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El Álbum Esencial: “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” de David Bowie

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La historia de Ziggy y las arañas de Marte, de alguna manera funciona como la prueba definitiva del increíble poder que pueden llegar a tener las buenas ideas. En 1972 David Bowie no era ningún desconocido, tan sólo tres años antes había golpeado la escena musical de la mano de la inmortal “Space Oddity”, sin embargo, (a pesar de lo increíble que hoy nos puedan parecer los trabajos que publicó después del álbum del comandante Tom) lo cierto es que Bowie seguía corriendo el riesgo de pasar a la historia sólo como otro número más de éxito masivo, fugaz e intrascendente. Con este fantasma ocupando su cabeza, el duque blanco comenzó a madurar la idea de desarrollar un proyecto musical que le permitiera liderar el proceso creativo y, al mismo tiempo, renunciar por completo a las limitantes de su propia imagen (poniendo a un tercero como rostro de la empresa). En esta línea y con la ayuda del diseñador Freddie Burretti, el conjunto Arnold Corns escribiría el primer capítulo de esta increíble odisea.

Por desgracia, a pesar del entusiasmo de Burretti e incluso un par de excelentes composiciones (versiones primigenias de “Moonage Daydream” y “Hang On To Yourself”), el proyecto no alcanzaría a tener el impacto que su creador buscaba, lo que terminaría sepultando la empresa. No obstante, el fracaso de Arnold Corns sirvió para que Bowie comprendiera que, si iba a aventurarse con un proyecto de estas características, era él mismo quien debía pilotar la nave. Ya convencido de esto, comenzó a buscar fuentes de inspiración para crear un personaje único e irrepetible, que lograra liberarlo de sí mismo. Serían finalmente la androginia del glam rock, la imaginería del diseñador Kansai Yamamoto y la particular personalidad del músico Vince Taylor, los ingredientes que darían vida al personaje que hasta el día de hoy sigue siendo el mejor ejemplo de cómo un concepto puede cobrar vida propia y elevarse por sobre sus creadores: Ziggy Stardust.

Si ya la idea parecía buena, lo cierto es que el soundtrack resultó ser literalmente de otro planeta. “Five Years” es de esos cortes hechos para sacudir a quien se les ponga al frente. De hecho, bastaron únicamente un increíble par de botas y cinco minutos en el Old Grey Whistle Test de la BBC en febrero de 1972 para darse cuenta de que algo grande se venía. Percusión discreta y sencilla, cortesía de Mick Woodmansey, que paulatinamente va creciendo para terminar en un épico éxtasis de cuerdas, piano y voz, pero no cualquier voz, una pausada y tranquila que poco a poco se apodera del track para terminar sentida y urgente, introduciendo así al personaje y el concepto detrás de este: “El mundo está por desaparecer, sólo tenemos cinco años para corregir el rumbo y Ziggy ya no puede seguir siendo sólo un observador”.

“Soul Love” deja descansar al alienígena por unos minutos, tributando musicalmente a Marc Bolan (responsable de dar puntapié inicial a lo que hoy conocemos como glam rock). Se trata de un tema seductor y sencillo que, en base a una adictiva línea de bajo, acertados acompañamientos vocales y arreglos de saxofón, pone de manifiesto que este viaje no tiene paradas innecesarias y que cada minuto invertido en la escucha retribuye con creces a los que estamos al otro lado del parlante. Bowie sabía, en todo caso, que no bastaba con un buen par de canciones para lograr sacudir la escena, por lo que decidió darle una segunda vida al fallido “Moonage Daydream”. Está demás decir que lo que finalmente logró debe haber superado el pronóstico incluso de los más optimistas, ya que el tema llegaría a convertirse en uno de los mejores de su catálogo. Ahora, para ser justos, quien se roba la película acá no es el duque blanco, sino Mick Ronson en la guitarra. El track se alzaría finalmente como el más rockero del trabajo, y si bien el piano y los toques de saxo son imperdibles, es el solo de guitarra hacia el final, lo que lo hace excepcional. Es más, la potencia de Ronson con el tiempo probaría ser tal, que durante la gira con las arañas de marte Ziggy podía incluso abandonar la escena, casi sin que nadie lo notara, mientras Ronson mantenía hipnotizada a la audiencia.

