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Hanni El Khatib – Head In The Dirt

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Las comparaciones a veces resultan injustas, y por muy bien intencionadas que sean, terminan poniendo a ciertos artistas en posiciones no siempre cómodas, y en el caso de Hanni El Khatib no se hicieron esperar. Su impronta, estilo y propuesta, hizo que muchos lo colocaran en un espacio difuso y ambiguo, delimitado por The White Stripes por un lado, y con Devendra Banhart por el otro. Un continuo que básicamente no ayuda a definir aquello que caracteriza a este artista de descendencia palestina.

HANNI EL KHATIB 01Como sea que haya que definir a Hanni El Khatib, la verdad es que es necesario que su música se encargue de aquello. Y para este segundo álbum, se apoyó en el trabajo de Dan Auerbach (The Black Keys), quien no sólo es el productor de esta obra, sino que también las hace de coautor en 10 de las 11 canciones que componen este disco. Dicha adición a la planilla de Khatib no es para nada despreciable, tomando en consideración que fue el mismo frontman de The Black Keys quien le solicitó trabajar en este disco. Ya el año pasado, Auerbach demostró con el excelente “Hypnotic Night” de Jeff The Brotherhood (donde las hizo de productor) que una banda puede encontrar nuevas definiciones, sin importar cuánto tiempo lleven en el negocio. Y en este caso, los esfuerzos han culminado en un disco que vendría a ser algo así como el primo hermano de “El Camino” (2011) de The Black Keys, donde el garage, el blues y el punk se amalgaman de manera precisa.

“Head In The Dirt” da inicio al disco, con un El Khatib desafiante, que se mueve entre una simple pero efectiva línea de bajo, donde las guitarras se retrotraen para dar paso a coros armónicos que se yuxtaponen a una letra oscura e inquieta. El tempo es pausado y cuidadoso, creando una tremenda oposición con la frenética “Family”, que golpea con un garage-rock que, en menos de dos minutos y medio, dosifica suficiente adrenalina como para dejar satisfecho al oyente por lo que queda de disco. Esta apuesta se hace palpable con la frenada en seco que significa “Skinny Little Girl” y “Penny”, las cuales forman una dupla algo dispareja en cuanto a su calidad, donde la calidez y ternura de la segunda termina opacando a la monotonía de la primera.

HANNI EL KHATIB 02“Nobody Move” quema las naves con un riff adictivo y un ritmo oscilante, donde Auerbach y El Khatib demuestran que la velocidad y la dureza son también patrimonios suyos. “Pay No Mind” mantiene esa misma impronta, pero con una mentalidad mucho mas juvenil (y quizás inmadura), que puede parecer extraña saliendo de este artista, pero que en definitiva logra cautivar gracias a un pegajoso coro y a un break que pareciera ser sacado del manual de Jack White.

Definir a este disco y a su autor simplemente como “rocanrolero garage” no terminaría haciéndole justicia a ninguno de los dos, y la verdad es que es difícil encontrar artistas reconocidos que transiten por la misma vereda que El Khatib. Posee a ratos la locura de The Mooney Suzuki, la crudeza de The Hellacopters, la oscuridad de The White Stripes, o el minimalismo de The Black Keys. Un amasijo que no hace más que reforzar la idea de que El Khatib es un artista complejo, pero a la vez, simple en cuanto a su entendimiento y ejecución. La solución quizás sea el darle una oportunidad a “Head In The Dirt”, ya que a fin de cuentas será nada más ni nada menos que un buen disco de rock & roll, que no posee pretensiones demasiado osadas. Otras consideraciones no harían más que complicar su disfrute.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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