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Father John Misty – I Love You, Honeybear

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Dentro de los variados temas existentes para escribir en la música, el amor siempre logra mantenerse vigente. Aferrándose a la relación con su mujer, además de algunas historias de vida, Josh Tillman se aventura en su nuevo álbum de estudio, el segundo bajo el seudónimo de Father John Misty y que lleva al ex Fleet Foxes a explorar variados sonidos, pasando desde el folk con tintes psicodélicos, a baladas con un tempo más romántico. Estructurado bajo los parámetros de un álbum conceptual, “I Love You, Honeybear” nos lleva por un viaje repleto de historias inspiradas en cosas simples de la vida, hasta dramas personales de carácter más complejo.

FATHER JOHN MISTY 01El track que inicia y da nombra al álbum, sirve como buen puntapié para la historia en cuestión. La sección de cuerdas le entrega una magistral atmósfera, la cual se funde con la apasionada interpretación de Tillman, quien declara su amor incondicional con desgarradoras y profundas líricas. Como una sucesión perfecta de emociones e instrumentos, “Chateau Lobby #4 (In C For Two Virgins)” presenta un lado más folk, con letras igual de románticas que la pista anterior, pero centradas en lo más simple del amor.

De manera más dispar con los estilos presentes a lo largo del disco, “True Affection” se desarrolla mediante arreglos electrónicos que se justifican en su temática, ya que nos habla de una relación en los tiempos modernos, con las redes sociales, smartphones y todo lo que hace del amor hoy en día algo muy distinto a otros tiempos. “The Night Josh Tillman Came To Our Apartment” calma las aguas con un ritmo parejo y agradable. El folk vuelve a hacerse presente como en la mayor parte del álbum, mientras la guitarra adorna la voz de Tillman que, con cierta tristeza, narra un complejo escenario de desamor, en el tono intrigante y profundo que engloba a la obra. Las influencias no están del todo claras, pero sí se pueden deducir con los coros en “When You’re Smiling And Astride Me”, donde las voces femeninas nos llevan por una balada que perfectamente pudo ser obra de Sir Elton John. Solos de guitarra relajados, una batería marcando el tempo preciso, y una voz desplegando emoción y solidez durante los cuatro minutos y medio de esta maravillosa composición, uno de los puntos más altos de todo el disco.

Con la sección de cuerdas siempre presente, el country llega con algunos slides al comienzo de “Nothing Good Ever Happens At The Goddamn Thirsty Crow”, la que se transforma después en una balada con un ritmo calmado que mantiene una perfecta sincronía con el resto de las composiciones. En ese punto del álbum, “Strange Encounter” hace soltar una ligera sonrisa, cuando se descubre la notable continuidad que hay entre todas las canciones que logran formar una buena historia como tal. En un tono más moderno, “The Ideal Husband” cuenta la historia de un divorcio con una batería en plan indie rock y un teclado con la cuota de psicodelia que le da una notable energía. Una desnuda “Bored In The USA”, con nada más que un piano y la voz de Tillman, nos hace reflexionar acerca de la vida, con algunos planteamientos a la sociedad americana, tal como reza su titulo. La calma sólo se ve interrumpida por risas y aplausos, las que Tillman declaró haber puesto para “neutralizar ideas FATHER JOHN MISTY 02negativas”. La transición del piano a la guitarra se presenta en “Holy Shit”, balada igual de desnuda que la anterior, pero con algunos arreglos de teclado y violines que le dan la intensidad perfecta para ir cerrando el disco. Y ese punto final llega con “I Went To The Store One Day”, balada con tintes de Don McLean, que cuenta la historia de cómo él y su esposa Emma se conocieron e iniciaron su historia de amor, responsable de las maravillosas once canciones que entrega este álbum.

La premisa general en todo el álbum son los sentimientos, el amor y la vida misma, conceptos que fueron muy bien abordados por Father John Misty. Aunque quizás peque en lo monótono, las letras son justificadas por el carácter conceptual del disco, además, estas son justificadas con una impecable instrumentación, notablemente mejor que la de su antecesor “Fear Fun” (2012). Lo logrado por Tillman en este disco es claro: se pueden tomar elementos clásicos y poco recurrentes hoy en día y transformarlos en baladas desgarradoras, las que nos dejan un mensaje de lo cotidiano, de lo simple y lo complejo de vivir la vida.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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