2012 en 11:38 pm

    Me gustó, no al nivel de lo más “clasico” como curtains o shadow…pero tiene su encanto, sobre todo despues de la 2da escuchada.

  2. Eduardo

    16-Jul-2012 en 11:01 pm

    No me gustó…se aleja de lo que es John Frusciante. Otro de sus caprichos musicales, que esperemos se le pase y vuelva a los Red Hot. Que eso de viejo electronico a la moda no va con el.

    • señor mapache

      18-Jul-2012 en 8:22 am

      John Frusciante será lo que John Frusciante quiera ser, un artista no puede quedarse estancado.

      El disco es muy bueno, cada vez me gusta mas, pero creo que no llega al nivel de perfección del Empyrean

  3. Paolo

    19-Jul-2012 en 2:13 pm

    Me encanta la discordia que se da con los discos de John entre sus fanaticos, me quedo con el Inside y el The Will

  4. Felix

    07-Ago-2012 en 2:13 pm

    Me gusta este compadre por que es consecuente. Como alguien dijo por ahi: “John Frusciante sera lo que John Frusciante quiera ser”, muchos lo piden de vuelta en Red Hot pero mientras el no sienta convencimiento de dar rienda suelta a su creatividad en una banda tan apoteósicamente gigantesca como los Peppers, no vale la pena.

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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