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Gorillaz – “Humanz”

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Fue una noticia esperada por muchos, sobre todo por quienes ya lamentaban a Gorillaz como algo del pasado. Luego de un silencioso receso, el proyecto virtual conformado por Damon Albarn y la ayuda de Jamie Hewlett en el diseño de personajes, regresa con un nuevo trabajo de estudio titulado “Humanz”, el que se suma al amplio catálogo con que ya contaba la banda. Con un gran número de colaboradores, Albarn desarrolla un álbum donde la premisa principal es la contingencia de estos tiempos y el incierto futuro que nos espera, albergándose bajo distintos estilos y sonidos para conseguir una obra llena de variantes. La música de Gorillaz cambia constantemente, por lo que sería normal sentir que este disco podía ser algo no tan parecido a lo hecho anteriormente. Aun así, Albarn y su detallada selección de colaboradores logra transformar y modernizar distintos elementos musicales para adaptarlos al sello Gorillaz que, además de su novedad, mantiene una actitud de rebeldía con un sonido callejero que pareciera provenir directamente desde los extremos más contestarios de la industria.

Desde el comienzo se puede evidenciar el sello un poco más pop y callejero que posee Gorillaz; “Ascension”, con la ayuda de Vince Staples, cumple con una partida en la misma senda que lo visto en “Plastic Beach” (2010), repasando el hip hop en una canción de carácter radial. Es desde ese primer momento en que podemos notar la esencia que el disco pretende implementar, puesto que la diferencia sonora que entrega “Strobelite” gracias a su consistente funk, da cuenta de un álbum con pinta de mixtape, donde cada canción se siente diferente a la anterior y no busca más que capturar buenas composiciones desde diferentes veredas, alzándose por sobre la idea de un concepto sonoro o derechamente una simetría entre sus composiciones. En ese sentido, se entiende cómo Damon Albarn recurrió a los colaboradores de siempre para concretar este regreso discográfico de la banda virtual, tal como De La Soul, que se hace presente en “Momentz”, transformación perfecta del hip hop, traspasado a un concepto más radial y pop que en su génesis original.

Dentro de los tantos interludios que posee el LP, el segundo llama particularmente la atención. En “Interlude: The Non-Conformist Oath” escuchamos cómo la banda cita al comediante Steve Martin, recitando la frase: “¡Prometo ser diferente! ¡Prometo ser único! ¡Prometo no repetir las cosas que la otra gente dice!”, un verdadero manifiesto de lo que es Gorillaz, sin duda alguna. La voz femenina de Kelela se une a Danny Brown en “Submission”, una composición con tintes de electro pop moderno, refrescante y jovial, dando paso a una sección del álbum que se vuelve un poco más futurista, con canciones como “Charger”, “Andromeda” o la bien ejecutada “Carnival”, que cuenta con la voz en clave soul de Anthony Hamilton como un gran valor agregado. A pesar de todos los cambios de estilo y sonido que la banda ha experimentado con los años, el hip hop sigue siendo una premisa general en su música, tal como lo demuestra “Let Me Out”, donde Pusha T y Mavis Staples generan una cohesión narrativa cercana al oyente, un momento que hace sentir de verdad la música, generando un punto alto dentro de la obra, el que si bien decae por algunos tracks, termina volviendo a flote gracias a Kali Uchis en “She’s My Collar”, uno de los últimos números del disco.

Según lo que muchos colaboradores comentaron en entrevistas, una de las peticiones de Albarn a la hora de grabar o componer las canciones de “Humanz” era el imaginar un futuro donde el peor de los escenarios haya ocurrido. Si bien el disco no lo especifica claramente, existen notorias evidencias de que ese catastrófico escenario fue producido por la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos. Bajo ese contexto, “Hallelujah Money” demuestra muy bien esa desolación, generando una angustia y pesar difícil de expresar con palabras, algo logrado en parte por la vocalización de Benjamin Clementine, cuyo registro afianza muy bien las raíces del gospel y la música negra. Sin duda, una de las canciones más comentadas es “We Got The Power”, que además de contar con la ayuda de Jehnny Beth de Savages en la voz, es la primera vez que Damon Albarn y Noel Gallagher -eternos rivales en los 90- trabajan juntos en un estudio, generando un broche de oro para lo que es el regreso en gloria y majestad de Gorillaz. Con coros pegajosos, una estructura simple y radial, y la participación estelar de Beth, este track funciona correctamente como clímax para “Humanz” como obra integra, omitiendo la inclusión de bonus tracks en las distintas versiones con que cuenta el álbum.

En algo hay que estar claros: no es el mejor trabajo de este proyecto, pero sí un disco con canciones que funcionan muy bien en el catálogo de la banda. Pese a dejar de lado un concepto principal (al menos de manera explícita), “Humanz” gráfica correctamente lo que siempre se puede esperar de Gorillaz: un álbum lleno de matices, colores, estilos y variedades. La gracia es cambiar disco a disco, al menos eso es lo que Albarn busca y que ha encontrado de muy buena manera, y cuando no se le teme a la experimentación y al cambio, se consiguen resultados como este, donde prevalece más la diversidad por sobre el pie forzado que implica establecerse dentro de un estilo determinado. Es por eso que Gorillaz fue concebido de esta manera, a pesar de llevar toda una parafernalia de por medio gracias a sus integrantes virtuales. La música no logra quedar de lado por su calidad, sino más bien consigue establecer un carácter de colectivo artístico pocas veces visto, donde lo más selecto de las distintas escenas musicales consigue encontrar un punto de unión para desarrollarse en plena libertad.

