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Fu Manchu – Gigantoid

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Es bastante inútil decir a estas alturas que Fu Manchu no ha modificado su sonido en sus más de 20 años de carrera. Aquel distorsionado (o fuzzy) de las guitarras afinadas en Re, escalas pentatónicas, la cada vez más agresiva voz de Scott Hill y los riffs sacados de la escuela de Black Sabbath o Blue Cheer, han sido y seguirán siendo marca registrada de los oriundos del sur de California. Lo interesante en este caso, es que a pesar de lo homogéneo que ha sido su música en los ya más de diez discos que han lanzado desde su aparición, es posible encontrar matices que demuestran la variedad de estilos y temáticas que han podido desarrollar. Ya sea en las odas a la vida californiana de “The Action Is Go” (1997), en el álbum –casi- conceptual que terminó siendo “King Of The Road” (2000) o en la propuesta más comercial de “California Crossing” (2001), Fu Manchu ha sabido moverse con soltura dentro de sus propios límites.

FU MANCHU 01Tras la salida del eximio baterista Brant Bjork (quien también fuera miembro de la icónica banda stoner Kyuss), los californianos Fu Manchu iniciaron un viaje que los llevó por sonidos mucho más directos, dejando de lado la psicodelia y el amor por los autos y las drogas (al menos en cuanto a sus letras se refiere). “Start The Machine” (2004), “We Must Obey” (2007) y “Signs Of Infinite Power” (2009) terminaron conformando una trilogía que se caracterizó por darle al sonido de la banda una impronta más similar a agrupaciones como Black Flag y no tanto a otras como Blue Oyster Cult. Y si bien todos esos discos terminaron siendo más que correctos trabajos, ya para su última publicación cabía hacerse la pregunta si es que la banda podría desarrollar algo un poco más novedoso, en vez de volver a probar la fórmula de esos tres últimos trabajos.

“Gigantoid” no representa el abandono total de lo realizado por la banda en la última década, pero no cabe ninguna duda de que este es, por lejos, el disco más “stoner” que ha lanzado, quizás, desde “In Search Of…” del año 1996. Las temáticas abordadas en este disco tienen más que ver con la paranoia que con los autos, más con los monstruos y  alienígenas que con California, y más con la psicodelia que con el escapismo.

La agresividad sigue estando ahí, y es cosa de dar inicio al disco y encontrarse con “Dimension Shifter” para corroborar aquello. Pero es justamente en esta misma canción donde los californianos presentan aquel sonido más psicodélico que mencionamos anteriormente. Un quiebre al medio del tema es todo FU MANCHU 02lo que necesita la banda para iniciar un viaje de poco más de dos minutos donde se bajan las revoluciones y se da paso a ese sonido que tan bien le queda a Fu Manchu. Y si hiciéramos un paralelo, estaríamos frente a un disco donde los “Planet Caravan” terminan siendo más disfrutados que los “Iron Man”. “The Last Question” lleva esta propuesta al extremo, en una canción que, con casi ocho minutos, se transforma por lejos en una de las más extensas de su fructífera carrera.

Hablamos de temáticas donde la psicodelia y la paranoia se hacen presente, y esto la banda lo demuestra no sólo en sus alocadas letras, sino que también en su sonido. “Evolution Machine” es por lejos uno de los puntos más altos del disco, con un riff maquiavélico que acompaña al verso, dotándolo de una premura a la cual no nos tienen acostumbrados. Y la gran decepción de “Gigantoid” es que este tipo de canciones terminan siendo escasas y a ratos parecen ser la excepción y no la regla. En discos previos, sonidos como los explorados acá terminaban siendo un pequeño acápite dentro de toda la estructura, por lo que se agradece bastante que se den esta vez el tiempo para adentrarse más en este mundo que al parecer tanto les acomoda. Y sería deseable que en un futuro no muy lejano los californianos puedan dar rienda suelta a esta faceta que, lamentablemente, aún no han explotado. Esperemos que “Gigantoid” sea el primer paso.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Roberto Fuentes

    18-May-2014 en 8:36 am

    Comparto gran parte del revise, es notable el trabajo en estructura, esta vez caminando por otra vereda, mas psychodelica, densa y doomy a ratos, pero sin perder un ápice el fuzz marca registrada, sin entrar en comparaciones burdas con el pasado me parece uno de los mejores trabajos de fu manchú con una dosis extra de agresividad, menos surf y mas piedra.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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