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James Blake – “The Colour In Anything”

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La aparición relativamente nueva de James Blake en la industria musical partió con pie derecho en 2011, al aventurarse con un sonido experimental que permitió identificarlo como un singular representante de la escena post-dubstep. Incluso la maldición del segundo disco era sepultada en 2013 con “Overgrown”, trabajo con el que logró afirmar una actitud musical aún mejor recibida, y que sentó influencias perdurables. Ya en diciembre de 2014 el tercer disco era anunciado y, sin embargo, tardó en llegar a nuestros oídos. La duda era el camino. Luego de haberse dado a conocer y parado sobre terreno firme, lo que siguiera podría ser más de lo mismo o algo totalmente ajeno. Pero sin defraudar, o mejor dicho, extendiendo la evidencia de sus capacidades, Blake demuestra ser fiel a los conceptos anteriormente sembrados, cosechando en esta oportunidad un disco particular y sobre todo honesto, en donde se pasea por las zonas más lúgubres de un sentimiento relacionado con la pérdida y distanciamiento entre dos personas que alguna vez se amaron.

james-blake-01El relato es doloroso en todas sus formas, y habla sobre un proceso de separación desde el principio hasta el final. Se luce con célebres colaboraciones que contemplan a Justin Vernon (Bon Iver) en la sobrecogedora “I Need A Forest Fire” y Frank Ocean en “My Willing Heart”. Incluso Kayne West había estado inicialmente considerado. Como es habitual, las líneas del piano crean atmósferas nostálgicas que sostienen ritmos sombríos. “Radio Silence”, por ejemplo, introduce a este estado en donde las armonías vocales  juegan un rol importante al tiempo que repiten “no puedo creerlo, no quieres verme”. Se piensa, entonces, una referencia inesperada pero atractiva a “I Hope She’ll Be Happier” de Bill Withers (“no puedo creer que no quiera verme / hemos vivido y nos hemos amado por tanto tiempo”).  El uso de loops y armonías íntimas siguen marcando la senda en “Points” y “Love Me In Whatever Way”, muestra del oscuro sentido de las relaciones humanas cuando se ven viciadas: “Dime a dónde tengo que ir / y luego ámame allí”.

La tripleta inicial genera altas expectativas y habla de un trabajo que se sustenta y atrae, sin embargo, se presume que escucharlo hasta el final de una sola vez no es un ejercicio tan fácil de realizar, más aun considerando la duración algo exagerada de 76 minutos. Cuesta un poco digerir la cantidad de información entregada, que es cuantiosa, y el lenguaje sonoro es extravagante. Pero sobre el mismo hecho radica la calidad de su sustancia, pues en los detalles se aprecia la riqueza de los elementos que componen la música de Blake. Hablar de un solo género musical es incluso reducir demasiado, puesto que la cantidad de mezclas va desde estilos más clásicos como el jazz o el soul, mientras que recoge partes de R&B, trip hop, e incluso llegando a tocar alguna rama de góspel. Todo esto en diálogo con la “electrónica”, reproduce un sonido moderno que va siendo actualizado mediante la experimentación.

james-blake-02Algo de esta sonoridad experimental se aprecia en “f.o.r.e.v.e.r.”, que viene a jugar un papel de tipo balada común. En tanto, “Put That Away And Talk To Me” reúne una serie de elementos que puestos por separado bien podrían ser nada más que ruidos triviales. “I Hope My Life (1-800 Mix)” es una de esas canciones que evidencian la diversidad que habita el álbum, pues el ritmo adopta formas new wave haciendo guiño a una electrónica más ochentera, aunque sin perder la esencia de su frescura característica. Muchas emociones se transmiten mediante los quiebres vocales de Blake, y en “Choose Me” el desgarro llega a su más alta expresión. En tanto, “The Colour In Anything” cautiva con las armonías de un piano triste y se destacan técnicas de grabación doble que recuerdan a temas como “Retrograde” de 2013. El álbum va reflexionando un final acompañado de letras que dan por entendido el término inminente de la relación amorosa y la asimilación de una nueva realidad. Así, en “Modern Soul” Blake dedica un significativo outro a cantar “quiero que termine, quiero que termine”. “Meet You In The Maze” es la encargada de dar cierre a la trama mediante un tono robótico cantado a capela. La voz se encuentra intervenida por sintetizadores, pero no pierde su peso emocional ni su profundidad.

Al analizar la escucha en su totalidad, es posible darse cuenta de que el disco entero es una especie de trance, o un viaje bien condimentado por una diversidad de elementos que Blake logra mezclar de manera inteligente. Los ritmos hipnóticos, el clásico downtempo aprovechado de vetas trip hop, los beats magnéticos acompañados de líricas afligidas, los sonidos melismáticos, todo tamizado por técnicas digitales, son a estas alturas pasadizos altamente transitados por el músico inglés que, sin viciar ni disgustar, hacen gala de un talento probado y comprobado a sus inmejorables 28 años.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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