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Who's Next Who's Next

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El Álbum Esencial: “Who’s Next” de The Who

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Si se mira con detención la discografía de The Who, en algún momento se hace evidente que algo debió suceder entre el lanzamiento de “Tommy” (1969) y “Quadrophenia” (1973), dos óperas rock de innegable complejidad musical y narrativa, extrañamente intercaladas con un álbum de estudio de corte tradicional y de sólo nueve canciones. Resulta por lo menos llamativo que el cuarteto eligiera dejar de explotar el formato justamente después de que “Tommy” hiciera alcanzar a la banda niveles de reconocimiento y popularidad que antes nunca habían tenido. Es en el corazón de este sinsentido donde se escribe la historia del que terminaría siendo, para muchos, uno de los mejores álbumes de rock de la historia.

“Tommy” fue definitivamente un misil, nadie lo vio venir y arrasó con todo. Sin tratarse de la primera ópera rock (mérito reservado para la banda inglesa Nirvana un par de años antes), sin duda fue la primera obra de estas características que llevó el concepto a oídos de todos. Esto traería como consecuencia una agenda de presentaciones en vivo gigantesca, que terminaría transformando al cuarteto mod londinense en un animal distinto, amo y señor del rock de estadios. Inesperadamente, la historia del niño ciego, sordo y mudo, terminó llevando al cuarteto a ese lugar donde la suma de las partes termina definitivamente superando al todo esperable. Fue en este escenario en que Pete Townshend comenzó a descifrar cómo seguir adelante sin repetirse y, sobre todo, sin bajar el nivel. ¿Qué tal si esta vez, en vez de trabajar la historia desde la dinámica habitual, se forzaba el proceso creativo desde una esquina distinta, donde la interacción con la audiencia no sólo fuera el motor de las presentaciones en vivo, sino que además el espacio donde el proceso creativo sería llevado a cabo? Fue bajo este concepto que nacería “Lifehouse”.

Hoy no parece tan difícil de explicar, sin embargo, cuando en los setentas el autor de “My Generation” abordó a sus compañeros con un proyecto mitad película, mitad banda de sonido, para supuestamente ser desarrollado junto a un puñado de seguidores en una serie de presentaciones en vivo que, de alguna manera, terminarían dando forma al nuevo álbum. Lo cierto es que sonó algo raro. Más aún si consideramos que la línea argumental de la ópera se desarrollaba en un escenario donde las personas vivirían permanentemente conectadas a un sistema llamado “The Grid”, que al estar controlado por el gobierno mantendría al pueblo adoctrinado, hasta que un día, tras conocer “la nota única”, todos los cautivos serían liberados.

A pesar de las aprensiones iniciales, la banda decidió al menos intentar explorar la idea de trabajo de Townshend. Por desgracia, luego de algunas semanas de presentaciones en vivo, los conciertos destinados a trabajar el nuevo material con la audiencia (las míticas presentaciones del Young Vic) demostraron ser un completo fiasco. Si a esto le sumamos el retiro de buena parte de los fondos destinados a la empresa, la falta de credibilidad en el proyecto que rondaba en el aire y la incapacidad de un agotado Townshend para explicar claramente qué era lo que tenía en su cabeza, era esperable que el proyecto terminara derrumbándose. Por fortuna para la música, los conciertos del Young Vic demostraron no ser del todo tiempo perdido, y si bien es cierto no ayudaron a que la idea original llegara a puerto, permitieron que la banda entrara al estudio derechamente a terminar de pulir temas que ya conocían al dedillo. De esta forma, con la ayuda de Glyn Johns en las perillas y con el claro objetivo de sacar adelante lo mejor que habían obtenido de “Lifehouse”, comenzaron a grabar lo que terminaría siendo “Who’s Next”.

Había llegado el momento de dejar atrás las incertezas, y para esto qué mejor que “Baba O’Riley” para dar el puntapié inicial al álbum. La armonía al sintetizador (no un loop como podría parecer) y la arrolladora entrada de Moon, hacen de este track uno de esos destinados a anotarse un lugar en la historia desde su primer minuto de vida. Potente y avasallador, fluye con fuerza a todo lo largo de sus cinco minutos, superándose a sí mismo con cada segundo que recorre. Como si el comienzo no fuese suficiente, el potente mensaje del coro se alza imperecedero (el eterno “teenage wasteland”) y, cuando la tarea ya parece cumplida, el magistral cierre a cargo de Dave Arbus en el violín termina elevando aún más un track, a esas alturas, perfecto.

