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Garbage – “Strange Little Birds”

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Sometimes I’d rather take a beating” (“A veces preferiría recibir una paliza”) es parte de las primeras líneas de “Sometimes”, el oscuro y breve track que abre “Strange Little Birds”, el verdadero regreso de Garbage, una banda que llevaba años en el limbo entre la nostalgia y la calidad mostrándose a cuentagotas, y que recién en 2016 fue capaz de alzarse por sobre el pasado para generar algo que trascienda, nuevamente. Y no están recibiendo la paliza, la están dando.

GARBAGE 01Garbage es una banda de productores, y eso se nota en cada lanzamiento, con un sonido que se acerca a la perfección siempre, en especial en las inflexiones que sólo se escuchan con mucha atención. “Strange Little Birds” sigue con esta orgullosa tradición y reafirma el gusto para agregar elementos extraños a las mezclas, como sonidos diferentes, formas distintas, samplers de fondo, ecos, todo para entregar algo más intrincado que, sin embargo, no se traba en ningún momento. A diferencia del irregular “Not Your Kind Of People” (2012), en “Strange Little Birds” existe un objetivo claro: liberarse de las trampas en que cayeron en 2012 o incluso en “Bleed Like Me” en 2005. La presión hacia ellos mismos se notaba mucho, y pareciera que ahora escapan de esos amarres, con tracks tan fluidos como “Night Drive Loneliness” o la propia “Sometimes”.

Shirley Manson ha estructurado mucho más su voz que antaño, cuando era pura catarsis y sensualidad, para dar pie a un rango mayor de sensaciones, desde el desamparo hasta un empoderamiento que ahora es más transparente que nunca. “Trae tu luz, yo traeré la pena / Trae tu alegría, yo traeré mi vergüenza”, canta en “Magnetized”, pieza central del disco junto a la inquietante y siempre creciente “Even Though Our Love Is Doomed”, ambos los extremos entre que se mueve el disco. Por cada sonido industrial que aparece, tenemos a Shirley o algún instrumento haciendo las veces de cable a tierra, humanizando todo. O, más que humanizando, animalizando, con sensaciones más salvajes, aspecto que también genera algo un tanto bipolar que evita la autocomplacencia, y en vez de eso devela emociones reales.

Lo idílico es manifestado en “So We Can Stay Alive” y la inseguridad se disfraza de delicadeza con “If I Lost You”, pero en ningún momento asistimos a un despliegue cliché. A veces preferiría recibir una paliza. El acercamiento que ofrecen las letras y su entrelazamiento con la interpretación de Shirley es profundo, sin llegar a ser lejano. Sí, la escocesa en general expele un aura de superioridad, pero no se GARBAGE 02ahoga en eso, y logra cercanías por la manera en la que entrega mensajes que, en manos de otros, serían un desperdicio. El final del disco pide un acuerdo (“Amends”) en pos de vivir mejor, y en ese, el tercer track de más de seis minutos en el álbum, se advierte cómo Garbage ha hecho crecer su forma de componer, pasando desde la canción más pegajosa, hasta una estructura cuya progresión sin duda genera una tensión que involucra al oyente cada vez más y más.

El mejor track del disco viene después del single “Empty”, canción muy armada para lograr canalizar el sonido más “noventero”, y es “Blackout”. El tema más largo a la fecha de Garbage es también en el que se notan con mayor fuerza las dotes de productores de los músicos en la banda. Butch Vig logra matices en la distorsión, Steve Marker espera los momentos justos para hacer brillar los riffs, en tanto que Duke Erikson genera el equilibrio en las cadencias y bajos, cada cual haciendo crecer una canción enorme. Sí, Garbage apela a un sonido familiar, pero es en los detalles donde resalta el crecimiento y la experiencia que permite que, sin reinventarse, logren sonar diferentes y editen su mejor disco desde el debut en 1995. A veces preferirían recibir una paliza, pero en este caso ellos la dan.

