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A Bath Full Of Ecstasy A Bath Full Of Ecstasy

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Hot Chip – “A Bath Full Of Ecstasy”

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Los cuatro años desde el último lanzamiento de Hot Chip no significaron una pausa para la banda. Desde “Why Make Sense?” (2015), las figuras del synthpop se aventuraron a diversos proyectos. El vocalista principal, Alexis Taylor, lanzó dos discos como solista, mientras que el compositor Joe Goddard estrenó en 2017 su segunda placa, “Electric Lines”. Ambos exploraron además la escena más pop, componiendo para Katy Perry en su álbum “Witness” (2017). Estos proyectos funcionaron como composiciones preliminares de “A Bath Full Of Ecstasy”, el séptimo álbum de una de las bandas más icónicas de electrónica de su generación, ofreciendo coloridos cortes para la pista cuando más se necesitan.

Hot Chip se ha caracterizado en la escena dance por sus pulidas producciones y poder combinar himnos bailables con composiciones introspectivas, que los diferencian de sus contemporáneos, y su más reciente material no es la excepción. En un contexto musical más politizado, Hot Chip entrega nueve cortes para bailar y cuestionar un mundo de negatividad. El track inicial, “Melody Of Love”, segundo sencillo del álbum, es una bailable pista mid-tempo que rescata los sintetizadores y melodías ochenteras que caracterizan al grupo. Como en un viaje intergaláctico, Alexis Taylor utiliza su voz para transportarnos en una melancólica y atrapante pieza. La canción carga con la temática del álbum: positividad en tiempos difíciles.

Canciones como “Spell” o “Echo” se originaron como composiciones para Katy Perry, las que fueron luego reinterpretadas para encajar con la esencia de la banda. La primera es el mayor ejemplo de la influencia setentera de agrupaciones como Kraftwerk o Talking Heads en la música de Hot Chip, combinando composiciones tradicionales de teclados y sintetizadores con sonidos electrónicos experimentales y distorsiones en las voces y en la instrumentación, resultando en una de las piezas más cautivadoras del disco.“Echo” es quizás el corte más tradicional, tanto en su instrumentación con en su lírica, alejándose de la experimentación electrónica y con una mayor cercanía al dance pop.

“Bath Full Of Ecstasy” y “Positive” funcionan como el corazón del álbum, donde el primero es una oda al romance y por primera vez las cuerdas toman mayor protagonismo en la instrumentación, pero tiene su fuerte en la producción vocal, experimentando con las melodías de Taylor y asegurándose de no quedarse en el pasado. Por su parte, “Positive” retoma los elementos más electrónicos del dance, combinando sintetizadores, percusiones electrónicas y ediciones de voz, mezclando las melodías de Taylor, Goddard y la voz de acompañamiento de Prudence Taylor. Líricamente, es el tema más político del álbum, pero sin una crítica directa a los problemas que ocurren, sino que haciendo un llamado a su audiencia a buscar el optimismo dentro de ellos; mantenerse en la pista de baile, pero lejos del escapismo.

“Hungry Child” irrumpe justo a la mitad del álbum, con Goddard tomando el protagonismo en la canción más distintiva del material. Lejos de ser una representación ideal del resto del disco, es una pista house que se aleja de las composiciones nostálgicas ochenteras, y su instrumentación la posiciona como el himno bailable del séptimo esfuerzo de Hot Chip. En contraste, “Why Does My Mind” y “Clear Blue Skies” son los momentos más introspectivos del disco, representando los momentos existenciales de la pista de baile, con Taylor expresando las complejidades de su mente y ofreciendo momentos más contemplativos. A pesar de esta constante dicotomía, “A Bath Full Of Ecstasy” nunca pierde el enfoque musical, manteniéndose dance en su núcleo. “No God” es la encargada de cerrar el disco, con una balanceada interpretación entre los acercamientos más tradicionales al pop y experimentación en sus instrumentales. En el cierre, Taylor abandona la fe en lo divino, pero no pierde las esperanzas, sino que es la euforia por el amor lo que establece como lo más importante.

Para Hot Chip, la música electrónica y dance son herramientas radicales en un mundo oscuro; lejos de ofrecer pistas bailables como mera distracción, sus letras le recuerdan a la audiencia el mirar más allá de sí misma. La ejecución instrumental que se desplaza entre el synthpop y los esfuerzos más experimentales, además de composiciones tradicionales, posicionan a “A Bath Full Of Ecstasy” como uno de los discos electrónicos más importantes del año y de su carrera, donde mantenerse bailando es más importante que nunca.


Artista: Hot Chip

Disco: A Bath Full Of Ecstasy

Duración: 47:35

Año: 2019

Sello: Domino


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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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