Con sólo tres cortes, el ascenso y caída de Ziggy Stardust ya habría pasado a la historia como un muy buen álbum, sin embargo, es el mismo alien quien termina elevando el larga duración a la categoría de inmortal. “Starman” fue la última canción compuesta para el álbum, precisamente porque la compañía discográfica a cargo del lanzamiento encontró que el disco no tenía ningún single. En este escenario, Bowie compone la canción más pop del disco, una balada sencilla y contagiosa (con aires a la clásica “Over The Rainbow”), acompañada de una esperanzadora letra, donde el protagonista se dirigía a los niños y los sindicaba como aquellos destinados a tomar el control. El icónico “let all the children boogie” no sólo llevaría a Bowie al tope de las listas por primera vez en su carrera, sino que además terminaría empoderando a miles de jóvenes músicos. El resto del disco es puro disfrute.

“Hang On To Yourself” llevaría el glam al extremo, mientras que “Ziggy Stardust” nos regalaría un riff eterno y una frase inmortal de la mano de la inconfundible “Ziggy played guitar”. Al mismo tiempo “Suffragette City” se encargaba de vestir a las arañas de Marte de Velvet Underground para despachar un corte enérgico, lleno de reminiscencias sexuales. Sin embargo, si el inicio del álbum con “Five Years” había sido magistral, el final con “Rock ‘N’ Roll Suicide” es definitivamente sublime. Teatral y melodramática a un nivel nunca antes visto en el imaginario del londinense, inicia acústica y crece tanto en lo vocal como en lo musical para terminar orquestal y sentida. Se trata de Ziggy cerrando el ciclo, mesiánico, entregándose a cada uno de sus seguidores, declarando “No amor, no estás solo / No importa qué o quién hayas sido / No importa cuándo o dónde has sido visto / Todos los cuchillos parecen lacerar tu cerebro / Tuve mi parte / Te voy a ayudar con el dolor / ¡No estás solo!”. Es esta la salvación que Ziggy venía a darnos. Perfecta.

Cómo buena parte de los grandes hitos del mundo del rock, mucho de lo que sucedió con “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” pasó fuera de lo estrictamente musical. Ziggy llevó lo andrógino y lo teatral a un nivel sin precedentes; no se fijó límites a la hora de ser provocador y excesivo, logrando cautivar de manera transversal a toda una generación de jóvenes aún intoxicada en el olor de la revolución de las flores. Sin embargo, quizás lo más significativo de todo el viaje, fue la lucidez con que Bowie enfrentó el fenómeno que él mismo había creado. Nunca perdió el foco, lo que él quería era revolucionar la escena y, al mismo tiempo, ganarse un lugar en la historia, pero claramente no tenía la intención de ser absorbido por su alter ego.

Inquieto, como probaría ser a lo largo de su carrera, decidió renunciar al personaje justo al finalizar la gira de promoción del álbum, tan sólo a un año de su creación. Los resultados de esto podrían haber sido desastrosos, pero, por fortuna, el tiempo probaría que Bowie había llegado para quedarse. Con los años el londinense seguiría sacudiendo la escena, incluso hasta el día de su trágica muerte. Serían muchísimas las veces en que el hombre de la estrella negra volvería a desmarcarse de sí mismo como si nada, llegando a transformar esto no sólo en uno de sus sellos, sino que en parte de lo que sus seguidores esperaban de él. Ziggy y las arañas de Marte se alzaría finalmente como el magistral primer paso del recorrido con que David Jones comenzó a reescribir las reglas del mundo del rock a su soberano antojo.


Artista: David BowieZiggy Stardust

Álbum: The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars

Duración: 38:29

Año: 1972

Sello: RCA


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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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