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Foo Fighters – Sonic Highways

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El octavo disco de Foo Fighters fue grabado en ocho estudios, en ocho ciudades, en ocho semanas, para una serie de HBO que muestra ese proceso, en ocho capítulos, con ocho invitados, uno en cada canción, retratando la identidad sonora de Estados Unidos, generando las “carreteras sónicas” a las que referencia el título de la placa. Pero “Sonic Highways” tiene tantos pies forzados, tantas condiciones que cumplir, que la tarea emprendida por Dave Grohl y los suyos parecía titánica. También esta sería una empresa tremenda para Butch Vig, quien volvía a la producción de un disco de los Foo tras el gran “Wasting Light” (2011), que tuvo una calidad innegable, y fue de los mejores álbumes de ese año. Y lo cierto es que ni siquiera Vig es capaz de conseguir que esta empresa llegue a buen término, porque ante cada genialidad que puede aparecer, le sucede un gran “pero” que no permite que el acto de disfrutar de este disco sea pleno.

FOO FIGHTERS 01Tal vez el mejor momento de este disco sea “In The Clear”, canción que fue grabada en New Orleans con The Preservation Hall Jazz Band, donde la calidez de los vientos permite que el aire épico que rodea a la canción, muy en la onda del arena-rock de U2 o Arcade Fire, sea logrado por completo. Pero ni siquiera este track se escapa del gran problema que existe con el álbum en su totalidad: la falta de nexos emocionales posibles entre el hablante en las canciones y los oyentes. No hay forma de involucrarse con las historias ni los sentimientos que se plasman en las composiciones de Foo Fighters. El ejercicio de Dave Grohl de escribir basándose en las transcripciones de las entrevistas hechas para la serie de HBO se queda en eso, en un ejercicio, pero el esfuerzo grande que se pone Grohl a sí mismo no hace más que generar presión en líricas que no logran que el auditor se involucre. No se ve posible que alguien dedique o se autodedique “Something From Nothing” o “Congregation”, así como sí ocurría con “My Hero” o “Walk”, sólo por nombrar temas que sí tenían al componente emocional como algo relevante.

Los problemas no se detienen ahí. El sonido es excesivo. Las fanfarrias de “What Did I Do? / God As My Witness”, grabada en Austin, y con Gary Clark Jr., son sosas, innecesarias, y eso le pasa a muchos elementos del disco, que para tener un sonido potente se olvidan que parte importante de lo deslumbrante que puede tener un registro es el control de las partes, y el manejo narrativo de lo sonoro. O sea, si tienes todo lo que tienes a disposición, sonando al mismo tiempo, y crees que por eso suenas mejor y más fuerte, te equivocas, porque será una de dos cosas: o un caos difícil de leer, o un sonido intrascendente. Esto pasa especialmente con la tercera y cuarta capa de las guitarras, que suenan a veces muy plásticas, y otras muy de relleno. Y es una pena pensando en colaboradores como el propio Clark o el gran Rick Nielsen de Cheap Trick. De todas formas, también hay malas FOO FIGHTERS 02colaboraciones como la cansina “Subterranean”, donde ni siquiera se respira el espíritu de Seattle, y donde Ben Gibbard (The Postal Service, Death Cab For Cutie) no logra generar nada conmovedor, pese a que estructuralmente sea esta la canción donde podría haber existido un matiz relevante. Imposible no pensar en que hay tantas ideas buenas, y que la mezcla de estas no pudo ser bien llevado a cabo, y en lo acongojante que resulta esto.

Es interesante y también descorazonador ver la evolución de Foo Fighters, desde un primer disco donde Dave Grohl dejó su carne, sangre y alma en un disco propio, haciendo todo solo, y que le sirvió como escape de sus emociones, con un gran resultado, hacia esta odisea moderna que lleva de forma obsesiva y excesiva a la ahora banda a un experimento fallido, que con tantos pies forzados intenta llegar a un resultado unitario que no es más que un pegoteo de partes haciendo de melodías interesantes, canciones poco relevantes. Y eso para una banda como Foo Fighters es grave.

