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Toxicity Toxicity

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El Álbum Esencial: “Toxicity” de System Of A Down

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Existen varios episodios y circunstancias que obligan a valorar a “Toxicity” de System Of A Down como uno de los mejores trabajos jamás realizados dentro del inmenso campo del rock. Ciertamente, las razones y las variables para considerar un álbum por sobre otros se inscriben en el infinito campo de la diversidad humana y la subjetividad, sin embargo, es un hecho contundente también que es impensable la creación artística y musical sin la necesaria atención a ennoblecidos y ejemplares referentes. Así las cosas, durante muchos años y en varias ocasiones y reuniones me enfrasqué en acaloradas discusiones por la elección de “Toxicity” entre mis álbumes predilectos y esenciales en el largo desarrollo del rock. Me desgasté intensamente buscando argumentos y solidificando mi convicción de esta (incomprendida) selección, pero con ello devino la tranquilidad, la claridad y la memoria. Creo que hoy la cuestionada elección e íntima conexión con “Toxicity” no merece seguir siendo explicada, pues ese intento va en directo perjuicio del calificativo de clásico o eterno del que dicho álbum ya forma parte.

Por los años en los que System Of A Down comenzó a dominar y ganar terreno en la escena musical a comienzos de los 2000, yo era un tranquilo escolar que gustaba de pasar sus tardes oyendo e investigando sobre música, en su mayoría prestada por compañeros con algo más de poder adquisitivo y acceso a sonidos nuevos. Intimidante, bestial o ruidoso, fueron algunos de los apelativos y de las ideas que compartimos con mis camaradas de escucha sobre “Toxicity”, comentarios que de alguna manera inexplicable también llegaron y alertaron a nuestros padres sobre nuestras incomprensibles inclinaciones musicales de juventud. Frente a este escenario, y ante la mirada inquisidora de los mayores, nuestro interés por esta clase de sonidos más agresivos, duros y provocadores ya estaba desatada y, ciertamente, ni la más efectiva caza de brujas podría haberlo acabado.

“Toxicity” fue publicado sólo una semana antes de que la historia de la compleja relación entre Occidente y Oriente se distanciara aún más, o definitivamente se quebrara tras los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. A ese antecedente hay que añadir la procedencia armenia de los miembros de System Of A Down, quienes, totalmente comprometidos con su identidad y sus lejanas raíces, se volcaron a cuestionar abiertamente la agresiva y expansiva política de las potencias occidentales sobre los países del Medio Oriente.

Un dato relevante en este relato es que Armenia es un país transcontinental, que se sitúa en una frontera imaginaria entre dos grandes ámbitos geográficos: Europa y Asia. Quizás esta misma e inusitada situación geográfica los llevó a vivir la terrible experiencia del Genocidio Armenio a inicios del siglo XX por parte del gobierno turco. Ciertamente, las vivencias de las familias de los miembros de System Of A Down han nutrido su imaginario, delineando y determinando sus posturas políticas expresadas en sus cortantes e irónicas letras. La historia, la política y la música se intersectaban y se interpelaban no azarosamente aquel año, y “Toxicity” fue sin lugar a dudas uno de sus principales hitos y motivos. En estricto rigor, no solamente esta destacada obra musical de SOAD da luces de sus amplios merecimientos como disco esencial, sino el álgido momento y todo el contexto que rodeó la concepción, la publicación y las repercusiones que el disco generó en el mundo entero. No por nada, al mismo tiempo en que el cemento del centro económico mundial se desplomaba luego de ser envestido por dos aviones, “Toxicity” fuel el disco más oído y comprado en Estados Unidos por esas semanas.

Hace un tiempo, mientras leía una reseña en una revista siendo un estudiante universitario, existió una frase que me conectó, sin saber por qué, con el disco: “El éxito de la sociedad en crear, mantener y expandir las condiciones para el florecimiento de la juventud, sólo se manifiesta a cabalidad cuando esa juventud se torna a criticar despiadadamente a la sociedad que la produjo”. El sentido intimidante de la afirmación se acentuó cuando volví a mirar y a escuchar el disco que todavía se encuentra en mi reducida pero emotiva colección discográfica. Por “Toxicity” desfilan incontables problemáticas culturales expresadas en letras directas, acompañadas de un sonido penetrante, rupturista y desafiante a cualquier intento de calma. Es un trabajo que puede ser descrito como desastrosamente ruidoso e intenso, pero no por ello carente de armonías y texturas sonoras. Son prácticamente 45 minutos distribuidos en 14 rabiosas composiciones que martillean y golpean profundamente a quien intenta acometerle (dejo fuera a “Arto” por ser un intento instrumental que se aleja de la sonoridad inscrita y representada en el disco).

