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El Álbum Esencial: “Different Class” de Pulp

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Por favor, entiendan. No queremos no tener problemas. Sólo queremos el derecho de ser diferentes. Eso es todo.” Se habla mucho de la gente normal, pero ¿quién sabe a qué refiere ese concepto, la normalidad, lo promedio, lo usual? Parte de la gracia de lo “normal” es que no requiere más definiciones que su mera enunciación. Culturalmente es cómodo, aunque el “promedio” sea más un concepto matemático que una idea de cómo es una persona. Lo normal prácticamente no existe, porque al momento de poner los ojos sobre aquello, ya sobresale. Un problema hasta epistemológico que banalizaba con éxito, gracia y una gran historia detrás “Common People”, ese hit de 1995 que le dio a Pulp la notoriedad que merecía tras varios discos muy buenos, y que sería el trampolín para que llegaran mucho más alto, aunque a veces hubiera que bajar a los infiernos de la caída libre.

Pulp era una banda diferente, que no tuvo el éxito de inmediato ni tampoco en el mediano plazo. Viniendo desde Sheffield -tierra de mineros, frases secas y una escena musical sin tanta riqueza-, el verdadero triunfo de Pulp era la supervivencia, no sólo de ellos como individuos, sino como banda. La creatividad no se agotaba, las fuerzas no flaqueaban; el único flaco era, de hecho, el siempre larguirucho Jarvis Cocker, vocalista de la agrupación que no responde a ningún cliché de la historia de la música, y que desde aquello tenía posibilidades de trascendencia, desde la diferencia.

Venimos de épocas donde ser distinto no era bueno porque indicaba que eras un riesgo. No es que eso haya cambiado, porque el ánimo homogeneizante sigue ahí, más vivo que nunca, aunque al menos ahora se agrega que si eres distinto te ven como individuo y existe cierto respeto. Pero el derecho a ser así había que ganárselo, y a Pulp eso le costó más de una década de trabajo, de encontrar un sonido propio y de consolidar lo que estaban haciendo.

Las letras de Pulp iban siempre más allá del sujeto, porque tenían la intención de ser el mundo por sí mismas y Jarvis daba la vida en interpretar cada una de esas canciones, ya que era la única manera de trascender. “His ‘N’ Hers” permitió que Pulp llegara a más oídos en 1994, más de una década después de “It”, el disco debut salido en 1983, y esto ya debiera ser indicador de la persistencia de Pulp, que con “Babies” -la canción que dice “quiero darte guaguas” en el coro- irrumpió con la fuerza que después replicaría la imbatible “Common People”.

Jarvis conoció a una estudiante de intercambio de arte cuando iba en la universidad y, claro, su experiencia con ella daba para una canción, pero lo que nadie imaginaba es que sería uno de los himnos más potentes en la historia de la música inglesa y el que definiría de cuerpo entero a esa mezcolanza a veces muy heterogénea que se denominó “brit-pop“. “Common People” era un himno porque, más allá de su coro dirigido a alguien abajista que quiere encajar al aparentar ser menos adinerado de lo que es, la descripción de los escenarios que presenta tiene mucho de lo británico; escenas y paisajes que conforman una pequeña película que instalaba a Pulp sin necesidad de presentarlos, porque ellos mismos se encargaban de presentarle parte de la cultura inglesa a quien escuchara la canción, y con eso era suficiente.

Pero “Common People” no sólo fue un single exitoso, sino que le dio el empuje a Pulp para convertirse en headliners de Glastonbury en 1995 tras la bajada de The Stone Roses. Lo más gracioso es que ni siquiera fue con la avalancha que representó en su popularidad “Different Class”, el disco definitivo del brit-pop, y que hizo que musicalmente este concepto fuera indefinible. Pulp tenía elegancia, crudeza, letras de amor, desamor y cosas cotidianas; tenía sexo, tenía castidad y también tenía cosas muy explícitas, y el mejor resumen de tantos elementos se daba a lo largo de los doce tracks del disco, que también tienen diversión, misterio y una cierta oscuridad tras melodías innegablemente pop.

¿Quién diablos es normal? ¿Quién diablos lo es? Pulp entendía esto a la perfección y, desde la aparente rareza que tenían sus integrantes -algunos medio pernos, otros medio introvertidos-, eran capaces de decir que nada lo era y que estaba bien que fuera así. “Mis-Shapes” parte el disco con un coro que tiene incluso algo revolucionario al decir que “estamos haciendo un movimiento / lo estamos haciendo ahora / venimos de la periferia“, para luego rematar con “no usaremos armas / no usaremos bombas / usaremos la única cosa de la que tenemos más / esa es nuestra mente“. Pulp no necesitaba un look de protesta para invocar a esta, y ahí, de entrada, quedaba manifiesta la forma de pensar de un conjunto sin miedo a enfrentarse al resto y, mejor aún, sin temor de decirle eso a sus seguidores.

Otro episodio de la popularidad de Pulp lo escribiría “Disco 2000”, otra canción con una historia de amor, esta vez respecto al inexorable paso del tiempo y el futuro. En el resto del disco el amor es visto como una construcción individual por la imposibilidad de alcanzarlo, pero en “Disco 2000” el paralelismo lo hace ver como algo más posible, pese a la distancia y a lo impar de los caminos. En Pulp vive el derecho a la disidencia, a no estar de acuerdo con lo que los demás (o incluso uno mismo) pueda decir. Las cosas no están zanjadas o escritas de antemano y, como diría el Doc Brown en “Back To The Future”, el futuro no está escrito, sino que es el que te forjas.

“Different Class” es importante porque, tras su lanzamiento el 30 de octubre de 1995, le devolvió a la música británica elementos perdidos, como la sensualidad o la capacidad de autoflagelación que pocas veces tiene entre tantas seguridades. Pulp ofreció un panorama que, al final del día, resulta tan sombrío como ese instante de oscuridad después del atardecer, ese que llega con la pesadilla después de un gran día o, al revés, con el pésimo día tras un sueño de aquellos. En Pulp, y en especial en su disco definitorio, conviven camas vacías, sábanas sudadas, luces estrambóticas, beats subterráneos, dulzura sinestésica y un montón de otras sensaciones.

Incluso en un contexto donde Inglaterra pasó por su propia transición tras Margaret Thatcher, con períodos de huelgas extensas y polarismos múltiples, este disco se hizo necesario, quizás aún más de lo que esperaban los propios ingleses. En medio de carreras de galgos y gente arrogante de Manchester, lo de Pulp fue una revolución de esas silenciosas, pero cuyas huellas se extienden hasta el día de hoy, porque en medio de ese clima -que aquí también nos es familiar- surgieron con un mensaje claro que remite tangencialmente a la lucha de clases: nadie puede pretender evitar la confrontación, pero lo que tampoco nadie puede pretender es que todos seamos iguales de forma exacta, porque la diferencia es lo que nos identifica y simplemente lo que necesitamos son derechos iguales, para todos. Por favor entiendan, no somos “gente normal”, sino que sólo una clase diferente.


Artista: Pulp

Disco: Different Class

Duración: 52:50

Año: 1995

Sello: Island


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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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