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Hate – Crusade:Zero

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Por estos días, en el momento en que nos enteramos de que una banda de larga trayectoria decide lanzar un nuevo álbum, inmediatamente nos entra la duda sobre si sabrán mantenerse firmes a sus raíces o si les picará el bichito de la experimentación y/o evolución musical. El problema se vuelve aún mayor cuando la banda en cuestión se mueve sobre los rieles de un género musical tan definido como el black metal. Es ahí cuando comienzan a mezclar y añadir ingredientes para marcar la diferencia y, desde luego, tratar de sobresalir. Un ejemplo de aquello son los veteranos de Hate, que por más de veinte años han acarreado su blackened death metal y su anti-cristianismo, desde su primer demo “Abhorrence” (1992) hasta su nueva entrega “Crusade:Zero” de la misma manera, aunque eso no siempre es un punto a favor. Y es que desde sus inicios, Hate ha estado jugando el mismo papel de banda oscura y malvada, que a estas alturas parece más estar frente a alguna HATE 01parodia, o una simple regresión a los 90. Y eso es lo que pasa al escuchar “Crusade:Zero”. Si bien es cierto, la banda sigue siendo igual de lúgubre y sucia, no parece tener mucha idea del clima musical de hoy en día.

“Vox Dei (A Call From Beyond)”, la intro del disco, es una suerte de melodía docta, digna de una película de terror, sin duda creando una muy buena atmósfera para lo que se viene, o para lo que podríamos pensar que se viene. “Lord, Make Me An Instrument Of Thy Wrath!” es, para nuestra sorpresa, otra intro. Y ahí surge la pregunta, ¿para qué poner dos intros? El tercer track, y a la vez primera canción, “Death Liberator”, marca la pauta de lo que será el disco en su integridad, y junto con “Leviathan”, “Doomsday Celebrities” y “Hate Is The Law”, es el punto alto de un disco marcado por una prolijidad que hace que se pierdan buenas intervenciones de, por ejemplo, guitarras acústicas, sonidos más suaves, y melodías varias que infructuosamente tratan de ser cambios de ritmo, mas no consiguen llegar más allá de ser un buen intento.

Lo peor es que, a pesar de sus numerosos cambios de alineación, la banda siempre ha contado con músicos de muy buen nivel, por eso no se explica el por qué nunca han podido encontrar la forma de dar el salto que los deje en lo alto y, por lo mismo, muchas veces quedan a la sombra de otras agrupaciones, como sus compatriotas de Behemoth, a pesar de haber empezado un par de años antes que ellos.

HATE 02“Valley Of Darkness”, canción promocional, baja una intensidad que de por sí no es muy alta, y da pie al tema homónimo, que si bien vuelve a levantar la intensidad, no logra marcar una gran diferencia, dejando en claro que la banda optó por la melodía antes que la brutalidad. De aquí en más, el disco se pierde en un mar de redundancia.

En su noveno intento por satanizar al mundo, Hate nos ofrece 56 minutos de escueta exaltación, repartidos en doce canciones más un bonus track, donde encontramos muy buenos riffs, buenos solos de guitarra, una buena producción, la voz sombría de Adam The First Sinner que se mantiene bastante bien durante todo el disco, pero todo se ve opacado por lo repetitivo del mismo, incluso al punto de no notar en qué momento termina y comienza una canción si no se está muy pendiente, y fue eso mismo lo que llevó a este redactor a esperar por una siguiente canción cuando el disco ya había terminado.

Es así como “Crusade:Zero” pasa a ser más de lo mismo en el catálogo de Hate, algo que para muchos puede ser de hecho una buena noticia. No está entre lo peor, pero tampoco entre lo mejor, quizás opacado por la misma historia de Hate, o tal vez por el trabajo actual de otras bandas del género, como la ya mencionada Behemoth.

