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Interpol – El Pintor

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Los últimos cuatro años de la carrera de Interpol han sido bastante difusos, luego de la publicación en 2010 de su álbum homónimo. En mayo de ese año, después de completar la grabación de dicho disco, que a la postre apareció en septiembre, su bajista Carlos Dengler anunciaría su retiro de la banda por lo que, luego se sabría, fueron diferencias de interés y de trato; amigable pero necesaria, si se quiere. El resultado fue un trabajo pobre y muy lejano de sus luminarias, y responsable de una gira complicada, que tuvo a David Pajo de Slint y Brandon Curtis de The Secret Machines tratando de llenar el vacío. Había que parar la maquinaria y así fue: un hiato interrumpido sólo por el lanzamiento de una reedición de su opera magna, “Turn On The Bright Lights” (2002), fue lo que vino a continuación. Este año acaban de anunciar su regreso con “El Pintor”, cuyo título es básicamente un anagrama de su nombre.

INTERPOL 01Durante este tiempo hubo una purga en que Paul Banks, su guitarrista, vocalista y líder, sacó dos discos solistas; su baterista, Sam Fogarino, formó algunos proyectos paralelos; y su otro guitarrista, Daniel Kessler, abrió un local de comida en Nueva York. Y la distancia parece haberles sentado de maravilla, porque “El Pintor” suena desde “All The Rage Back Home”, track que lo inicia, claro, definido y potente como nunca debió haber dejado de ser. Ese mismo título suena a nuevos aires y a renovación, al igual que “Same Town, New Story”.

Sin embargo, “El Pintor” no es solamente un ejercicio de nostalgia de sus primeros trabajos, furiosos y teñidos de penumbra, aspectos característicos del sonido post-punk, sino que también aúna las intenciones más atmosféricas y profundas de “Our Love To Admire” (2007). En “My Desire” puede verse claramente esta propuesta, que combina las guitarras juguetonas de Kessler con una pulsión tensa que desencadena en un beat prístino. “Anywhere” rememora el pulso por ratos marcial de “The Heinrich Maneuver”, y la mencionada “Same Town, New Story” comienza disonante y continúa con la misma veta contenida.

Un punto alto del disco está en “My Blue Supreme”, reuniendo todas las características que Interpol ha tenido durante todo este tiempo y agregando otros matices, incluyendo falsettos de Banks que, pese a todo, están aún poco trabajados, y continúan en “Everything Is Wrong”, una desoladora, mas no por eso menos potente canción. “El Pintor” es un disco que va y viene, que se retroalimenta de sí mismo, de toda su historia y, por qué no decirlo, de su propia influencia. Así es cómo la frase que se repite constantemente en “Breaker 1” recuerda mucho a Ian Curtis con Paul Banks y su característico tono curtiesco cantando desde el fondo del sonido rodeado de eco.

INTERPOL 02La batería inquieta de Fogarino en “Ancient Ways”, se convierte en una muralla que concita todo el punk que el post-punk pudiera tener al sumársele las guitarras y el bajo que, a diferencia de antaño, ya no es omnipresente ni manda a rajatabla en cada canción, sino que se amolda a las necesidades de un nuevo y más fresco sonido. “Tidal Wave” mantiene el mismo pulso, pero hace resaltar las armonías de Kessler. El final de este disco, con “Twice As Hard”, aunque mantiene la intencionalidad ambiental, le añade complejidad a la escucha global con un cambio en la métrica de la canción; lo ralentiza pero no lo hace decaer.

Todo parece indicar que, pese a las adversidades, Interpol está de vuelta en muy buena forma. Pocas veces se ve una banda que, aun faltándole lo que en su momento fue una parte esencial, puede salvar los obstáculos y entregar un trabajo de buena factura que muestra que, para estos neoyorkinos, hay para rato.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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