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Graham Coxon – A+E

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Algo les pasa en masa a los guitarristas sub-50 que han arrancando de sus bandas para abordar proyectos solistas y deshacerse de las represiones melódicas que han cargado por años. En este sentido, es una de la ruptura de aprensiones mas loable de la industria musical, y así lo han hecho en estos últimos dos años gente como Thurston Moore, Jonny Greenwood y Noel Gallagher.

Graham Coxon, va por otro lado. Primero se desesperó del brit pop, luego se hundió en las melodías folk, para llegar a una constante de pop rock maduro. Quizás es por esto que nadie se esperaba que “A+E” fuera completamente lo contrario a todo lo que ha hecho. Algo que va en contraposición con su “carnet” y con su historia de vida, un disco post adolescente de sonido garage, que bien podría acompañar en laureles a un “Slanted And Echanted” (1992) de Pavement.

El disco abre específicamente con ese tipo de arreglo poco pulcro de comienzo de los 90’s, en “Advice”. Un riff que usa un par de segundos, y un Coxon que cuenta lo aburrido de la vida en giras, haciendo gala de su ya conocido inconformismo con la vida en carretera.

“City Hall”, una magnética y repetitiva canción con aires post punk. Una caja que intencionalmente suena seca y sin cuerpo, va marcando el paso junto con un incombustible y recatado riff, mientras Coxon juega de diversas formas con las seis cuerdas, sucias y casi sintetizadas. Un cuasi-canon-noise.

En el primer single de este disco, “What’ll It Take”, Coxon hace de unos cuantos sonidos electropop una fiesta inalcanzable de viejos sonidos de programas de astronomía de los 80’s. Y obviamente su vieja Telecaster va tomando mayor protagonismo. El video, fue un hecho a partir de un viral, llamando a sus fans en todo el mundo a grabar una serie de pasos de baile. El resultado es un collage de personas bailando al tiempo que Coxon una vez más se pregunta “¿Qué está mal conmigo?”

“Meet And Drink And Pollinate”, es uno de los experimentos más raros del disco, con voces alteradas que recuerdan al joven Morrissey gritando “big mouth!”. En varios momentos del disco, se juega con elementos disonantes, notas disminuidas para lograr su aún más anhelada suciedad. Y “sin querer queriendo” nos remolcan al disco “13” de Blur y su trashy Bugman.

Graham Coxon lleva probablemente unos quince años escribiendo sobre el amor. Tanto así, que uno de sus temas recurrentes en algunas de sus canciones era el matrimonio. Y ahora, con canciones como “The Truth”  ha decidido decirle adiós al amor, retorciendo sus letras y declarándole la guerra a aquellos entrañables sentimientos. Y no pasa en vano con un bajo ruidoso y saturado, nuevamente la disonancia y los solos espeluznantes de la guitarra. ¿El resultado? Casi se siente como si nos diera la corriente.

“Seven Naked Valleys”, pasa a ser un apéndice de “The Truth”, enlazada con una guitarra limpia, pero otra vez distorsiona todo de nuevo, incluso unas trompetas con sordina que suenan sin parar. Coxon se enrabia con el mundo y en estos momentos puede tratar a alguien de loca y débil. Mientras una tenue voz femenina aparece por ahí.

En algún momento debía salir una amalgama entre dos de los próceres del noise. Y eso sucede con “Running For Your Life”, que en las guitarras trae de vuelta a Moore y Ranaldo de Sonic Youth, y que en voces recuerda a Malkmus de Pavement. Guitarras afiladas, bajo saturado, coros a gritos en todos direcciones, como si realmente nos tuviéramos que salvar de algo.

“Bah Singer”, pareciera ser una especie de indirecta a Damon Albarn, acusando a un cantante, que con sus mejores zapatos va a herir a muchas personas. El problema, es que por enérgica y sólida que suena la desesperación instrumental en este punto del disco, se siente constante, y a ratos falta un respiro. Imposible no extrañar en estas situaciones al Coxon de “In The Morning”.

Cerca del final, llega “Knife In The Cast”, y al fin el momento justo para un respiro de proporciones.  La lejanía de su voz, los sonidos concretos aleatorios, respiran esa complejidad que rememoran a John Cage tantas décadas atrás. Una batería potente en interpretación, pero tan lejana como su voz. Y la electricidad de una guitarra principal que es ya la firma de Coxon. Otro golpe de corriente.