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6 Comentarios

6 Comments

  1. Marianors

    04-Dic-2014 en 7:29 pm

    Parece que el comentarista lo escucho uno sola vez. tipico!

    al escuchar varias veces el disco y ver la serie te vas dando cuenta de lo conmovedor de las letras y con cada una de las partes que encajan por track, si! claro, son 8 historias con 8 formas distitas y 8 historias separadas, pero le dan el tocque al album.

    según yo I am the river es la máxima canción del disco. y al parecer , sin haber visto el capitulo de está, debería ser igual de interesante.

    cumple con lo que trataron de hacer, contar la historia de esas 8 ciudades y plasmarlo en un disco, tal vez no sea el sonido que representa a la ciudad, pero es la inspiración!.

    en fin, para mi el disco está de patada voladora! y ya me imagino lo que será en Enero, aunque apuesto que con un nacional a 3/4 de capacidad .

  2. matiasvafi

    04-Dic-2014 en 11:12 pm

    En el primer o segundo capítulo de los documentales queda claro el sonido del disco. Son solo pequeñas influencias los distintos tipos de música según la ciudad donde grabaron, no se dejaron llevar demasiado ya que eso los convertería en otra cosa, algo que no es Foo Fighters.

    Las historias además son clarísimas, uno escucha el disco, ve los capítulos, vuelve a escuchar el disco y vincula todo, le da otro sentido al disco y a las letras inmediatamente.
    No es un disco mejor que el Wasting Light, pero es un buen trabajo que en vivo será muy interesante de escuchar.

    Bien mala leche la crítica.

  3. Pancho Báez

    04-Dic-2014 en 11:38 pm

    Con este disco tengo sentimientos encontrados:

    Por una parte, se valora la intención y el “eje conector” que intentó plasmar grohl en cada una de las canciones. Por otra parte, se valora el hecho que por fin se están escuchando mejor las líneas de bajo y mejores fraseos en las guitarras secundarias, sobre el riff incesante, poco pulcro y avasallador del ex nirvana. Me aventuraría a decir en este sentido que por fin creo que Pat Smear pasó a ser algo más que la “2° rítmica” de la banda.

    Por otra parte, el trabajo refleja el incesante esfuerzo de Dave Grohl de posicionar a su banda en un pedestal mayor (esfuerzo que a mi parecer ni siquiera necesita). He aquí uno de los grandes pecados de las bandas, intentar “más por más” … Wasting light es un disco completo, muy pegajoso que da gusto escuchar de inicio a fin. Grohl debió haber dejado pasar un par de años antes de reemplazarlo.

    En resumidas cuentas. Foo Fighters necesita más aire, menos esfuerzo mediático … tal vez volver un poco a sus inicios underground, a la humildad del comienzo.

  4. Juan José

    06-Dic-2014 en 2:05 pm

    Leí solo una vez este review, al igual que su creador, sólo escucho una vez el disco.

    SH es un disco de varias escuchas para digerirlo y eso se nota en la primera escuchada, lastima que el creador del review no lo logró captar.

  5. corso

    08-Dic-2014 en 10:49 am

    un disco que intenta romperte la cabeza pero no tiene mas que cliches sonoros pensando en la gira, Grohl debiera concentrase en descansar mejor la ideas , salirse del medio un rato y hacer letras y musica menos tontas pero su ego no se lo permite. El sonido es tan limpio que molesta, y lo peor, los invitados no lucen, dan la sensaciónde que pudieron no estar, y eso viniendo de tipos tan “quitados de bulla y protagonismo” como son, por ejemplo, Nielsen y Walsh, es un error de los grandes …grohl, toma vacaciones !

  6. Pingback: Show completo de Foo Fighters en BBC Radio 1’s Big Weekend » HumoNegro.com

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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