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Gojira – “Magma”

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El arte trascedente es aquel que no sólo cumple los estándares técnicos de su labor –con simpleza o complejidad–, sino que también es un vívido retrato de la época en que se realiza, siendo un testimonio de los sucesos temporales en los cuales se creó. Las obras relevantes nos permiten ver tiempos pretéritos, evocar vivencias pasadas o elucubrar sobre las características del pasado y sus principales definiciones. En esto nada ni nadie queda ajeno. Todos los artistas son en alguna medida protagonistas de su tiempo, pero la diferencia entre unos y otros –aquello que comúnmente llamamos “originalidad”–, estriba en la capacidad de reverberar en el futuro la experiencia de aquel pasado.

GOJIRA 01Así las cosas, en el metal, cuando hablamos de los setenta viene a la mente el oscurantismo de Black Sabbath, los ochenta el thrash de Metallica, y en los noventa –última época en que se creó algo original a juicio de este redactor– la rebeldía filosa de Pantera. Estas bandas supieron encapsular su circunstancia y, de aquella nada, crear algo totalmente nuevo, sin perjuicio de las evidentes inspiraciones. Los años dos mil estaban deprimidos, mucha búsqueda en el éter u ortodoxia pasada a naftalina de los ochenta con mejor producción, lo que llevó a decir a grandes como Glenn Simmons que el rock (o, en este caso, el metal) estaba muerto. Algo de eso existía, hasta hoy, en donde Gojira edita el álbum que quizás sea el retrato de toda una generación: “Magma”.

Y es que a lo largo de sus casi 44 minutos de duración, la banda de los hermanos Joe y Mario Duplantier, Christian Andreu y Jean-Michel Labadie, a través de la música forja una pintura de lo que es nuestro tiempo. Volátil como “Shooting Star”, complejo y efectivo como “The Cell”, psicodélico como “Low Lands”, directos como “Strander” o “Silvera”, rutilantes como “Only Pain”. Lo cierto es que somos hijos de una época atrapada entre un pasado de grandes definiciones y traumas, y un futuro que aparecerá dominado por la técnica y la constante deshumanización. “Magma” atrapa ese sentir y lo fija para la posteridad, así como en su oportunidad el thrash condensó la apatía y la violencia de un ciclo que moría y se resistía a hacerlo.

GOJIRA 02Hoy las fronteras entre la verdad y la mentira han desaparecido. Lo seguro es tan equívoco como lo inseguro, y la bondad es tan espuria como el peor de los males. En el plano musical, “Magma” es metal y su antítesis. Centrado en los cánones convencionales de la música pesada con sus grandes distorsiones y tan ajena como una letanía gregoriana. Gojira ha provocado un testimonio de estos años porque se ha liberado de los conceptos que los catalogaban como “metal progresivo”, “heavy metal”, “death metal”, entre otras etiquetas. Eso no importa ya. Así como tampoco importarán aquellos decepcionados de no tener un “L’Enfant Sauvage, parte 2”. El artista se debe a sí mismo y a eso responden los franceses. La prueba de esto es cómo termina el disco con “Liberation”, un tema que en cualquier otro LP de cualquier otra banda, sería un interludio, una antesala a los riffs pesados, o bien, un breve descanso para seguir con el machaque del doble bombo. Pero acá no. Cuando el oyente esperaba un remate de esa naturaleza luego de la experiencia espiritual de “Low Hands”, los bayoneses se desamarran de lo esperado, de la normalidad.

Este disco es un ejercicio de dialéctica musical. No es experimentación en el sentido concreto de la palabra, pues acá no se está aplicando un nuevo método a la música de Gojira, sino que es algo realmente nuevo, que no existía. Por eso, es arte trascendental y como tal; para todos aquellos que la música es algo importante y no la moda, o lo que suena mientras va a trabajar, marcará algo. En tal sentido, y como la gente quiere certezas, “Magma” será incomprendido por muchos, incluso vilipendiado, pero aquello es natural y sin importancia, pues ya cumplió su cometido: ser un testimonio del metal para la posteridad de esta época minimalista, tal y como sus diez temas.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Mario Gonzalez Rojas

    22-Jul-2016 en 9:54 am

    Tremendo disco Gojira

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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