Principalmente, siempre se ha hablado de “Chop Suey!”, de “Toxicity” y de “Aerials” (los tres sencillos que allanaron el camino a la banda aquel año) como lo más representativo e hipnótico de la placa, y ciertamente lo son, pues, donde sea que la banda se haya presentado los fans las corearon con vigor y energía. Sin embargo, quedarnos con ello sería reducir la totalidad del trabajo a un par de ideas y eclipsar su valor real. El primer cuarto de hora, antes de llegar a “Chop Suey!” lógicamente, son un millón de cortantes riffs y de guturales vocalizaciones que azotan los sentidos. “Prison Song”, “Needles”, “Deer Dance”, “Jet Pilot” y “X” se encargan de molernos a palos.

“Chop Suey!”, con toda su densa estética y polémica lírica, fue prohibida en Estados Unidos por hablar abiertamente del suicidio, y con el tiempo se transformó en el hit por excelencia de la banda norteamericana. Quedan de este registro frases tan imperecederas, y que en un contexto de búsqueda de identidad adquieren una connotación adicional, como “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Padre, ¿por qué me has abandonado? En tus ojos me has abandonado, en tus pensamientos me has abandonado, en tu corazón me has abandonado”.

“Bounce”, “Forest” y “ATWA” son tres potentes composiciones que bien conectan con la línea del disco. “Science” es una de mis canciones favoritas, pues pocas veces he escuchado una canción tan certera y evocadora que se encargue de criticar uno de los pilares culturales de la sociedad moderna: la ciencia. Verdadera y rotunda medicina a la incomprensión e inconformismo. “Shimmy” le prepara el camino a “Toxicity” casi en la media hora de duración. Quien la ha oído e interiorizado intencionadamente, sabe que es una aplanadora de sonido. “Psycho” y “Aerials” son dos canciones que regularmente aparecen en los shows de la banda, y que se encargan de cerrar rotundamente un disco lleno de agresividad adolescente, mezclada con intensidad profética de caos y desorden.

No bastando, ni siendo suficiente con el sonido, “Toxicity” incluso es sugerente y atractivo por la propuesta visual de su portada y por los videoclips que sirvieron de promoción al disco. En la cara que sirve de presentación al álbum encontramos el icónico letrero situado en la colina del Monte Lee, donde se puede leer la inscripción promocional de Hollywood en Los Angeles, California. La parodia y atrevimiento de la banda se deja entrever al ironizar con un reconocido ícono de la cultura norteamericana y transformarlo en símbolo de una ciudad tóxica y despreciable. Por su parte, los clips del disco, que recorrieron las pantallas de MTV en aquellos años, presentaban a cuatro jóvenes aguzados en la expresión corporal, trasmitiendo fielmente desencanto envuelto en enormes cantidades de energía. Al menos, para mí -y creo que para muchos- fueron los mensajes que recibimos de “Chop Suey!” y “Toxicity” principalmente.

“Toxicity”, para muchos, fue un refugio en un momento en que la identidad necesitaba perfilarse, canalizarse y orientarse hacia algún lado, cualquiera fuese este. Sus sonidos y sus letras delinearon y definieron parte importante de los intereses musicales de jóvenes que deambulaban intentando tomarse de algo y, así, encontrar algún sentido en el mar de sonidos que habitan la Tierra. Asimismo, el álbum marcó la consagración para la banda y, junto con ello, amplió notoriamente los horizontes que hasta ese entonces habíamos conocido de lo que la prensa categorizó como nü metal. Ese septiembre de 2001 marcó un antes y un después tanto en la política como en la música. Encontrarse con “Toxicity” es incluso hoy una experiencia sublime, pues reúne y mezcla un cargamento importante de pólvora, historia, ímpetu y juventud. Sin lugar a dudas, los años le seguirán dando la razón.


Artista: System Of A DownToxicity

Disco: Toxicity

Duración: 44:01

Año: 2001

Sello: American / Columbia


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3 Comentarios

3 Comments

  1. Gustavo Díaz

    27-Jul-2017 en 6:29 pm

    Excelente reseña. Sin duda, Toxicity tiene un lugar destacado en la historia del rock and roll.

  2. Sincero

    30-Jul-2017 en 8:21 am

    Album sobrevaluado. Una voz muy cansadora, canciones cursis y un guitarrista que repite motivos todo el tiempo. Se refleja el malisimo nivel musical que habia en general a comienzos del 2000.