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Meshuggah – “Immutable”

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Immutable

Seis años pasaron desde “The Violent Sleep Of Reason” (2016) para que Meshuggah volviera a publicar un nuevo disco, y la banda sueca regresa con “Immutable”, una obra que se enfrenta al paso del tiempo y a un catálogo que ya los tenía con ocho trabajos de estudio en el cuerpo. Sin embargo, eso no parece ser un impedimento para desarrollarse creativa e interpretativamente con el mismo ímpetu de siempre, centrándose en hacer andar su visión creativa y llevar adelante una maquina que destruye todo a su paso. El concepto es simple y se desarrolla sutilmente desde el sonido, con las letras como un adorno a lo que Meshuggah realmente prioriza en su precisa forma de tocar. Como no era de extrañar, es la sección rítmica donde el peso de un disco como este más se hace sentir.

Mediante una idea central de inmutabilidad –aludiendo al título, por supuesto–, es que la banda toma el volante para avanzar a través de una carretera de sonidos y formas que a veces se siente sin rumbo. ¿Es eso algo malo? Para nada, Meshuggah tiene una calidad de interpretación y composición a la que saben sacarle partido desde los primeros acordes de “Broken Cog”, la canción que abre el disco y que dirige la senda de un ejercicio que pareciera un constante loop. Guitarras estridentes, precisión matemática y una batería que marca el ritmo de cada canción son los elementos principales en que el conjunto va sustentando el peso de su sonido, la tenacidad de sus letras y la naturaleza avasalladora y destructora de sus composiciones. Bajo ese contexto, golpes como “The Abysmal Eye” y “Light The Shortening Fuse” no hacen más que acrecentar esa destrucción de frentón que impregna el disco.

No cabe duda de que la sección instrumental es la que finalmente le da el enfoque a “Immutable”, ya que son las visiones creativas del guitarrista Mårten Hagström, el bajista Dick Lövgren y, sobre todo, el baterista Tomas Haake, las que se encargan de establecer los parámetros por los que desfila este noveno larga duración, que también cuenta con la participación en algunos solos de Fredrik Thordendal, guitarrista de Meshuggah que regresa luego de una pausa. Esto permite que todo el aspecto instrumental logre separarse y destacar de la parte vocal a cargo de Jens Kidman y, aunque exista una coherencia que permite hacer convivir ambas veredas, a su vez logra que cobren una fuerza propia que se une por el bien mayor de la obra. Es eso lo que también permite que los interludios instrumentales con “They Move Below”, “Black Cathedral” o el cierre del disco con “Past Tense”, funcionen tan impecablemente para dosificar la agresividad impoluta y constante del álbum.

Aunque la inmutabilidad como concepto no es necesariamente el tema central, el hecho de que el apartado lírico se vincule con el concepto permite que la banda se desarrolle con bases propias y una completa libertad creativa dentro de su visión, haciendo que esa naturaleza ajena de cambios se aplique a su sonido e interpretación, siempre pendientes de lo que ocurra a su alrededor. Desde ahí también cobra sentido la portada con el hombre en llamas, representando la violencia y la lenta destrucción de la sociedad en ciertos aspectos, mientras que el cuchillo empuñado en su mano habla de que aún se recurre a la violencia como una forma de comunicación, así como una herramienta completamente válida en un contexto ya empapado por la misma violencia. Con todo eso a cuestas, “I Am That Thirst”, “The Faultless” y “Ligature Marks” muestran perfectamente eso: la banda manteniendo su mismo sello y naturaleza de siempre, expandiéndose creativamente para mostrar más de lo mismo, por muy contradictorio que aquello suene.

Podríamos decir que hace mucho rato Meshuggah inventó la rueda, en cierta forma, pero regañarle que se quede en lo mismo es simplemente negarse a enfrentar su propuesta. La calidad de interpretación y las posibilidades que se pueden desprender desde una configuración como la que entrega la banda, son los elementos que deben priorizarse cuando se analice la calidad y valor que pueda tener una obra a estas alturas del partido. Llegar al noveno álbum no es una tarea menor, algo que muchas agrupaciones dentro del metal no logran resistir, pero la manera en que Meshuggah se enfoca en hacer lo suyo y crear su propio nicho es lo que les permite mantenerse estables ante el paso del tiempo. Fueron seis años desde su último trabajo y el hype no fue un impedimento para apreciar lo que logran. Aunque “Immutable” esté lejos de ser su mejor álbum, sí es una buena muestra de que esta banda sabe lo que hace, y no dejará de hacerlo por miedo o incertidumbre a que su obra no sea comprendida.


ImmutableArtista: Meshuggah

Disco: Immutable

Duración: 66:43

Año: 2022

Sello: Atomic Fire


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