Y si de himnos se trata, “Who’s Next” los tiene de sobra. A pesar de su aparente sencillez musical, “Behind Blue Eyes” se anota otro de esos momentos irrenunciables. Y es que los méritos de este track, no tienen que ver con lo musical. En esta oportunidad es la sentida y honesta interpretación de Roger Daltrey lo excepcional, sobre todo si consideramos que no se trata de una balada azucarada, lo que tenemos acá es un corte duro y confesional acerca de cómo la vida nos puede llevar a cumplir roles difíciles de comprender, capaces de generar mucho dolor en quienes nos rodean y que, en la práctica, nos obligan muchas veces a reprimir lo que sentimos, arrastrándonos a una existencia irreal y solitaria. Nunca antes el grito de aquellos que hieren a quienes tienen a su alrededor había sonado tan dulce.

Para muchos, sin embargo, lo que hace a “Who’s Next” el álbum que es, son los algo más de ocho minutos de “Won’t Get Fooled Again”. Townshend ya venía experimentado con los sintetizadores hace un tiempo, no obstante, es en este track donde finalmente alcanzan su mayor nivel de complejidad y protagonismo. Ya desde el inicio la base musical se entrega a la adictiva cadencia del órgano Lowrey sintetizado, sin embargo, no es sólo esto lo magnifico del tema: lo increíble es cómo la banda se complementa alrededor de la base. Cuando tenemos al frente a un Keith Moon así de gigante, un Roger Daltrey enfocadísimo, llevando la canción al clímax con un grito bestial, un Pete Townshend haciéndose cargo de sostener toda la energía hacia la mitad de la canción y, principalmente, a un John Entwistle sobrenatural en el bajo, llenando cualquier espacio que pudiera parecer ocioso, es cuando estamos seguros que la banda ocupa definitivamente un lugar en el panteón que reúne a ese puñado de conjuntos donde cada miembro es francamente excepcional.

Fuera de estos tres himnos, los momentos distan mucho de decaer. Mientras “Bargain” rescata con propiedad el sonido rock de estadio que la banda ya manejaba a la perfección, la animada e inconfundible “Going Mobile” opta por innovar, sumando efectos a la guitarra de Townshend. “Love Ain’t For Keeping” abre puertas que la banda aún no exploraba del todo, trabajando un estilo que el conjunto terminaría por abrazar algunos años más tarde con “The Who By Numbers” (1975). Por su parte, “My Wife” (el único corte ajeno a “Lifehouse”) nos trae a un John Entwistle en protagónico, y agrega bronces a un disco ya generoso en capas sonoras. Y finalmente “Getting In Tune”, luego de iniciar con una pausada melodía de bajo y teclado, termina con fuerza incorporando a toda la banda para recordarnos el mensaje original del fallido “Lifehouse”, donde todo giraba en torno a los que estamos frente al escenario.

Más que un álbum de estudio, “Who’s Next” es un testimonio de supervivencia. Ya en la portada se puede ver a los integrantes dejando atrás su pasado y mirando en nuevas direcciones. Se trata de la banda renunciando a sus raíces, a la revolución de las flores y a los sonidos clásicos del formato banda de rock. Ya no sólo manejan las reglas a la perfección, sino que están listos para inventar otras nuevas. Como es lo habitual, no todos entendieron el álbum a la primera, sin embargo, con el tiempo el sonido de estas nueve canciones terminaría grabado a fuego de forma ineludible en el imaginario colectivo no sólo de aquellos que siguen el rock, sino incluso de quienes parecen indiferentes al pasar de la música. Finalmente, la historia se encargaría de darle la razón a Pete Townshend cuando en las primeras estrofas de “Baba O’Riley” declara con fuerza: “No necesito pelear para probar que estoy en lo cierto. No necesito ser perdonado”.


Artista: The WhoWho's Next

Disco: Who’s Next

Duración: 43:38

Año: 1971

Sello: Track Records / Decca Records


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Hayley Williams – “FLOWERS for VASES / descansos”

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FLOWERS for VASES / descansos

Todos guardamos o conservamos cosas que nos recuerdan a alguna situación o período particular de nuestras vidas. Puede ser algo escrito en un papel, una fotografía, una flor seca, un envoltorio de chocolate, o cualquier cosa que probablemente (y realmente) no tenga ni un tercio del valor sentimental que tuvo en su momento. Sin embargo, cualquier simbolismo propio de esos momentos cobra un sentido totalmente diferente en los “Descansos”, algo así como el equivalente norteamericano a las animitas, pequeños santuarios en las carreteras en donde un sinfín de elementos están posados a modo de memorial en una cruz que permite recordar a los que ya no están. Ahora, tras nueve meses de haber publicado su primer álbum como solista, Hayley Williams crea sus propios “descansos” de momentos pasados a través de 14 canciones que componen “FLOWERS for VASES / descansos”, su segundo larga duración y que ella misma ha descrito como una precuela o “desvío” a su “Petals For Armor” (2020)

Desde la primera canción, “First Thing To Go”, se puede comprender claramente que el sentido artístico de este disco pasa por una expiación y auto revisión más personal que las vivencias narradas en su antecesor, mostrando a Williams en una faceta diferente; igual de personal, pero mucho más cálida y menos catártica. En ese sentido, su evolución como compositora le permite ir adoptando una narrativa más compleja y oscura, donde su papel como contadora de historias se vuelve más serio que en el colorido caos de sus letras en “PFA”, o incluso en su trabajo como la voz de Paramore. “My Limb”, por ejemplo, demuestra también un especial cuidado en el sonido, donde se nota la yuxtaposición de los elementos que ella misma grabó por su cuenta, debido a que cada nota que suena es interpretada por su cuenta sin recurrir a invitados adicionales, transformándolo en una obra que ella misma ha descrito en entrevistas como “su primer álbum completamente en solitario”.

