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Florence + The Machine – How Big, How Blue, How Beautiful

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Florence + The Machine está pasando por una de sus mejores etapas en lo que lleva de carrera, y se nota, no sólo porque ha logrado posicionarse como cabeza de cartel en gran parte de los más importantes festivales, ni porque haya logrado posicionarse en la cima de todos los rankings de la mano de su último lanzamiento, o porque pueda darse el lujo de reemplazar a bandas del peso de Foo Fighters en un festival de la talla de Glastonbury, sino que el gran momento que atraviesa la banda liderada por la carismática Florence Welch se da también a nivel interno, entre quienes componen la agrupación: poco a poco van sintiéndose más cómodos en el camino que han decidido recorrer. Florence declara estar superando la ansiedad que le significaba presentarse ante grandes multitudes –hecho por el que, confiesa, llegó a abusar del alcohol en más de alguna ocasión- y la banda completa comienza a sentirse cada vez más afiatada y más cómoda trabajando en conjunto, y esto se siente fuerte y claro en “How Big, How Blue, How Beautiful”, en sus composiciones, en cada instrumento, en cada detalle agregado que entra a formar parte de una sinergia, donde todo apunta hacia un mismo horizonte en común.

FLORENCE AND THE MACHINE 01A propósito de la fractura de pie que sufrió la vocalista en la más reciente edición de Coachella, unas semanas antes del lanzamiento oficial del disco, a través de su cuenta de Instagram la artista afirmó que “este álbum se trató mucho acerca de hacer algo a partir de lo que estaba roto”. Y es justamente lo que Florence Welch y compañía nos hace sentir desde el primer track, “Ship To Wreck”, una potente bienvenida, donde la fuerza de la voz de Florence nos invita a alejar los pies del suelo y dejarnos llevar por lo que será el principio de este viaje. En ella, se refiere a algunas de las conductas autodestructivas en que solía incurrir, pero también nos muestra cómo puede transformar esto en energía para emprender el vuelo y con este impulso llegar al siguiente track.

“What Kind Of Man” ya había sido estrenada como sencillo a principios de año, y desde ese entonces nos hacía prever la atmósfera que reinaría en este disco: intenso, con claros mensajes que necesitaban ser gritados a los cuatro vientos de la mano de la prodigiosa voz de Florence, acompañados de melodías pop con actitud avasalladora, mismo sello que caracterizó a la banda desde su debut con “Lungs” (2009). A continuación, “How Big, How Blue, How Beautiful”, la canción que da nombre al disco, si bien no alcanza clímax tan altos como los dos primeros tracks, se constituye como una canción sólida, un poco más calma, pero en la misma tónica recia y potente.

Las revoluciones comienzan a bajar poco a poco hasta llegar a “Various Storms & Saints”, “Long & Lost” y “Caught”, tres baladas situadas estratégicamente como tracks intermedios en el disco, cargadas de reflexiones con el matiz introspectivo necesario para sustentar el golpe energético de las otras pistas. Todo adornado por un acompañamiento musical mucho más discreto, que sitúa la voz de Florence como si del instrumento principal se tratase, posición que la británica ha sabido llevar en este caso entonando las notas más dulces y guardando la potencia para momentos sabiamente seleccionados. Posteriormente, los ánimos comienzan a retomarse de la mano de “Third Eye”, un FLORENCE AND THE MACHINE 02llamado al amor propio, a sacar ánimos cuando estos escasean, un impulso a la fuerza interna que todos tenemos y que, por circunstancias de la vida, solemos apagar con nuestras propias dudas e inseguridades. El cierre del disco queda a cargo de la poderosa “Mother”, la cual mantiene una tensa calma durante sus estrofas, para alcanzar la catarsis durante el coro y hacia el final de la canción. Un cierre de proporciones, que retoma lo que se buscó fuera la tónica total de la entrega.

En general, “How Big, How Blue, How Beautiful” se trata de un disco mucho más enérgico respecto del anterior, “Ceremonials” (2011), uno donde se hablaba de escapar y de pugnas internas sin resolver. Ahora el giro argumental apunta hacia enfrentar los conflictos y continuar con la vida. Florence + The Machine ha decidido hacer frente a sus monstruos internos y nos ha entregado como resultado este disco, una fotografía del aprendizaje constante por el que atraviesa, y que agradecemos pueda captar de manera tan sincera y cargada de potencia.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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