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Foals – What Went Down

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Foals está de vuelta. Así lo han hecho saber fuerte y claro desde que hace unos meses empezaron a liberar los primeros adelantos de lo que sería esta, su más reciente entrega, dejando en claro desde un principio cuál es la tónica esta vez: con un sonido levemente más alejado del math rock que caracterizó sus trabajos anteriores, se aventuran con sonidos mucho más fuertes y ruidosos, pero a la vez potenciando su sello particular basados en sus hipnóticas guitarras, la matemática que aún conservan en sus percusiones, la expresiva voz de Yannis Philippakis o, más probablemente, en la sinergia de estos elementos cuando suenan en conjunto. Aquello que los define es algo que Foals tiene claramente identificado y, tras tres discos lanzados a lo largo de seis años, la evolución de cada elemento es evidente entre cada trabajo, y es en “What Went Down” donde viene a encontrar un punto álgido en su madurez.

FOALS 01En este disco nos encontramos con música llena de movimiento, tanto por sus ritmos casi bailables, como por el conjunto completo de sonidos, que es en sí mismo como un recorrido por las profundidades que varía en su velocidad. Es así que este viaje empieza potente, rápido, y para ello las canciones escogidas son “What Went Down” y  “Mountain At My Gates”. La primera, explosiva, funcionando casi a modo de fuegos artificiales para abrir este tan esperado trabajo. En la segunda, los arreglos de guitarra recuerdan mucho al encanto que marcó “Total Life Forever” (2010), con esos sonidos tan melódicos pero a la vez llenos de actitud. En tanto, “Birch Tree” se sitúa como una composición de dos partes, con una transición casi imperceptible, que funciona de la misma forma dentro del disco.

Lo que parte por un ritmo que podría ser hasta bailable, finaliza con sonidos más distorsionados y algo más profundos para introducir sutilmente a “Give It All”, una de las pocas canciones lentas de esta entrega, la cual nos conduce a través de un desplazamiento submarino por las intensidades que Foals ha aprendido a manejar tan bien, con melodías que transportan y que, a su vez, se fusionan con esa influencia pop con la que ya experimentaron en “Holy Fire” (2013). Es esta misma influencia la que quizá les facilitó alcanzar la masividad que lograron tras dicho lanzamiento, agregado que no molesta, en tanto lo han sabido integrar de forma sabia a su propio sonido, quedando más que claro en la consistente “Albatross”.

Y para que no nos quede lugar a dudas sobre el rol fundamental de cada integrante de la banda, “Snake Oil” se presenta como un tema creado especialmente para sacar a relucir el talento y la actitud del bajista, Walter Gervers, quien en esta pista se hace cargo del liderazgo instrumental con una línea melódica impecable. “London Thunder”, por su parte, ya se sitúa entre las favoritas de los seguidores de la banda, y con justa razón, ya que es una de las canciones más íntimas del disco, cargada hacia la melancolía y la introspección. Sin dejar nada al azar, “A Knife In The Ocean” es la canción escogida para cerrar el disco, aunque pareciera haber sido directamente compuesta con dicha intención. Un FOALS 02tema que sintetiza la intensidad que va tomando la placa conforme se acerca a su final, con un principio cargado de tensión, decantando en los continuos quiebres que presenta desde que se acerca el primer coro. Tras esto, dicha tensión se va liberando progresivamente de forma cada vez más visceral, con instrumentos más distorsionados y con la voz de Philippakis funcionando como el acompañante idóneo para esta catarsis final.

Es así como los ingleses han dejado pasmados a su público, alcanzando una madurez que se expresa fuerte y claro, tanto en la implementación y ejecución de las composiciones, como también en la composición misma, donde Foals establece un diálogo con distintos estilos, pero siempre imponiendo su sello particular. Su trayectoria, aunque breve, no ha sido en vano, siendo posible apreciar la identidad de cada disco, y es en este trabajo donde nos muestran los resultados de una madurez continua, recopilando lo aprendido en cada una de sus anteriores entregas para lograr un sonido cada vez más consolidado. Esperamos tener Foals para rato, porque, a juzgar por “What Went Down”, esto recién empieza.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Nico

    23-Sep-2015 en 10:18 pm

    Es la zorraaaaaaaa

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Discos

DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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