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Imagine Dragons – Smoke + Mirrors

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El segundo disco de la banda oriunda de Las Vegas, viene a confirmar lo que ya estaba claro en la primera producción: los Imagine Dragons son ambiciosos y vienen por más. El álbum se caracteriza por coros masivos, una potente producción y por letras existenciales adolescentes que tanto gustan a su público. Quizás un poco alejado de la euforia y  aceleramiento de “Night Visions” (2012), el de este año es un disco un tanto más reflexivo e introspectivo, pero que no pierde de vista la masividad, ni al público que han conquistado hasta ahora.

IMAGINE DRAGONS 01“Shots”, que abre el disco, es una interesante canción bailable, festiva y discotequera, donde el falsete y la repetición del coro nos remiten a la pista y a las luces de colores. Sintetizadores y guitarras están al servicio de lo festivo, donde la consigna es pasarlo bien y distraerse. Un tema liviano y grácil para dar la partida a esta colección de canciones. A continuación se cambia el enfoque, ya que en la intensa y jugada “Gold” la voz de Dan Reynolds y las intervenciones de producción le dan al tema un aire dramático, que va muy acorde con la letra. Incluso es válido preguntarse, ¿se referirán a ellos mismos? Si se piensa un poco en lo que cantan (“¿En quién confiar cuando todo lo que tocas se convierte en oro?”), este track podría ser muy representativo de lo que la banda es hoy en día, y del explosivo éxito que tuvieron en años anteriores. Son muy generosos y abiertos de compartir sus problemáticas con el público, o por lo menos de dejar en el aire aquella inquietud.

La canción que da el título al disco nos remite mucho a Coldplay, bajando la intensidad, pero cumpliendo con la tarea de mantener el tono y la atmósfera del presente trabajo. Después vienen las canciones más logradas del álbum. “I’m So Sorry” tiene un coro potente y golpeado, que en estadios debiera ser el delirio de la multitud. Es un tema con cambios de intensidad, con contrastes que demuestran bastante arrojo a la hora de componer, y que funciona, dotándola de fuerza interpretativa. Es un recurso que habla muy bien de la banda y de la ambición compositiva que se mencionaba al principio. Posteriormente viene la entretenida “I Bet My Life”, donde de nuevo se apuesta al coro potente para contar esta historia de perdón en la pareja. Intensa y adolescente, romántica y absoluta; una estupenda canción.

IMAGINE DRAGONS 02En el resto de los tracks se continúa con el tono y las temáticas planteadas al comienzo, pero con música más quieta y reflexiva, no tan eufórica, en la cuales encontramos influencias de Coldplay y además de U2, sobre todo en la guitarra de “It Comes Back To You”. Tanto la atmósfera musical como las letras plantean trascendentes temáticas referidas al amor, a la certeza de la realidad y a la búsqueda de sí mismo. Es encomiable el esfuerzo de esta agrupación norteamericana por decir cosas con sentido, por dotar a su música de mensaje y contenido y, por último, hacerse cargo del tiempo que vivimos, de las inquietudes que tienen, logrando así una empatía importante con su público. En esta línea destaca “Dream”, tema quieto y melancólico, que continúa con la línea más dramática del disco. El piano, la percusión y la voz líder canta que no todo es lo que parece, que la realidad es aparente, y va creciendo en intensidad hacia el final, y de nuevo recuerda mucho el estilo de Coldplay, en una búsqueda que promete resultados interesantes en el futuro.

“Smoke + Mirrors” es un buen disco de búsqueda, de transición, que deja conforme e identifica al fan de Imagine Dragons. Y este proceso es positivo, pues se aprecia que el grupo no está estancado creativamente ni vive del éxito alcanzado con el aclamado “Night Visions” (2012). Además, la producción –aunque excesiva a ratos- está al servicio de la obra y es claramente un aporte al sonido de la banda. El tiempo dirá si Imagine Dragons encuentra una veta creativa que reafirme su identidad por sobre las evidentes influencias que se aprecian aquí. Se nota talento, persistencia y reflexión en el mensaje, y estas actitudes deparan un  futuro promisorio a una agrupación que se nota que está creciendo y avanzando con su música. Definitivamente Imagine Dragons se está haciendo un importante lugar en la escena musical de hoy en día y este trabajo así lo demuestra.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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