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Hoobastank – Fight Or Flight

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Los californianos Hoobastank, compañeros de cuna de bandas como Linkin Park e Incubus, han vuelto con un sexto álbum de estudio. Tres años desde su última producción “For(N)ever” (2009), se presentan con nuevos aires ligados a la comodidad compositiva. Hablan sobre crear para ellos mismos más que verse trabajando para alcanzar mayor popularidad. Algo así como entrar al estudio de grabación y concebir lo que a ellos más les alegre el alma. Así es como apostaron por el productor canadiense Gavin Brown (Metric), quien les aportaría con algo diferente, pero nunca radical. Este nuevo disco está conformado por once temas más un bonus track incluido en la edición para Japón.

Así nos encontramos en el inicio de la reproducción con el primer single, “This Is Gonna Hurt” que, indiferente a la idea que expusieron, suena bastante parecido a lo que en discos anteriores publicaron. Es un tema bien guitarreado y rítmico, pero no sorprendente. Le sigue “You Before Me”, pieza que de a poco nos da una especie de introducción a la técnica que predominará en esta creación. Se desarrolla de forma apacible respecto al contexto de balada típica a la cual ellos están acostumbrados. Algo parecido sucede con “The Fallen” donde lo que posiblemente más destaca es el bajo de Jesse Charland.

Ya con “Can You Save Me?” se hace notar la incorporación de distorsión en la guitarra de Dan Estrin, que le otorga una atmósfera diferente a lo que conocíamos de ellos. Sonidos delicados, pero envolventes convierten este track en algo que nos hace empezar a creer que realmente quisieron plasmar otro sello en su nombre. “No Destination”, primer avance que se pudo descargar gratuitamente antes del lanzamiento, le da una continuidad a la anterior canción sonando casi igual, sólo que aquí la batería a cargo de Chris Hesse, si bien no toma protagonismo, pasa a darle un ritmo más radial. En “Slow Down” nos encontramos con un coro muy pegajoso y aunque repetitivo, bien acabado. Lo demás se ciñe a la estructura de balada que ha primado en lo que va de reproducción.

Interrumpiendo la calma, a la mitad del disco aparece “No Win Situation”, que se convierte en uno de los dos temas más vigorosos de este “Fight Or Flight”. Sonidos tal vez en extremo melosos aparecen con “Sing What You Can’t Say”, balada sin mayores arreglos donde las voz de Doug Robb se convierte en el foco principal. “Magnolia” continúa con la tónica romántica que se ha hecho notar durante todo el disco, junto con “Incomplete”, que exhibe descaradamente algo que suena más a pop que a rock alternativo. Terminando el recorrido aparece “A Thousand Words” –último track oficial-, que va más allá y cruza los límites de lo empalagoso. Quizás no es el mejor final, pero se ve en algo compensado con el bonus track “The Pressure”, que se acerca más al Hoobastank de antaño que cumplía con el no hacernos sentir culpables al escuchar piezas tan dulzonas.

Esta nueva producción posiciona lo que vendría siendo una transición en cuanto a sonido, en las distorsiones y efectos de guitarra. Sin embargo, su música no ha sufrido demasiados cambios desde su álbum homónimo de 2001. Quizás ellos no buscaban una reinvención, pero no logran generar un apetito musical, más bien produce fatiga con tanta balada melosa. Si bien sus sonidos nunca fueron demasiados frenéticos, es muy posible que lo más esperado por quienes les siguen, fueran canciones como el single “This Is Gonna Hurt”, que llega a parecer una oveja negra entre tanto corderito espumoso.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Ignacio Silva

    15-Oct-2012 en 8:48 pm

    El disco anterior era la raja, este me ha costado digerirlo.. Basketball shorts es la raja y es del 98

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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