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The Fall Of Troy – “Mukiltearth”

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Mukiltearth

En la música, literalmente todo puede ser una influencia, ya sea para el concepto de un álbum o para una renovación en la dirección del sonido a materializar. Dentro de la evolución, el pasado también puede aportar algo en pos del aprendizaje y, en una especie de tributo a sus raíces, The Fall Of Troy, banda insigne en el desarrollo del math rock y el post hardcore desde inicios de la década anterior, lanza “Mukiltearth”, su sexto material larga duración, donde el espíritu de lo que dio forma inicialmente a la agrupación se encuentra presente en toda su extensión.

Un año antes del debut homónimo del trío de Mukilteo, “The Fall Of Troy” (2003), el proyecto liderado por el guitarrista fundador y vocalista Thomas Erak, The Thirty Years’ War, lanzaba “Martyrs Among The Casualties”, su único y último EP. Este trabajo funcionó como los cimientos del sonido de The Fall Of Troy y muchas otras bandas que se influenciaron por la mezcla de la catarsis del screamo y los arreglos orientados al jazz del math rock, y en “Mukiltearth” no sólo el nombre de la ciudad de origen de la banda se ve destacado como base de nacimiento del grupo, sino también que seis canciones del listado son regrabaciones de este EP de antaño.

Es así como esta colección de canciones tiene una evidente vibra de los años previos a The Fall Of Troy, con matices reconocibles dentro de las variantes ejecutadas por bandas como Dance Gavin Dance o Chiodos, y más de la oleada que explotó el post hardcore con quiebres más técnicos en su mezcla. Considerando el tiempo y la actual alineación conformada por Erak, el bajista y también vocalista Tim Ward, junto al baterista Andrew Forsman, las voces definitivamente se alejan de las versiones más viscerales de canciones como “A Tribute To Orville Wilcox” y “Chain Wallet, Nike Shoes”, y aún más evidente en una versión un tanto más accesible de “The Tears Of Green-Eyed Angels”, que sin la incendiaria interpretación original queda en un despliegue vertiginoso, y certero, por lo demás.

“Mirrors Are More Fun Than Television” cambia la tendencia al mostrar mucho más ímpetu en su ejecución, y aún con la bajada de intensidad hacia la mitad del track la emotividad concentrada resulta explosiva, al darse el quiebre después de un armado por capas en su rítmica. Para finalizar la revitalización del homenaje a sus raíces, The Fall Of Troy se mantiene firme durante “The Day The Strength Of Men Failed” y “Knife Fight At The Mormon Church”. Con notorios cambios en la claridad del sonido, la conducción de estos cortes desborda nostalgia y son excelentes ejemplos de patrones polirrítmicos en la batería y ejecución frenética en las cuerdas, propias del screamo de finales de la década del noventa.

Sin entregas originales desde “OK” (2016), “Counting Sheep” inicia el recorrido de la actualidad compositiva de The Fall Of Troy. Una inclemente carta que destaca de manera saludable la pericia de la agrupación, que también alterna –como parte de un sello indudable– vertiginosas estructuras y salvajes gritos, con gancheros versos junto a voces limpias, que ven en “Round House” un espacio ideal para brillar.

Cerrar “Mukiltearth” con la movida declaración llamada “We Are The Future” es muy acertada, tomando en cuenta que The Fall Of Troy es una banda influyente, pese al prolongado tiempo desde su anterior álbum. Habiendo tenido un tiempo en pausa a final de 2010, la identidad de la agrupación de Mukilteo se ha mantenido coherente durante su discografía. The Fall Of Troy concibe su último trabajo de estudio como un ejercicio de revisión a sus raíces, lamentablemente sin concretar algo más novedoso, pero dentro de los sonidos que dan la bienvenida a la experimentación y a desafiar límites. En el futuro todo puede suceder.


Artista: The Fall Of Troy

Disco: Mukiltearth

Duración: 39:22

Año: 2020

Sello: Independiente


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