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Meshuggah – “Immutable”

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Immutable

Seis años pasaron desde “The Violent Sleep Of Reason” (2016) para que Meshuggah volviera a publicar un nuevo disco, y la banda sueca regresa con “Immutable”, una obra que se enfrenta al paso del tiempo y a un catálogo que ya los tenía con ocho trabajos de estudio en el cuerpo. Sin embargo, eso no parece ser un impedimento para desarrollarse creativa e interpretativamente con el mismo ímpetu de siempre, centrándose en hacer andar su visión creativa y llevar adelante una maquina que destruye todo a su paso. El concepto es simple y se desarrolla sutilmente desde el sonido, con las letras como un adorno a lo que Meshuggah realmente prioriza en su precisa forma de tocar. Como no era de extrañar, es la sección rítmica donde el peso de un disco como este más se hace sentir.

Mediante una idea central de inmutabilidad –aludiendo al título, por supuesto–, es que la banda toma el volante para avanzar a través de una carretera de sonidos y formas que a veces se siente sin rumbo. ¿Es eso algo malo? Para nada, Meshuggah tiene una calidad de interpretación y composición a la que saben sacarle partido desde los primeros acordes de “Broken Cog”, la canción que abre el disco y que dirige la senda de un ejercicio que pareciera un constante loop. Guitarras estridentes, precisión matemática y una batería que marca el ritmo de cada canción son los elementos principales en que el conjunto va sustentando el peso de su sonido, la tenacidad de sus letras y la naturaleza avasalladora y destructora de sus composiciones. Bajo ese contexto, golpes como “The Abysmal Eye” y “Light The Shortening Fuse” no hacen más que acrecentar esa destrucción de frentón que impregna el disco.

No cabe duda de que la sección instrumental es la que finalmente le da el enfoque a “Immutable”, ya que son las visiones creativas del guitarrista Mårten Hagström, el bajista Dick Lövgren y, sobre todo, el baterista Tomas Haake, las que se encargan de establecer los parámetros por los que desfila este noveno larga duración, que también cuenta con la participación en algunos solos de Fredrik Thordendal, guitarrista de Meshuggah que regresa luego de una pausa. Esto permite que todo el aspecto instrumental logre separarse y destacar de la parte vocal a cargo de Jens Kidman y, aunque exista una coherencia que permite hacer convivir ambas veredas, a su vez logra que cobren una fuerza propia que se une por el bien mayor de la obra. Es eso lo que también permite que los interludios instrumentales con “They Move Below”, “Black Cathedral” o el cierre del disco con “Past Tense”, funcionen tan impecablemente para dosificar la agresividad impoluta y constante del álbum.

Aunque la inmutabilidad como concepto no es necesariamente el tema central, el hecho de que el apartado lírico se vincule con el concepto permite que la banda se desarrolle con bases propias y una completa libertad creativa dentro de su visión, haciendo que esa naturaleza ajena de cambios se aplique a su sonido e interpretación, siempre pendientes de lo que ocurra a su alrededor. Desde ahí también cobra sentido la portada con el hombre en llamas, representando la violencia y la lenta destrucción de la sociedad en ciertos aspectos, mientras que el cuchillo empuñado en su mano habla de que aún se recurre a la violencia como una forma de comunicación, así como una herramienta completamente válida en un contexto ya empapado por la misma violencia. Con todo eso a cuestas, “I Am That Thirst”, “The Faultless” y “Ligature Marks” muestran perfectamente eso: la banda manteniendo su mismo sello y naturaleza de siempre, expandiéndose creativamente para mostrar más de lo mismo, por muy contradictorio que aquello suene.

Podríamos decir que hace mucho rato Meshuggah inventó la rueda, en cierta forma, pero regañarle que se quede en lo mismo es simplemente negarse a enfrentar su propuesta. La calidad de interpretación y las posibilidades que se pueden desprender desde una configuración como la que entrega la banda, son los elementos que deben priorizarse cuando se analice la calidad y valor que pueda tener una obra a estas alturas del partido. Llegar al noveno álbum no es una tarea menor, algo que muchas agrupaciones dentro del metal no logran resistir, pero la manera en que Meshuggah se enfoca en hacer lo suyo y crear su propio nicho es lo que les permite mantenerse estables ante el paso del tiempo. Fueron seis años desde su último trabajo y el hype no fue un impedimento para apreciar lo que logran. Aunque “Immutable” esté lejos de ser su mejor álbum, sí es una buena muestra de que esta banda sabe lo que hace, y no dejará de hacerlo por miedo o incertidumbre a que su obra no sea comprendida.


ImmutableArtista: Meshuggah

Disco: Immutable

Duración: 66:43

Año: 2022

Sello: Atomic Fire


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