Lo que escuchamos es cómo Williams va uniendo sus influencias, desde Dolly Parton hasta Joni Mitchell, y a partir de “Asystole” notamos cómo se adentra en las veredas del country y el folk, estilos muy arraigados en la cultura de Nashville, ciudad donde Williams reside y se estableció como artista, y que no habían sido explorados del todo hasta este momento. Así, tenemos un disco que toma cada canción como una flor, con su propio color, aroma y forma, las que son colocadas en estos jarrones para la posteridad, representando el transformar esas palabras en una canción que perdurará por siempre. Así vamos notando que en “Over Those Hills” –una de las que más recuerda a Paramore en todo este LP con las estructuras de canciones más pop y menos ruidosas que el trío adoptó en su trabajo homónimo de 2013–, la artista va desarrollando la catarsis de una forma menos exagerada, permitiendo que pueda fundirse sin problemas con una pista como “Wait On”, canción reflexiva donde Williams mantiene la línea continua de este disco, pero sin dejar de lado esa progresión de elementos que va sumando en este proceso de aceptación y crecimiento personal en base al dolor.

Y es así como este trabajo está precisamente lleno de puntos destacables, como “KYRH”, donde el piano se hace más presente, con Williams centrándose en un paisaje instrumental en el que la frase “keep you right here” se repite casi como mantra en su desarrollo, o “HYD”, otra canción en perspectiva, que esta vez reflexiona en esos episodios que, más que destrozar nuestras vidas, permiten un proceso de crecimiento personal. Indudablemente, uno de los puntos más altos de este disco es “Find Me Here”, una canción que ya se pudo oír prematuramente en el EP “Self Serenades” y que increíblemente suena más folk que su versión original, sumando porciones de dobles voces y pequeños detalles que la hacen sonar más cálida e intima que su presentación inicial. Y es que, si bien los referentes están claros, el disco no sólo se remonta a las principales fuentes de inspiración de Williams, ya que también existen reminiscencias modernas a grandes artistas como Julien Baker, Taylor Swift, Phoebe Bridgers, Lucy Dacus, o incluso el trabajo de folk con tintes avant garde que muestra Aldous Harding en sus íntimos y desgarradores álbumes.

“Descansos” es donde más se puede evidenciar la naturaleza de memorial que tiene “FLOWERS for VASES / descansos”, en que esas flores para jarrones y aquellas “animitas” de tiempos pasados pueden convivir en un espacio que se pueda volver a visitar cuando se quiera, mientras que “Just A Lover”, el broche de oro, comienza en la misma tonalidad cálida de sus acompañantes, derivando en un estruendoso coro con algunos de los pocos elementos eléctricos del LP, donde la guitarra y la batería acompañan a una voz, llegando al cierre de esta revisión a aquellos cadáveres del pasado que por fin encuentran su lugar para la posteridad mediante la música, quedando plasmados en la historia de la forma más delicada posible.

El crecimiento personal y creativo de un artista es un proceso que dura prácticamente toda la vida y, a pesar de que Paramore se haya ganado un cuestionado prejuicio en base a sus primeros discos, la naturaleza inspiradora y creativa de Williams ha logrado madurar increíblemente en un proceso de pocos años, mostrando a una compositora e intérprete que comenzó a entregar canciones robustas desde el álbum “Paramore” (2013), “After Laughter” (2017) y su trabajo solista del año pasado, culminando una primera etapa de crecimiento como narradora y compositora en este disco, una obra completamente diferente a su predecesora, pero no por eso menos complementaria. Si “Petals For Armor” fue un trabajo que ya rozaba en lo oscuro con sus letras, su producción más ostentosa no le permitió sobresalir por completo, algo que en “FLOWERS for VASES / descansos” afortunadamente no ocurre, ya que, mediante la idea de que menos es más, la artista logró hacer convivir distintos elementos para plasmarlos en 14 memoriales diferentes, todos bajo el concepto del duelo y la necesidad de aceptar ese pasado como una parte de nuestras vidas que no interfiera en la idea de futuro.


Artista: Hayley Williams

Disco: FLOWERS for VASES / descansos

Duración: 42:30

Año: 2021

Sello: Atlantic


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