    • Amadeus

      04-Sep-2017 en 10:28 pm

      A Mozart le gusta esto xDDD

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Florist – “Emily Alone”

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Emily Alone

Tras el lanzamiento de su segundo disco, “If Blue Could Be Happinnes” (2017), Emily Sprague, mente detrás de Florist, se mudó a Los Angeles. Rodeada del sorpresivo fallecimiento de su madre y de una ruptura amorosa, la compositora encontró en la soledad y en la reclusión un refugio. Separada de sus compañeros de banda y alejada de la ciudad en la que forjó sus primeros proyectos musicales, Sprague compuso y escribió canciones, lanzando música ambient bajo su nombre y trazando las que serian las pistas de su tercer disco como Florist. “Emily Alone” es el vulnerable resultado del trabajo realizado estos dos años, ofreciendo doce íntimos cortes que varían entre la introspección, la melancolía y la soledad.

Tal como su nombre nos adelanta, “Emily Alone” nos presenta un material realizado en su totalidad por Sprague, pero la soledad que el disco expresa no se limita tan solo a la creación individual del producto musical, sino que a los momentos más íntimos de las personas, donde la introspección en los momentos de soledad parece ser la única respuesta a los problemas que nos rodean. El primer track, “As Alone”, presenta una conversación reflexiva consigo misma, cuestionando su papel en este mundo y qué es lo que la hace ser ella misma. Con una desnuda instrumentación, acompañada apenas de simples pero efectivos acordes de guitarra, la voz de Sprague presenta desde el inicio la vulnerabilidad que se reflejará en el resto del disco. “Emily, que sepas que no estás tan sola como te sientes en la oscuridad”, se conforta así misma y a su audiencia, repitiendo el mensaje una y otra vez hasta que este sea claro.

Si bien el fuerte del disco está en la lírica y en las vocales, existen momentos más melódicos. “Moon Begins” presenta una especial química entre la delicada voz de Strague y los acordes que la acompañan, sumando un sutil pero vibrante teclado. La compositora además incluye las técnicas ambient de sus proyectos solistas, agregando sonidos de agua que fortalecen la fluidez del tema, al igual que la balada a piano “M”, utilizando el sonido de pisadas y el canto de pájaros en su instrumentación, como un paseo por el bosque. Estas técnicas le agregan dinamismo al material y llevan a imaginar con mayor claridad aquellos lugares y situaciones que Sprague vivió durante la creación del disco, acercando a su público a los momentos íntimos que relata.

Para la simplicidad musical que presenta un disco como este, existen momentos donde la tradición del género es cuestionada. Cortes como “Celebration” y “Still” son casi poemas hablados con música en segundo plano, que funcionan como interludios, pero también son piezas claves y algunos de los momentos de mayor reflexión. La estructura de las canciones no se rige a la manera tradicional de componer músical folk o indie, verso-coro-verso, sino que la música pareciera ir creándose a partir de las palabras que Sprague lanza, combinándose en acertadas composiciones que no se limitan a reglas preestablecidas.

Existen momentos de especial crudeza, como en “I Also Have Eyes”, uno de los cortes donde las vocales de Sprague parecen más lastimeras que en el resto. “¿Cómo llegué a este lugar? Mi vida es una combinación de cosas en las que casi no tengo control”, canta con una voz más entrecortada que en el resto de las canciones que buscan claridad. El tema es también uno de los pocos momentos donde un pitido electrónico aparece, perturbando la tranquilidad acústica del resto de las canciones. El disco deambula entre la tristeza que le provocan estas reflexiones y los momentos de optimismo. “¿Por qué me siento tan feliz cuando miro al océano y después devastada cuando miro al océano?”, canta en “Ocean Arms”, representando la continua batalla entre los pensamientos en soledad. “Time Is A Dark Feeling” presenta uno de los relatos más sombríos, acompañado de una minimalista guitarra y un soplido de viento en el ambiente que agrega nuevas sensaciones en el material. La canción cuestiona la construcción del tiempo en sí misma y el efecto que este produce en las relaciones con otros y consigo.

El álbum termina en una nota positiva, como también lo hacen sus reflexiones finales, representando sus pérdidas con la presencia de aves, vientos y lluvia. “Today I’ll Have You Around” es una melódica balada a guitarra acompañada del intermitente sonido de la lluvia, casi como si se presenciara en el momento mismo en que se compuso. “Hoy te tendré cerca”, se repite a sí misma una y otra vez, no sólo para confortarse, sino con la seguridad de que el paso del tiempo y el espacio solitario en el que creó sus composiciones no implican su soledad. “Emily Alone” es un simple, pero íntimo trabajo, enfocado a escucharse en solitario, en compañía solo del ambiente que lo rodea. Con melódicos acordes y una honesta voz, Emily Sprague se recuerda a sí misma y a su audiencia que no están tan solos como creen.


Artista: Florist

Disco: Emily Alone

Duración: 39:36

Año: 2019

Sello: Double Double Whammy


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