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Boarding House Reach Boarding House Reach

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Jack White – “Boarding House Reach”

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Pasaron casi cuatro años para que Jack White volviera a entregar un nuevo álbum de estudio, el que mantenía a todos expectantes luego del tibio recibimiento que obtuvo “Lazaretto” (2014). Ahora, apoyándose con un reforzamiento en su equipo de colaboradores en el estudio, White quiso traer a la vida un montón de ideas que tenía en su mente, interpretándolas de manera cruda y primitiva, sin mayores arreglos de por medio, Las expectativas eran altas para lo que el mismo White denominó como su “álbum más extraño a la fecha”, lo que se cumple absolutamente luego de conocer el resultado final de “Boarding House Reach”, un trabajo donde el oriundo de Detroit pasea al oyente por diferentes estilos musicales, sin motivo o razón aparente, generando contradicciones entre una canción y otra, y haciendo de la experiencia algo desconcertante pero atractivo, yéndose literalmente al extremo en ambos calificativos.

Y es que Jack White pareciera tener muchas ideas, aunque sin saber cómo ordenarlas, lo que nos da como resultado un álbum lleno de momentos, pero carente de relato, que es lo que finalmente debe primar en un disco de estudio. Entre toda la amalgama de sonidos presentes a lo largo del LP existe de todo, desde momentos de asombrosa genialidad como “Connected By Love” o “Why Walk A Dog?”, tracks que por momentos parecieran ser el salto a la “madurez” musical de White, con el teclado ganando una agradable prominencia, así como también las furiosas guitarras de antaño con “Over And Over And Over”, que, pese a su gran aire a Rage Against The Machine, deja en evidencia de inmediato su característico sonido de la época con The White Stripes (la canción, de hecho, fue una colaboración descartada con Jay Z).

Al lado contrario, tenemos composiciones incomprensibles como “Hypermisophoniac”, “Ice Station Zebra” o “Get In The Mind Shaft”, cargadas de muchos elementos digitales para un hombre que se destaca por ser análogo, lo que no permite que el relato cuaje de una vez por todas. En cuanto al pequeño giro en su sonido, además del destacado papel que cumple el teclado, también se vuelve muy atractiva la incorporación de congas en canciones como “Corporation” y “Respect Commander”, a cargo del percusionista Bobby Allende, famoso por trabajar con artistas como Julio Iglesias, Marc Anthony o David Byrne, dándole un toque muy en la onda de Carlos Santana, algo muy interesante para un guitarrista de la talla de White.

A fin de cuentas, estamos frente a una cápsula del tiempo que busca encerrar muchos de los estilos musicales de la era moderna, por lo que no debería resultar extraño que estos se mezclen, armen, desarmen y transiten libremente dentro de un disco que se siente como una vieja rockola en la que alguien, con muchas monedas, oprimió un montón de botones al azar sin verificar si las canciones que serían tocadas tenían algo en común. Constantemente se dice que existen muchos Jack White, algo a lo que el músico ha hecho alusión en varias ocasiones, con “Blunderbuss” (2012) representando el lado más nostálgico y “Lazaretto” abordando el interior de la mente de White. “Boarding House Reach”, en cambio, debe ser como una conversación común y corriente con el músico, donde se inicia a raíz de un tema, avanza por otro, regresa al tópico del principio, y termina en un asunto completamente diferente a lo que era originalmente, lo que no es tan malo, dependiendo el punto de vista.

Muchos detractores señalan constantemente que Jack White es mal considerado como el inventor del blues, pero esa descripción sólo se valida en el discurso de los fanáticos más entusiastas, ya que, muy por el contrario, los verdaderos méritos musicales del guitarrista difieren bastante de ser el inventor de algo, sino más bien de ser el encargado de volver a condimentar un estilo que se creía muerto, dándole una nueva vida dentro de la contemporaneidad. En momentos en que (como muchos otros) el rock se creía muerto, White le dio una nueva vida llenándolo de energía, desestructurando a los géneros más clásicos en cada uno de sus trabajos. Es por eso que este álbum se siente tan fuera de lugar, resultando como una buena idea en el papel, pero una pésima ejecución en la acción. No diremos que “Boarding House Reach” contiene malas canciones, debido a que posee unos momentos de lucidez verdaderamente impecables, pero si nos avocamos al conjunto de composiciones como un todo, el disco deja mucho que desear, no encontrando jamás el hilo conductor a través de los triviales asuntos que relata. A final de cuentas, Jack White no inventó el blues, pero sí le devolvió la relevancia, tampoco hay que permitir que un traspié como este quite todo el mérito que el músico se ha ganado durante dos décadas de carrera.