Para el cierre llega “Ooh, Yeh Yeh”, que se ha convertido en el segundo single de Coxon. Aquí prueba con algo un poco más folk, más norteamericano, y que tiene un interesante juego de panoramización entre los componentes. No se escapa al sonido sucio que Coxon ha alcanzado, y seguramente cuando Jack White la escuche, va a querer conocerlo.

A+E logró lo que ni Gallagher, Greenwood o Moore lograron, darle un segundo respiro totalmente veinteañero –como solista- a alguien que ya se empina por sobre las cuatro décadas. Graham Coxon tiene la capacidad de dejar las letras que llaman a asentarse y ser un hombre de bien, y reconsidera el mundo con liviandad, sin ataduras y con oscuridad. El único problema, es que tanto noise hace que se pierda el norte del plan de Coxon dependiendo el auditor, y para los que venían acostumbrándose a una evolución madura, extrañarán las melodías más rosadas. Pero los que también estén dispuestos a oír una buena guitarra con distorsión, no perderán el tiempo con “A+E”. Graham Coxon es de los buenos, y si hizo este disco, es porque tuvo las ganas y las herramientas para llegar a un sonido sucio que a su edad es tan esquivo. El sonido de este chico tímido que no envejece.

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Foals – “Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1”

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Everything Not Saved Will Be Lost

Foals aparece este 2019 como si estuviera indagando en su propia capacidad de lograr una atmósfera íntima, pero también llena de capas por descubrir y palpar en su nuevo y quinto disco, “Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1”. Una pausa de cuatro años se tomaron estos ingleses para hacer un nuevo disco, tiempo creativo y prolífico, que probablemente originó que este apareciera con un nombre que nos deja en la inmediata espera por su segunda parte.

“Moonlight”, su primer tema, aparece lentamente con acordes que se enganchan de nuestras primeras capas de piel, para que luego Yannis Philippakis declare con una exquisita nitidez su ruta flotante. Cuando se está capturado en ese espacio oscilante, aparece “Exits” para recordar que es Foals con sus ritmos clásicos que invitan a danzar. La banda siempre ha sugerido divertirse, a un ritmo distinto que un baile alocado en medio de una discoteca, pero siempre proponiendo una invitación danzante como lo hace con “White Onions”, donde, al moverse al ritmo de sus acordes, hace sentir que están hablando de una urgencia, alguna realidad dolorosa en la cual nos quiere involucrar.

“Syrups” es el ejemplo de exclamación y decisión mezclado con el ritmo de latigazo lento, donde la voz de Yannis se pierde y se encuentra sola, suavizándola e intensificándola, traspasándonos el dolor porque convence de que habla de emociones reales, de algo que está pasando. El disco está lleno de lugares y momentos, recorre los espacios, el cielo y la Tierra con todas las emociones que hay en medio; la guitarra y voz de su frontman se unen dulce y dramáticamente a la vez, sacando melodías y golpes rítmicos a ratos adictivos, y en otros agotadores, como en “Sunday”, que inicia con una calma deliciosa y luego se encamina a un final repetitivo y pegado, de donde a ratos se podría querer salir.

El disco pone en énfasis una marcada electrónica, en medio de un teclado que también alcanza gran protagonismo, junto a las melodías que van provocando saltos entre estos sonidos que no son nuevos en Foals, pero que hoy se lanzan con definición y aplomo para dar soporte a los intensos contenidos de sus letras. Estos dan cuenta de la ininterrumpida evolución de los británicos desde “Antidotes” (2008), su primer álbum, donde la voz aún no es el elemento magnético que es hoy, y donde cada tema sigue al otro en una congruencia melódica, pero que evita de alguna forma encontrar la personalidad particular de cada uno. Este lanzamiento sugiere una mayor exploración que los anteriores y de la que “What Went Down” (2015) ya venía relatando con su franqueza, mostrando intensas emociones tras sus declaraciones.

“Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1” tiene un buen inicio y un mejor final. Recorrer el disco para llegar a “I’m Done Whit The World (& It’s Done With Me)” hace que valga la pena el trayecto, con su cadencia en medio de un mundo de decepción y deseos, con acordes que invitan a escucharla una y otra vez, pues se sabe que es un lugar donde se estuvo, se está o se podrá estar. Hay algo en Foals que hace permanecer de alguna manera en ambos lados, con algo de desencanto que se sostiene, pero que mantiene también en la esperanza, pareciendo estar decididos a declarar cada vez con más fuerza y definición el tipo de mundo en el que estamos y qué queremos cambiar.


Artista: FoalsEverything Not Saved Will Be Lost

Disco: Everything Not Saved Will Be Lost – Part 1

Duración: 39:04

Año: 2019

Sello: Warner Bros. / Transgressive Records


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