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Iron Maiden – The Book Of Souls

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Cuesta creer que una banda con casi cuatro décadas de historia siga sorprendiendo, incluso si debe mantenerse dentro de los parámetros de un estilo que ellos mismos ayudaron a construir hace un buen tiempo, y que cualquier intento de cambio en su fórmula sería traicionar la esencia, a sus fanáticos y a su propia identidad. Iron Maiden comparte la misma virtud y condena que bandas como Slayer, Motörhead, AC/DC, entre otras: construyeron un sonido tan bueno y único, que ahora son prisioneros de este. Pero contra todo pronóstico, los ingleses han sabido dar un aire fresco a sus propios códigos y clichés, despachándose el trabajo más extenso de su carrera, divido en dos partes y bautizado como “The Book Of Souls”, el que, sin asco ni miedo alguno, podemos declarar como lo mejor que ha lanzado “la doncella” desde “Dance Of Death” (2003). Y si queremos ir aún más lejos, es lo más memorable desde el maravilloso “Seventh Son Of A Seventh Son” (1988).

IRON MAIDEN 01El decimosexto larga duración de la agrupación vio retrasado su lanzamiento por el tratamiento contra el cáncer de lengua que padecía Bruce Dickinson, el que, últimamente hemos sabido, fue provocado por causas no tan decorosas, pero que finalmente desapareció por completo de su cuerpo y le permitió volver al grupo a prepararse para la gira mundial que volverá a traerlos a nuestro país el próximo año. Además de esta noticia que tuvo a millones de fanáticos alrededor del mundo preocupados por el estado de salud del vocalista, poco o nada sabíamos del lanzamiento del sucesor de “The Final Frontier” (2010). Tan solo un teaser con un par de segundos de lo que sería “Speed Of Light”, su posterior videoclip y un par de comunicados de prensa con información sobre el disco, donde destacó la presencia de Bruce Dickinson y Adrian Smith como compositores de gran parte de las canciones presentes en la placa, lo que ya hacía una gran diferencia con respecto a su antecesor, donde Steve Harris fue autor de casi todo. Con poca información y mucha ansiedad, “The Book Of Souls” finalmente fue lanzado y el resultado superó cualquier expectativa.

“If Eternity Should Fail” marca el glorioso inició del álbum. Escrita completamente por Dickinson, vuelve a la tradición de abrir los fuegos con una pieza extensa y grandilocuente. Con la vibra de clásicos como “Caught Somewhere In Time” y la oscuridad de joyas como “Sign Of The Cross”, los ingleses dejan en claro que esto se viene con todo. Inmediatamente la energía sube y un riff, que recuerda mucho a los años de “No Prayer For The Dying” (1990), da inicio al sencillo y tema más “amigable” del larga duración. “Speed Of Light” es una canción que, para este redactor, en un principio, parecía ser otro más de los tantos singles creados exclusivamente para vender el disco y luego ser olvidados, tales como “Wildest Dreams”, “Different World”, o la inefable “From Here To Eternity”, pero luego de unas cuentas repasadas, su poderoso coro y una entretenida armonía de guitarras, terminan por hacer de “Speed Of Light” uno de los hits más gancheros de los ingleses desde “The Wickerman”.

IRON MAIDEN 02Si en este comentario existen tantas referencias a canciones y discos del pasado, es porque con este LP Iron Maiden realiza una revisión de todo lo que ha logrado en sus cuatro décadas de historia. “The Great Unknown” recuerda demasiado a los “años oscuros” de la banda, matizada por el feeling con el que Adrian Smith suele sellar sus composiciones, aportando a la épica de la que siempre ha hecho gala Steve Harris, quien es el responsable de una de las joyas de “The Book Of Souls”. “The Red And The Black” es Steve Harris en su máxima expresión: épico, monumental y memorable. Con ese sonido que viene cultivando desde “The X Factor” (1995), el bajista se las arregla para crear una pieza poderosa e inspiradora, llena de cambios de ritmos y pasajes ideados para ser coreados en el estadio. Pura maestría del “patrón” y de lo mejor del álbum. Smith y Harris vuelven a hacer dupla con “When The River Runs Deep”, que distiende un poco las cosas y puede que no destaque demasiado, pero tiene un buen coro y el potencial para convertirse en una gran inclusión en el set del próximo tour. Para cerrar la primera parte del disco, “The Book Of Souls” –la canción- hace justicia al título, pero aun así, entre tanto corte que supera los diez minutos de extensión, no brilla tanto como el resto. A pesar de contener ideas interesantes, no sobresale entre otras composiciones similares en la historia del grupo, como “Dance Of Death”. Esperemos que en vivo, si es que llega a ser incluida en el nuevo tour, se sobreponga a estos cuestionamientos y brille como el himno que debiese ser.

La segunda parte del disco abre con sabor a  nostalgia. Primero, con “Death Or Glory”, otro temazo sacado de la manga de Smith y Dickinson, que recuerda a sus mejores colaboraciones en “Powerslave” (1984). Luego “Shadows Of The Valley” parte con un arpegio casi calcado al de “Wasted Years”, para desembocar en una cabalgata cortesía de las cuatro cuerdas de Harris y un buen coro, en una canción interesante, pero bastante convencional para los estándares de los británicos. “Tears Of A Clown” llamó la atención en un principio por tratarse de una canción inspirada por la depresión y posterior suicidio del actor estadounidense Robin Williams, pero más allá de la anécdota, nos encontramos con uno de los cortes más interesantes del disco, a pesar de ser el de menor duración: unos riffs bastante rockeros y directos, logran matizar un trabajo que se decanta por las composiciones más extensas y complejas. Bajo ese mismo esquema, y con sabor a balada, “The Man Of Sorrows” posee un gran flow, donde la triada de guitarras se transforma en protagonista, mostrando los solos más inspirados de todo el álbum. El grandioso final llega con la denominada “obra maestra de Bruce Dickinson”, “Empire Of The Clouds”, la canción más extensa en la carrera de Iron Maiden, en una verdadera epopeya de 18 IRON MAIDEN 03minutos, donde encontramos pianos, bronces y orquestaciones varias, además de todos los elementos que han hecho de los ingleses la leyenda en vida que son hasta el día de hoy. Si alguien necesitaba una prueba irrefutable del lugar que ocupa Iron Maiden en la historia del heavy metal de todas las épocas, incluso la contemporánea, aquí la tiene. “Empire Of The Clouds” es el peldaño final de un disco que no conoce puntos bajos y que crece con cada nueva escucha.

En resumen, “The Book Of Souls” es la obra cúspide del Iron Maiden post retorno de Dickinson y Smith al grupo, e incluso de un poco antes. Todo lo que hemos escuchado desde “The X Factor” hasta “The Final Frontier”, sumado a los discazos que labraron su leyenda en los ochenta, dan a luz un trabajo lleno de matices, donde los lugares comunes suenan con una frescura y vitalidad que no escuchábamos hace mucho tiempo, además de encontrar nuevos caminos que jamás se habían explorado. Con una primera mitad en donde predominan los himnos épicos, y una segunda en donde prima el rock más directo, rematando con la odisea de “Empire Of The Clouds”, Iron Maiden no se reinventa, pero renueva sus códigos y refresca a un sonido del que creíamos haber escuchado todo. Sin lugar a dudas, uno de los lanzamientos más importantes y sorpresivos de este año. La espera por el estreno de un nuevo disco podrá ser tan larga como la anterior, pero será mucho más dulce, porque de “The Book Of Souls” hay para rato.

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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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