Artista: Jack White

Disco: Boarding House Reach

Duración: 44:07

Año: 2018

Sello: Third Man / Columbia / XL


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The Mars Volta – “The Mars Volta”

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The Mars Volta

Difícilmente exista banda que lo haya inventado o interpretado todo, pero es complejo poder renovarse cuando prácticamente se ha abarcado todo lo permitido dentro de las posibilidades. Ese dilema es algo que, tarde o temprano, termina aquejando a las mentes maestras del progresivo, y si Steven Wilson ha sido capaz de cambiar su orientación sonora en su material solista al diferenciarse de Porcupine Tree, Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala han hecho lo mismo para no mancillar la etiqueta de rock progresivo de The Mars Volta al adentrarse en otros sonidos con proyectos como At The Dive-In, De Facto, Antemasque, Kimono Kult, Bosnian Rainbows y un sinfín de agrupaciones. Ahora, ambos músicos deciden renovar el sonido de un nombre tan querido como este, al romper cualquier parámetro preestablecido de su fórmula y hacer algo que se diferencie considerablemente de lo ofrecido hasta ahora.

Unos cuantos adelantos bastaron para alegrar a los fans respecto al regreso de The Mars Volta, pero no así para generar muchas expectativas ante su eventual nuevo disco de estudio. La última placa del conjunto hace ya una década, “Noctourniquet”, cumplió correctamente con los estándares esperables para un disco de la dupla Rodríguez-López y Bixler-Zavala, pero se alejó de ser una de las obras más recordadas de un proyecto cuyo catálogo ha entregado joyas sonoras y creativas. Incluso en un terreno tan extenso como el progresivo, la banda ya había abarcado bastante entre las múltiples opciones posibles, por lo que este regreso discográfico da en el clavo al adentrarse en algo que, hasta ahora, no habían explorado del todo: su propia versión del pop, como asegura la banda a la hora de etiquetar las radiales y estructuralmente accesibles melodías que ofrece este trabajo homónimo.

Es curioso que, siendo su séptimo álbum, recién sea el primero titulado sencillamente con el nombre de la agrupación, pero esa decisión se justifica al desentramar lo que refleja el disco, exponiendo un ejercicio de cómo The Mars Volta es una entidad que deconstruye, analiza y reestructura los cánones de diferentes géneros para ofrecer una versión de ellos con un giro de tuerca propio, ya sea en la intensa “Graveyard Love” o las reminiscencias latinas que ofrecen tracks como “Blacklight Shine” o “Que Dios Te Maldiga Mi Corazón”, cantada en español e inglés con una sutileza propia de la voz de Cedric, capaz de invocar una fuerza interpretativa que deambula entre distintos conceptos y metáforas, muchas veces de una explicación más compleja que la necesaria, como todo brillante trabajo abstracto. Aunque las letras sean mucho menos crípticas que de costumbre, el misterio de las oraciones recitadas casi como mantras repercute perfectamente en la impecable sección instrumental del disco.

De igual forma, esa propia versión del pop que menciona el dúo es algo que no termina de cuajar en algo derechamente mainstream, y esto se debe principalmente a la influencia de artistas como David Bowie o Peter Gabriel que han citado para este trabajo, centrándose en la capacidad que ambos tienen de crear un área gris en donde se mantengan en una posición al filo de la orientación más popular, pero con los elementos viejos de su etapa progresiva siempre ahí. “Shore Story” es, por ejemplo, una composición que perfectamente puede sonar en una radioemisora junto a artistas de música más alternativa, como Beach House, The xx o el icónico proyecto Bosnian Rainbows del propio Omar, mientras que “Cerulea” podría ser el track de descanso dentro de toda la intensidad contenida en un álbum de At The Drive-In. Y si bien no es una inspiración directa, el rock alternativo moderno se puede escuchar en canciones como “Flash Burns From Flashbacks” o “No Case Gain”, donde la elegancia de The Mars Volta evita que caigan en cualquier tipo de cliché o parodia. Finalmente, ejemplos como “Palm Full Of Crux”, “Equus 3” o el cierre con “Collapsible Shoulders” y “The Requisition”, evidencian algo concreto: la banda es capaz de refrescarse sin tomar prestado de manera excesiva.

Como todo buen disco de progresivo, la séptima placa de The Mars Volta es un trabajo de cocción lenta y una digestión incluso más pausada, debido a que los más reacios a salirse de la fórmula de guitarras, batería y cambios de ritmo a toda velocidad les costará enganchar con un trabajo que no transita entre la calma y la tempestad, sino que entre la intensidad y la elegancia de la interpretación, dando como resultado un sonido más aterrizado y robusto, sin exponer muchas fracturas en el camino. La fuerza creativa del dúo está más desatada que nunca y, aunque esos elementos comunes que se encuentran en todos sus proyectos siguen inevitablemente ahí, sí se desmarca por una serie de factores como un disco de The Mars Volta, donde la mejor forma en que la banda comprueba su identidad es en demostrar su inigualable manera de interpretar.


The Mars VoltaArtista: The Mars Volta

Disco: The Mars Volta

Duración: 44:45

Año: 2022

Sello: Clouds Hill


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