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Foster The People – Supermodel

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La historia de Foster The People parte como la de muchos proyectos musicales: de mentes brillantes que nacen tan grandes, que necesitan imperiosamente un soporte interpretativo que las sustente en el tiempo. Mark Foster, el cerebro detrás de esta maquinaria de hits, quien originalmente se desempeñaba como creador de jingles publicitarios en una agencia dedicada al rubro, luego de un período oscuro de drogas, alcohol y bohemia, tuvo la sensibilidad pop de crear uno de los hits más pegadizos de esta década que apenas se empina por su mitad, el inefable “Pumped Up Kicks”, creado en la etapa en la que hoy conocemos como Foster The People, con el baterista Mark Pontius y el bajista Cubbie Fink, por allá por el año 2010. El single tuvo alta difusión y luego de todo ello nació “Torches” (2011).

FOSTER THE PEOPLE 01De esta explosión de indie pop, que pese a las intenciones iniciales de Mark Foster que, teniendo una amplia paleta de estilos terminó siendo un pop de factura impecable, plagado de beats y melodías pegadizas, pocos quedaron ausentes. A poco andar de este año, Foster declaró tener intenciones de crear un disco más maduro y más rockero, y el teaser que lo acompañaba daba ciertas señales que aquello podía volverse realidad. Estas intenciones cuajaron en “Supermodel”, y lo cierto es que esta tentativa de madurar el sonido se logró. Si para eso tomamos “Are You What You Want To Be?”, la sensación que queda es de satisfacción, guitarras gancheras y un beat potente de batería confirmando la idea. Con “Ask Yourself” y su guitarra casi acústica de entrada y el pulso a contrapunto, llenan de novedad los oídos.

Donde se podría fruncir el ceño es en el single “Coming Of Age”, en el que el beat de batería ya empieza indefectiblemente a recordar a “Pumped Up Kicks”, pero tiene una guitarra etérea encima, así que la atención se distrae. Luego, al entrar la parte fuerte de la canción, asoma un riff que hace olvidar toda aprensión. En “Nevermind” se entremezcla un clásico ritmo de rock con guitarras que tienen un agradable gustillo a bossanova más un breve solo de guitarra. La tarea hasta este entonces está cumplida, salvo que “Pseudologia Fantastica” asoma como un recordatorio que, lo que estamos oyendo, a fin de cuentas no deja de ser Foster The People, con tintes electrónicos que retrotraen a “Torches”, pero con una pulsión y un tratamiento instrumental distintos, mucho más orgánico y una inserción guitarrera que hasta recuerda a un My Bloody Valentine prostituido y entregado al pop más comercial.

FOSTER THE PEOPLE 02Del breve inserto coral que es “The Angelic Welcome Of Mr. Jones” salta bruscamente a “Best Friend”, llamada obviamente a ser single, derechamente bailable y apegada a la raíz de la banda, acompañada por algo similar a secciones de bronces y un seductor bajo en onda funky. “A Beginner’s Guide To Destroy The Moon” comienza con un sampleo a “LVL” de A$ap Rocky, mostrando que no sólo de pop vive el hombre, sino que también de las influencias que una vez Mark Foster quiso insertar en su música y que ahora pudo lograr mezclándolas con pop rock hecho y derecho, y su característico falsete.

“Goats In Trees”, con su guitarra acústica, puede servir perfectamente como interludio al sonido que el álbum ha desarrollado hasta ahora o como prueba que el espectro sonoro de Foster The People da para mucho más; cualquiera sea la opción, es bienvenida. En “The Truth” dan cuenta del porqué en su momento los vincularon a toda la camada de indie rock, sonando –al menos vocalmente- a MGMT en sus primeros años, para terminar con “Fire Escape”, un pecadillo en el que muchas bandas caen, un downtempo casi en su totalidad construido con guitarra acústica, tal vez innecesario o, si lo vemos positivamente, una coronación a este nuevo sonido.

Con todo lo anteriormente dicho, “Supermodel” es una prueba que Foster The People tiene mucho más que decir que “Pumped Up Kicks” y que el imaginario musical de Mark Foster puede que esté apenas comenzando a surgir.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Javier Æøå (@javier_aeoa)

    28-Mar-2014 en 3:05 am

    wena Danny!

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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