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Imperial Triumphant – “Alphaville”

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De la ciencia ficción y ambientado en una localidad distópica, “Alphaville, Une Étrange Aventure de Lemmy Caution” es el título de un film de 1965, dirigido por Jean-Luc Godard. Esta obra se vuelve una parte de las influencias contenidas en el también llamado “Alphaville”, el cuarto trabajo larga duración del trío neoyorkino Imperial Triumphant. Un álbum donde su ciudad natal cobra vida en una reverberante, inquietante y cautivadora entrega, la que contiene una amplia riqueza de elementos a digerir, jugando a favor en la visceral y refinada propuesta.

Con una estética ritualista, Imperial Triumphant destaca por el uso de máscaras doradas en sus presentaciones y trabajo audiovisual, lo que resulta algo paradójico con el sonido que estampa esta trinidad y, sobre todo, en este nuevo capítulo. El ominoso ambiente de “Rotted Futures” se encarga de abrir el opus, siendo recargado constantemente por el bajo galopante de Steve Blanco y el despliegue del baterista Kenny Grohowski, quien fluctúa entre el destiempo y la brutalidad en breves pasajes que retornan de forma poco convencional pero asertiva, a una rítmica sincopada, siendo absorbida por el caos controlado del track. Este se expande durante “Excelsior”, una feroz e inverosímil muestra que da espacio a unos arreglos aparentemente improvisados que se disfrazan de valles, ya que la irrupción sónica es desquiciada en la mitad del corte, e interrumpida con un ambiente urbano.

La elegante atmósfera de las cuerdas de “City Swine” en su comienzo abre posibilidades que son abordadas con soberbia. La voz gutural de Zachary Ezrin confronta a una ciudadanía habitualmente insatisfecha y, dominando lo abrupto como arte, el sonido del taiko (un tambor de origen japonés), ejecutado por Tomas Haake de Meshuggah, añade un nuevo matiz que podría descolocar, mientras, en un carril aparte, los teclados se acoplan con brillo jazzero. Esta forma de composición puede tomarse como un experimento en casos puntuales del álbum, pero el enfoque de Imperial Triumphant es mucho más desafiante. En “Atomic Age” un quiebre abrasivo abre un pasaje apabullante, explorando la dimensión black metal del grupo. Hipnotizante, la interpretación escala y se derrumba a un riff espeso, encontrando una solemnidad que conecta con la exquisita introducción a “Transmission To Mercury”, donde el trémolo de las cuerdas de Ezrin y las bien presentes frecuencias oscilantes de Blanco contienen con ferocidad los arreglos del saxofón y acompañamientos vocales tenebrosos.

El desenlace se aproxima con una aparente sesión de jam, con la homónima “Alphaville” involucrando físicamente al oyente por su ferocidad y gancho rítmico. La llama fue pavimentada, y en esta parte es consolidada con un arreglo orquestal grandilocuente y posterior asalto punzante que aborda la convergencia de humanidad y máquinas, extrapolando este concepto en “The Greater Good” bajo el dogma del desconocimiento y obediencia en pos de un futuro brillante, y exponiendo la futilidad de esa creencia. Una muralla sonora se erige con la tensión a tope, sostenida por intrincados cambios de ritmo y una disonancia desorbitante. Una implosión inminente se avecina, la sensación de un ambiente al borde del colapso es palpable hasta el punto de ebullición del cinematográfico cierre de “Alphaville”, brindando un momento para intentar digerir lo experimentado. A modo de bonus, dos canciones son versionadas. Un homenaje a Voivod (“Experiment”) y a The Residents (“Happy Home”) tienen la fidelidad de las originales en su estructura, pero Imperial Triumphant se da la libertad de llevar un poco más al extremo la primera y hacer de la última un siniestro acto circense que llega a tener cabida dentro del plano global del disco.

Lo que Imperial Triumphant ha creado no es nada convencional, ni siquiera dentro del avant-garde. La experimentación pasó a ser una forma de salir de un par de géneros a los cuales estaban más asociados, y “Alphaville” es la cohesión de estos más las historias que una ciudad puede relatar en su melancolía y ruidosa existencia. Después del excelente “Vile Luxury” (2018), Imperial Triumphant ha elevado el juego a otro nivel.


Artista: Imperial Triumphant

Disco: Alphaville

Duración: 59:18

Año: 2020

Sello: Century Media Records


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Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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