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Ghost – Meliora

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Desde los ya remotos 70, la teatralidad ha sido parte importante dentro del rock. Bandas como Kiss y Alice Cooper, así como artistas de la talla de Peter Gabriel o David Bowie, lograron atraer la atención del público gracias a sus innovadoras presentaciones en vivo, disfraces y versatilidad a la hora de mezclar estilos musicales. En la actualidad, los suecos de Ghost rescataron elementos de todos estos actos para darle un nuevo aire a los sonidos del metal, y así también ganar popularidad. Con dos discos bajo el brazo, la banda liderada por Papa Emeritus III escribió un nuevo capítulo en su historia con la publicación de “Meliora”, su tercer larga duración. El título de este álbum es el significado en latín para “la búsqueda de algo mejor”, misión que los oriundos de Suecia tenían planteada para este trabajo, el que tomó sólo un par de meses, iniciando el proceso de composición y grabación a fines GHOST 01de 2014. El resultado es un disco de consistencia un tanto compleja, con un mensaje que, si bien queda claro, no parece ser el que la banda esperaba entregar a sus seguidores.

La partida es marcada por un teclado con pitchs psicodélicos en “Spirit”, iniciando la solemne “misa negra” que se despliega a lo largo del disco. Cabe destacar que, a diferencia de sus antecesores, “Opus Eponymous” (2010) e “Infestissumam” (2013), este trabajo carece de introducción, dando paso a la música de manera inmediata. “Spirit” se desarrolla mediante un ritmo no tan acelerado, marcando la pauta para lo que será la mayoría de las canciones venideras. Sin descanso alguno, el bajo de uno de los Nameless Ghouls arremete con “From The Pinnacle To The Pit”, un verdadero despliegue de potencia y virtuosos solos de guitarra.

“Cirice” es el punto más alto del álbum: su estructura y ritmo sobrepasa lo esperado para una canción de Ghost; los sonidos explorados por la banda se alejan un poco del metal convencional, pero sin perder su potencia, entregando riffs con reminiscencias a Queens Of The Stone Age. Un pequeño interludio de piano y guitarra acústica titulado “Spöksonat”, antecede a la balada “He Is”, la que le canta a Dis Pater, deidad de la mitología romana asociada a la muerte y el inframundo, con un coro que ratifica la versatilidad sonora y búsqueda de algo mejor que la banda persigue en esta obra. La parte más heavy la entrega “Mummy Dust”, con pesadísimos riffs y la oscura aura proveniente de la voz de Papa Emeritus III.

GHOST 02El rock y metal de los 70 ha sido la principal influencia durante la carrera de la banda y, como prueba de ello, “Majesty” brinda más de cinco minutos de teclados al estilo Deep Purple y riffs de guitarra en plan Iron Maiden, con un ritmo en constante marcha, haciendo que los Nameless Ghouls logren afiatarse en una de las canciones más destacables, a nivel de composición, presentes en el álbum. El último interludio es titulado “Devil’s Church”, puente para “Absolution”, otro punto remarcable, llena de modernas figuras de cuerda, con un sonido más cercano al metal de los nuevos tiempos, y el cierre en “Deus In Absentia”, que entrega un pausado ritmo, muy alejado de lo que se esperaría como final del disco, sellando su participación con cantos gregorianos que sirven de conclusión.

Aquella búsqueda de algo mejor no logra los resultados esperados. Aunque es una correcta entrega, hay algo que los suecos no logran capturar, generando un punto de estancamiento en cuanto al sonido alcanzado durante su discografía. A pesar de esto, “Meliora” destaca como un disco con varias vueltas para encontrar sus virtudes. La variedad de sonidos es amplia, pero está limitada por las barreras del metal, género donde la banda sigue intentando innovar. Ahora liderados por Papa Emeritus III, empieza un largo camino para seguir rompiendo esas barreras sonoras y explorar nuevos estilos, todo con el fin de enriquecer un sonido que, desde sus primeros lanzamientos, ha tratado de imprimirle modernidad a los cánones setenteros del rock y el metal.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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