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Emily Alone Emily Alone

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Florist – “Emily Alone”

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Tras el lanzamiento de su segundo disco, “If Blue Could Be Happinnes” (2017), Emily Sprague, mente detrás de Florist, se mudó a Los Angeles. Rodeada del sorpresivo fallecimiento de su madre y de una ruptura amorosa, la compositora encontró en la soledad y en la reclusión un refugio. Separada de sus compañeros de banda y alejada de la ciudad en la que forjó sus primeros proyectos musicales, Sprague compuso y escribió canciones, lanzando música ambient bajo su nombre y trazando las que serian las pistas de su tercer disco como Florist. “Emily Alone” es el vulnerable resultado del trabajo realizado estos dos años, ofreciendo doce íntimos cortes que varían entre la introspección, la melancolía y la soledad.

Tal como su nombre nos adelanta, “Emily Alone” nos presenta un material realizado en su totalidad por Sprague, pero la soledad que el disco expresa no se limita tan solo a la creación individual del producto musical, sino que a los momentos más íntimos de las personas, donde la introspección en los momentos de soledad parece ser la única respuesta a los problemas que nos rodean. El primer track, “As Alone”, presenta una conversación reflexiva consigo misma, cuestionando su papel en este mundo y qué es lo que la hace ser ella misma. Con una desnuda instrumentación, acompañada apenas de simples pero efectivos acordes de guitarra, la voz de Sprague presenta desde el inicio la vulnerabilidad que se reflejará en el resto del disco. “Emily, que sepas que no estás tan sola como te sientes en la oscuridad”, se conforta así misma y a su audiencia, repitiendo el mensaje una y otra vez hasta que este sea claro.

Si bien el fuerte del disco está en la lírica y en las vocales, existen momentos más melódicos. “Moon Begins” presenta una especial química entre la delicada voz de Strague y los acordes que la acompañan, sumando un sutil pero vibrante teclado. La compositora además incluye las técnicas ambient de sus proyectos solistas, agregando sonidos de agua que fortalecen la fluidez del tema, al igual que la balada a piano “M”, utilizando el sonido de pisadas y el canto de pájaros en su instrumentación, como un paseo por el bosque. Estas técnicas le agregan dinamismo al material y llevan a imaginar con mayor claridad aquellos lugares y situaciones que Sprague vivió durante la creación del disco, acercando a su público a los momentos íntimos que relata.

Para la simplicidad musical que presenta un disco como este, existen momentos donde la tradición del género es cuestionada. Cortes como “Celebration” y “Still” son casi poemas hablados con música en segundo plano, que funcionan como interludios, pero también son piezas claves y algunos de los momentos de mayor reflexión. La estructura de las canciones no se rige a la manera tradicional de componer músical folk o indie, verso-coro-verso, sino que la música pareciera ir creándose a partir de las palabras que Sprague lanza, combinándose en acertadas composiciones que no se limitan a reglas preestablecidas.

Existen momentos de especial crudeza, como en “I Also Have Eyes”, uno de los cortes donde las vocales de Sprague parecen más lastimeras que en el resto. “¿Cómo llegué a este lugar? Mi vida es una combinación de cosas en las que casi no tengo control”, canta con una voz más entrecortada que en el resto de las canciones que buscan claridad. El tema es también uno de los pocos momentos donde un pitido electrónico aparece, perturbando la tranquilidad acústica del resto de las canciones. El disco deambula entre la tristeza que le provocan estas reflexiones y los momentos de optimismo. “¿Por qué me siento tan feliz cuando miro al océano y después devastada cuando miro al océano?”, canta en “Ocean Arms”, representando la continua batalla entre los pensamientos en soledad. “Time Is A Dark Feeling” presenta uno de los relatos más sombríos, acompañado de una minimalista guitarra y un soplido de viento en el ambiente que agrega nuevas sensaciones en el material. La canción cuestiona la construcción del tiempo en sí misma y el efecto que este produce en las relaciones con otros y consigo.

El álbum termina en una nota positiva, como también lo hacen sus reflexiones finales, representando sus pérdidas con la presencia de aves, vientos y lluvia. “Today I’ll Have You Around” es una melódica balada a guitarra acompañada del intermitente sonido de la lluvia, casi como si se presenciara en el momento mismo en que se compuso. “Hoy te tendré cerca”, se repite a sí misma una y otra vez, no sólo para confortarse, sino con la seguridad de que el paso del tiempo y el espacio solitario en el que creó sus composiciones no implican su soledad. “Emily Alone” es un simple, pero íntimo trabajo, enfocado a escucharse en solitario, en compañía solo del ambiente que lo rodea. Con melódicos acordes y una honesta voz, Emily Sprague se recuerda a sí misma y a su audiencia que no están tan solos como creen.


Artista: Florist

Disco: Emily Alone

Duración: 39:36

Año: 2019

Sello: Double Double Whammy


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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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