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Franz Ferdinand – “Always Ascending”

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A esta altura, Franz Ferdinand se ha transformado en toda una institución musical, encarnando un bien acabado proyecto de revival de rock de garage prototípico de los ya lejanos años sesenta y setenta. Sin embargo, esta afirmación podría haber sido utilizada hace unos siete años y nadie hubiese movido la cabeza en clara señal de reprobación. Resulta que los tiempos han cambiado y, de aquel rock envuelto de guitarras estridentes y de batería rítmicamente ejecutada, hemos devenido en una intromisión de la electrónica y el dance. Basta escuchar el desplazamiento del recordado salvajismo de The Strokes o The Killers hacia una música más “amigable” para percatarse de que la movida indie ha adoptado otro ropaje, ahora más festivo y fundamentalmente bailable.

Los tiempos han cambiado tanto, que los escoceses incluso debutan con nueva formación en este disco. La inesperada salida de Nick McCarthy a mediados de 2016 exacerbó la bifurcación que Alex Kapranos tenía pensada para este quinto trabajo, y en su reemplazo se incorporó Julian Corrie. En “Always Ascending” tenemos diez composiciones aglutinadas bajo el sello dejado por el anterior disco, “Right Thoughts, Right Words, Right Action” (2013), es decir, un trabajo repleto de reminiscencias al dance y a los sintetizadores, dejando de lado esos recordados riffs de sus primeros tres trabajos. Vocal, instrumental y compositivamente el disco posee una solidez ya característica y, desde ese punto de vista, es mucho lo que se puede esperar. Este es lógicamente un disco que no va en la dirección de lo que se hizo, sino de lo que, en términos de la música, habrá de venir en los próximos años.

La canción homónima abre los fuegos con una larga introducción, que recuerda el oscuro momento de Iggy Pop en el inicio de “Kill City” (1977), pero que se transforma en un hit absolutamente festivo, alegre y bailable. La voz de Kapranos sufre una irreconocible metamorfosis, pero bien se acomoda con el sentido de la composición. “Lazy Boys” construye una atmósfera eléctrica y plástica, sintetizadores de comienzo a fin, aunque esta vez acompañados de un irreprochable riff que se pliega a un coro pegajoso. “Paper Cages”, por su parte, se sostiene por su timbre rítmico ostensiblemente sacado de una base de hip hop, aunque pasada por el cedazo del pop electrónico; una canción que recuerda, en parte, los buenos momentos de su anterior trabajo. “Finally” es lo más parecida a los primeros Franz Ferdinand, es decir, una batería que revienta el platillo, guitarras encendidas y un bajo poderosamente marcado. “The Academy Award” es una composición reflexiva y lenta, próxima a una balada, pese a ello, propone una introducción al mando del piano que bien resuena con la identidad general de la canción.

“Lois Lane” y “Huck And Jim” toman una máxima de The Clash que reza que incluso la pestilencia y la perversión pueden bailarse. Ambas son canciones que abiertamente critican los privilegios y privilegiados del establishment del moderno capitalismo. “Glimpse Of Love” es un melodrama romántico que acomete sobre la ilusión de un concepto de belleza humana, sonoramente está plasmada de festividad y de un ritmo cadencioso, excesivamente bailable. “Feel The Love Go” se posiciona como lo mejor logrado de la placa, haciéndole justicia al concepto final del proyecto: más sintetizadores y menos guitarras. “Slow Don’t Kill Me Slow” cierra el disco de una manera dramática y oscura, creando un paisaje sonoro aletargado, acompañado de una voz de Kapranos que pareciese salir de ultratumba.

“Always Ascending” es la visceral muestra de la mutación electrónica, funk y dance que se inició con “Right Thoughts, Right Words, Right Action”. Al ejecutar este desplazamiento, estamos en presencia de una negación de lo que fue Franz Ferdinand en el pasado, pero ello no debe ser motivo de desánimo en la medida que se debe hacer justicia al carácter de la época actual. El disco es ejecutado e interpretado con una solidez inigualable y con un corpus de ideas que proveen de un futuro esplendor a los escoceses.


Artista: Franz Ferdinand

Disco: Always Ascending

Duración: 39:48

Año: 2018

Sello: Domino Records


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Discos

Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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en

Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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